Ottmaring – Ciudadela ecuménica

 
Ottmaring, donde el diálogo es vital
Hoy son 140 los que habitan Ottmaring. Una experiencia que ya lleva 40 años de diálogo entre luteranos y católicos de distintas nacionalidades, en la ciudadela del Movimiento de los focolares y las iniciativas por la Semana de la unidad.

Refiriéndose al diálogo ecuménicoChiara Lubichacostumbraba hablar de diálogo de la vida, de pueblo. Es decir, de algo que naciera no solo de la reflexión teológica sino del estar codo a codo, del verse todos los días, y que el banco de prueba fuera la misma vida que pone en práctica las enseñanzas del Evangelio, común a todos los cristianos, sobre el amor al prójimo, un amor que no conoce límites eclesiásticos, ni de ningún tipo. Se refería así al consenso popular que nace en un contexto de este tipo.  Chiara Lubich dijo: “Sabemos que en la historia otros emprendimientos ecuménicos fracasaron, porque faltaba este consenso, esencial en la unidad”

Cuando el Movimiento de los Focolares comenzó a extenderse in Alemania, los contactos con los miembros de otras iglesias fueron inmediatos. Y más tarde cuando además pareció factible construir allí una ciudadela tomando como modelo la ciudadela de Loppiano, nacida en Italia, pero que fuera  habitada por luteranos y católicos, la idea pareció que respondía a ese sueño de una convivencia caracterizada justamente por el amor cristiano.

En 1968 esta idea se cristalizó  en Ottmaring, cerca deAugsburg. La ciudadela se compone de unas treinta construcciones y un centro de espiritualidad al servicio de muchos visitantes que vienen a comprobar en el propio lugar esta original convivencia ecuménica.

Lo que caracteriza la vida en el Centro ecuménico es la unidad en Cristo y la diversidad  eclesial, en un espíritu de reconciliación. En Ottmaring viven casi 140 habitantes, que pertenecen al Movimiento de los Focolares y a la Fraternidad de vida comunitaria (Bruderschaft von gemeinsamen Leben) que tiene sus orígenes en el mundo evangélico. En ambos grupos hay jóvenes, adultos, familias y comunidades. Todos provienen de experiencias de fe y de tradiciones eclesiales profundamente distintas. Están también representadas numerosas naciones, una diversidad que enriquece.

Ottmaring – Ciudadela ecuménica