Carlos Alberto Martínez

 
Lo concreto del Magnificat (22 de marzo de 1946 - 5 de noviembre de 2016)

14955999_10210872707838589_9048346512230983537_nHijo de Rina y Cacho, Carlos nació en Córdoba el 22 de marzo de 1946, el primero de 3 hermanos. Lo seguirán Daniel y Alejandro.

En su infancia y adolescencia alterna el estudio, con muy buenas notas, y el deporte, juega al tenis con suceso representando a Córdoba en los nacionales. Después vendrá el servicio militar, el comienzo de la carrera de Ingeniería, el noviazgo. Podríamos definirlo tímido, serio, responsable y muy concreto.

En junio del 1969 Daniel conoce el Ideal de la Unidad y volviendo a casa le cuenta y entusiasma a Carlos.

A los pocos días los dos participan en el encuentro de Palabra de vida del mes de julio. Carlos también queda conquistado por la radicalidad y la luz del Evangelio vivido que allí encuentra.

Los dos hermanos comienzan una aventura vertiginosa: en agosto participan en un encuentro para gen universitarios en José C. Paz (Buenos Aires). En septiembre otro encuentro para “Dirigentes” gen en O’Higgins, donde estaba comenzando la Mariápolis.

En enero del 1970 participan en una escuela gen en O’Higgins durante 10 días. Carlos regresa a Córdoba y luego de rendir algunos exámenes, decide ir a construir la Mariápolis. Llega los primeros días de marzo del 1970. Como era estudiante de Ingeniería lo consideraron el más experto para albañil, y ese fue su trabajo todo el año. De ese período Vittorio Sabbione escribe: “es muy capaz humanamente, y se distingue sobre todo por una constante plenitud en la caridad”

A los pocos meses le comunica a Chiara Lubich el fuerte llamado de Dios hacia el focolar que siente interiormente.

En marzo de 1971, viaja a Loppiano –Italia- para hacer la escuela de focolarinos.

Chiara, de visita en Loppiano, comenta una experiencia que Carlos le había escrito y que le había gustado mucho: “…Él en O’Higgins hizo siempre el mismo trabajo (albañil) y llegando a Loppiano quería hacer otra cosa. Pero le tocó lo mismo. Y Carlos, recordando a Andrea Ferrari, me escribió: ‘no cambiaría mi lugar por ningún otro en el mundo’. Entonces –le dice Chiara- con tu vida repetirás: “No se haga mi voluntad, sino la tuya (Lc. 22,42) que desde ese momento será su Palabra de Vida.

Los 2 años de escuela en Loppiano son para Carlos una fortísima experiencia de Paraíso, por la luz y la realidad de Dios que experimenta.

En el viaje de fin de curso, visitando la Abadía de Einsiedeln, Carlos hace una profunda experiencia con María. Le escribe a Chiara: “Por primera vez sentí que para darle la mayor gloria (a María) tengo que ser otra Ella. Y puedo porque me siento cubierto, envuelto por su gracia. Comprendí por qué ‘nuestro ser’ es cantar junto con Ella, contigo, el Magníficat”.

En esa carta le pide una letanía de la Virgen y un nombre que lo ayude a vivir esa realidad. Chiara le dará la letanía “Torre de marfil” y como nombre nuevo: “Turris” (Torre en latín).

Es un período donde Carlos encuentra una relación cada vez más profunda con Jesús. A veces le escribe a Chiara contándole, a veces, le escribe a “Mi querido Jesús”. Mientras viaja en barco de regreso a Argentina para su nuevo destino, el focolar de Córdoba, para poder terminar sus estudios de ingeniería, escribe:
“Mi querido amigo Jesús: … Ninguna palabra humana puede expresar lo que siente mi corazón; se ha dilatado, ensanchado de amor por Vos, ensanchado hasta el infinito. Ninguna persona puede darme ese Amor del cual vos hoy me has puesto una semilla nueva, fresca, pura, virgen, fecunda… Querido Jesús, tengo un nudo en la garganta, lloraría de felicidad. Hace unos minutos di un paseo por el barco. Me pareció todo vacío. Estabas solamente vos, que me raptabas hacia mi interior. Nada me llama la atención, sólo vos… Salúdame a tu mamá María. Gracias”

Un fuerte dolor sacude la vida de Carlos y la de toda su familia: imprevistamente, con tan sólo 26 años, fallece su hermano Alejandro.

Carlos le escribe a Chiara: “Es muy difícil expresar con palabras lo que he experimentado en estos tres días; la gracia que a través de Alejandro llegó a casa, a mi padre, a mi madre, a mi hermano y su esposa (todos miembros de la Obra) y a mí; y luego a todos sus amigos. Fue una experiencia concreta del amor de Dios, de su gracia. No sé cómo decirte lo que construyó Jesús Abandonado en nuestros corazones en cada minuto; nunca había experimentado el dolor tan de cerca, pero su Amor era tan pleno que era una continua contemplación. Hubo una tal plenitud de Jesús en medio que se palpaba y fue Alejandro que lo testimonió a muchos”.

Su vida de donación a Dios en el focolar continuará en Córdoba hasta 1985. Luego en Buenos Aires hasta 1994. A partir de allí será nuevamente constructor de la Mariápolis, con un momento muy especial: la visita de Chiara en 1998. En todos esos años, junto a un grupo de focolarinos y focolarinas Carlos es un estrecho colaborador de Lia Brunet y Vittorio Sabbione en la consolidación de la Obra de María en Argentina.

Hay momentos donde experimenta sus propios límites. Ante una corrección fraterna hecha por uno de los responsables a nivel mundial, le escribe: “Gracias por lo que nos dijiste anoche. Trato de tomar todo para mí, sin pensar (como estoy llevado a hacer) que esas cosas le podían servir a otros… Trato de crecer en el ser más espiritual y menos manager…”

Luego de un período de prueba que duró unos meses, le escribe a Chiara: “Me di cuenta de un modo nuevo como este período me hizo encontrar una relación nueva con cada persona. Me di cuenta que antes era yo que amaba, que “hacía” todo… ahora esta prueba me hizo ver cuánto me aman también los demás: la reciprocidad! Comprendí aquella frase que dice “de noche se ven mejor las estrellas”.

Al decaer las fuerzas físicas de Vittorio, Chiara le pide “acompañarlo”. Con delicadeza, Carlos es su secretario, su memoria, su bastón, su confidente…

En el año 2006, Carlos emprende una nueva aventura: ser consejero en el Centro de los focolarinos, donde estará 8 años.

Carlos gozó siempre de una excelente salud. A veces bromeaba diciendo que no tomaba ni aspirinas. Además practicó tenis regularmente hasta los 64 años. Pero también en este aspecto de la vida comienza a ser “trabajado” por el amor misterioso de Dios. En 2010 le encuentran una rara enfermedad a la sangre que lo tendrá postrado y luego con escaso movimiento durante meses. A partir de allí sus fuerzas físicas sufrirán una notable disminución.

En enero 2013, mientras está viajando hacia Argentina, sufre un ACV en el avión. Siguen internaciones, estudios, tratamientos, fisioterapias… Le quedan algunas secuelas físicas que serán sus compañeras de viaje hasta la partida: dificultad en su pierna derecha, escasas energías y un dolor en el pie que a veces es casi insoportable.

A fines del 2014 llega a la Mariápolis Lia por 3ª vez. Ahora con pocas fuerzas físicas y “sin acción” pero creciendo aceleradamente su vida espiritual, su entrega total a Dios en esta nueva voluntad suya.

Trabaja haciendo traducciones, hace regularmente los ejercicios físicos indicados, las caminatas… Y 2 veces por semana va a Junín para hacer fisioterapia con Alejandro, que además de ser el profesional que lo atiende, se convierte en amigo… alguien que encuentra en Carlos uno en quien confiar sus experiencias, sus dudas… podríamos decir un “hermano mayor”. Hoy, para el funeral, Alejandro le envió un mensaje: “Querido amigo, gracias por el don que fue tu vida para mí, desde tus consejos, experiencias, amor concreto, hasta el café y el alfajor que compartíamos y tanto te gustaba. Hoy parece que Dios no quiere que yo esté compartiendo este momento con vos. Nos juntamos en un abrazo fuerte que dure toda la eternidad donde nos volveremos a encontrar. Con todo mi afecto, Alejandro”.

Justamente durante una sesión de fisioterapia, el martes 25 de octubre, una gran explosión hiere gravemente a Carlos, Alejandro y también a Thomas, otro focolarino de la Mariápolis.

Desde ese momento Carlos recorre su último tramo de Santo viaje con graves quemaduras e insuficiencias en diferentes órganos que lo llevarán a la Casa del Padre el sábado 5 de noviembre.

 

Normas(500)