En diálogo...
entre personas de las más
diversas convicciones



   La finalidad de este diálogo entre personas de convicciones diversas, tanto creyentes como sin referencia a una fe religiosa, es encontrarnos para colaborar y construir la unidad de la familia humana.

   Ya alrededor de la primera comunidad del Movimiento, en Trento, había personas de toda procedencia social y cultural, entre las cuales también se encontraban personas sin una fe religiosa, atraídas por la comunión de bienes realizada en el movimiento naciente y por el compromiso de ayudar a las personas en necesidad.

   Pero será sobre todo después de los años '80, con la difusión del Movimiento, cuando la apertura hacia personas de otras convicciones madura al punto de expresarse en un diálogo con fisionomía propia. Se trata inicialmente de parientes de miembros del Movimiento, colegas de trabajo, vecinos de casa, compañeros de estudio, etc., también ellos atraídos por el mensaje de unidad, quieren construirla en sus ambientes.

   En 1992 tiene lugar el primer Congreso internacional para el "diálogo entre personas de convicciones diferentes", en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo (Roma). Muchos son los testimonios de diálogo vivido entre los numerosos participantes. En los años sucesivos se profundiza este diálogo con encuentros en distintos países, en especial en Viena, con personas de Europa Oriental y, en Italia, en la ciudadela de Loppiano (Florencia).

   El 2º Congreso en Castelgandolfo, en 1994, es un momento de particular enriquecimiento para la experiencia de unidad. Están representados prácticamente todos los países europeos y algunos de otros continentes. En 1997, en el 3º Congreso en Castelgandolfo, se profundiza el significado del amor como fundamento de este diálogo, vivido en el respeto recíproco, en el que cada uno tiene algo que dar y que recibir. Chiara Lubich, en el mensaje que dirige a los "amigos de convicciones diferentes" entre otras cosas alienta al desarrollo posterior de este diálogo y al compromiso de llevar a la práctica el espíritu que defiende y promueve los valores humanos fundamentales. "...De hecho, ¿quién puede concebir una convivencia humana sin valores como la solidaridad, la paz, la unidad, o sin los derechos humanos, la justicia, la libertad y a vida? Valores siempre actuales y, por lo tanto, que hay que volver a proponer a los hombres de nuestro tiempo, revitalizados por una nueva motivación. Es esto lo que queremos hacer, todos juntos".

   Por la experiencia vivida en estos años, se perfilan algunos puntos que caracterizan este diálogo:

Para construir la unidad, se trata de poner en evidencia lo positivo y de descubrir los valores comunes a todos.

Cada uno conserva su identidad; juntos apuntan a aquellos valores comunes que pueden ser vividos por todos, como la solidaridad.

En el diálogo cada uno trata de dar al otro lo mejor de sí, en la fidelidad explícita a las propias convicciones, y acoge al otro sabiendo que cada uno tiene riquezas que dar, adquiridas a través de su propia cultura.

En este compromiso no hay espacio para el proselitismo: se comunica una idea para crear una relación con el otro, no para conquistarlo.

De hecho, el diálogo está fundado en el respeto profundo del otro y en la actuación según la propia conciencia que cada uno se esfuerza en seguir con coherencia.

Esta unidad se construye sobre todo concretamente, tratando de trabajar juntos, en experiencias y acciones que sean expresión de una profunda solidaridad, como la Economía de Comunión y Humanidad Nueva.

Este diálogo no se cierra en el grupo, sino que compromete a cada uno, cualquiera sea su cultura, a trabajar para transformar el propio ambiente. Se apunta a construir juntos un mundo unido, construyendo entre creyentes y no creyentes una unidad tal que sea un testimonio para los demás.


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