Gruppo del Movimento parrocchiale con Don Raggio

Hacer de la parroquia una «casa y escuela de comunión». Es la indicación dada en 2001 por Juan Pablo II en la Novo Millennio Ineunte  que podría sintetizar el sentido de la actividad del Movimiento Parroquial.

Estamos en los años sesenta. Muchos sacerdotes, párrocos, conociendo el Movimiento de los Focolares, constatan que la espiritualidad comunitaria que lo caracteriza produce un impacto en sus vidas y comienza a dar también un aire nuevo a las actividades pastorales y a sus comunidades parroquiales.

Muchos de ellos participan en la audiencia del 13 de julio de 1966 en la que el Papa Pablo VI les anima a llevar el espíritu de la unidad en sus diócesis y sus parroquias.

En respuesta a este deseo Chiara Lubich inicia el Movimiento Parroquial, invitando a las personas de los Focolares que trabajan al servicio de la parroquia, a que animen esta “célula de la Iglesia” con el espíritu de la unidad y comienzan los primeros encuentros de comunidades parroquiales.

Así nació el Movimiento Parroquial con un programa que se manifestará en profunda sintonía con lo indicado por el Papa Juan Pablo II en su carta apostólica antes mencionada y con lo que auspició Benedicto XVI: «La exigencia primera y más importante es que la parroquia constituya una “comunidad eclesial” y una “familia eclesial”».

De hecho, cuando la espiritualidad evangélica de la unidad se vive en una parroquia, por parte de sacerdotes y laicos, plenamente corresponsables, se experimenta de un modo tangible en la comunidad el sentido de la familia. Los efectos del Espíritu que derivan de ella son los típicos de quien vive una dimensión comunitaria: madura la exigencia de una mayor comunión y libremente se pone en circulación dinero, tiempo, talentos así como las necesidades; la comunidad se abre a la pobreza y a las urgencias sociales del territorio; la evangelización se basa sobre todo en el testimonio del amor recíproco y del Evangelio vivido y la atmósfera de alegría y de unidad que se respira en la comunidad acrecienta la frecuencia a los sacramentos y en especial a la Eucaristía.

La parroquia se convierte así en la casa de todos.

Se cuida la armonía y la belleza del templo y de los locales parroquiales para que sean dignos de acoger a Jesús presente en cada persona y en la comunidad unida.

Se valora el aporte de las Asociaciones y Movimientos, según el carisma de cada uno al servicio del bien de todos.

La catequesis y la predicación se orientan a encarnar en la vida diaria la Palabra de Jesús.

Y nace la apertura al diálogo que sabe escuchary comunicar con desapego, que tiende a suscitar relaciones de amistad y se orienta a la fraternidad universal.

Actualmente existen alrededor de 14.300 miembros del Movimiento de los Focolares que trabajan en el servicio de las parroquias como catequistas, ministros de la Eucaristía, en los consejos o en las comisiones, en Cáritas, en la animación de oratorios, de cursos prematrimoniales o para familias, o colaborando en las diversas iniciativas y actividades pastorales. Las parroquias animadas por sacerdotes y laicos del Movimiento son más de 4.000 en 450 diócesis.

Se encuentran sobre todo en Italia, en numerosos países de Europa y de América Latina, pero también en América del Norte, en varios países de Asia, de África y Australia.

Contacto

Secretaría Central del Movimiento Parroquial y del Movimiento Diocesano

Vía S. Giovanni Bosco 14/ int. 4

00046 – Grottaferrata (Roma) IT

Tel e fax: 39-06-9410610

E-mail: info.movparrdioc@focolare.org

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(8 de febrero de 1946 – 27 de marzo 2014)

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