Jorge Haddad

 
“Los he siempre amado con corazón puro” (21 de febrero de 1938 - 21 de enero de 1979)

20130121-01Comerciante de la ciudad argentina Mendoza, para Jorge siempre fue importante su realización. Ya enfermo, le cuenta a un amigo de haberla buscado «primero en la familia; luego en el trabajo; en las actividades católicas». Más tarde, he aquí la respuesta: «Me encuentro en esta cama y nadie entiende porqué yo estoy tan feliz, ni porque Bebi está tan feliz, porqué están así los hijos: es porque hemos comprendido que la realización consiste en ser Jesús abandonado, en ser como El! »
Desde joven estuvo siempre en la búsqueda de grandes ideales. Cuando en 1955, los militares derriban el régimen peronista, con apenas dieciocho años desaparece por algunas semanas, reapareciendo armado con un fusil. Será, luego, el duro trabajo en la actividad comercial de su padre lo que lo ayudará a madurar.
Se casa con Bebi en 1960. Las ingratitudes y las desilusiones de la rutina cotidiana terminan por corroer lentamente su entusiasmo. La grave enfermedad de su hijo Andresito, lo pone de rodillas. Después de meses de sufrimientos lacerantes, Jorge realiza un gesto importante: vestido con su mejor traje, dice: «Estoy pronto a entregar mi hijo al Señor»
Pocos días después, contrariando el consejo de los médicos, entra en el cuarto del hijo que agonizaba y se queda a su lado. Después de poco tiempo, Andresito comienza a dar señales de vida, y milagrosamente, en poco tiempo se cura! Es una etapa fundamental en la vida de  Jorge.
En 1972 se reúne en la casa de los Haddad un grupo de amigos para organizar una cooperativa. La presencia de un focolarino de Córdoba es tan conquistadora, que nace en todos el deseo de participar por algunos días en un encuentro con los Focolares en la ciudad de Córdoba que queda a más de 600 km de Mendoza. No obstante sus cinco hijos, el trabajo y las múltiples ocupaciones, Jorge se pone en viaje con toda la familia. Así comienza su espléndida aventura en el Movimiento de los Focolares.
Los Haddad se encuentran pronto rodeados, en su ciudad, por un nutrido grupo de familias conquistadas por su entusiasmo: también los hijos están comprometidos. Así dice Cinthya: «Chiara Lubich dice que cada uno debe escribir su página en el libro de la vida. Me comprometo a escribir una, así cuando Jesús la lea podremos decirLe que cada uno dio todo de sí mismo para formar parte de su familia»
Son años luminosos. En enero de 1978 Jorge advierte los primeros síntomas de la enfermedad por la cual, apenas un año después, Dios lo llama con El. «Con Bebi esperábamos la confirmación de la biopsia – escribe- pero lo más lindo es que nos propusimos amarnos hasta merecernos la presencia de Dios entre nosotros siempre. Es la única herencia que me propuse dejarle a mis hijos» Y sigue: «Es verdad, a veces titubeo, pero siento que debo vivir así el tiempo que me queda, sea poco o mucho». Mantiene con Chiara una correspondencia cada vez más intensa. Ella lo llamará “Eletto” (Elegido).
La enfermedad sigue su camino rápidamente, pero, después de tantos años transcurridos en el constante compromiso de amar a Dios y a los hermanos, a pesar de los fuertes sufrimientos, Jorge ya sabe como prepararse para la ‘partida’. Le escribe a Chiara: «Soy consciente de que mi ‘valija’ no está ni siquiera… desordenada. Está vacía. Por esto me veo obligado a vivir solo el momento presente…. me he enamorado de Dios»
A los más cercanos  les dice: «Estoy tranquilo porque siempre los amé con corazón puro (…). ¿Puede acaso morir el amor que se construyó entre nosotros? »
En la noche del 21 de enero de 1979 de su mano abierta, tintineando, se desliza al suelo su alianza. Bebi y los hijos que están a su alrededor no tienen dudas: Jorge se fue a esperarlos en el Paraíso.

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