Vincenzo (Eletto) Folonari

 
“He elegido a Dios y ningunísima otra cosa” (18 de octubre de 1930 – 12 de julio de 1964)
Vincenzo (Eletto) Folonari

Vincenzo, el cuarto de los ocho hijos de Luigi y Esperanza Folonari, era un niño muy inquieto. El día de su Primera Comunión determinó un vuelco decisivo en su relación con Jesús. Una noche, en la mesa Vincenzo preguntó a sus hermanos: “¿A qué edad les gustaría morir?”. “A mí joven…”, “A mí con 100 años…” Y él: “A mí con 33 años, como Jesús”.

Algunos años después, en el verano de 1951, Vincenzo y dos de sus hermanas, al terminar las clases, fueron de vacaciones a la montaña. Chiara Lubich se encontraba en ese período en Tonadico, en la montañas Dolomitas. Se había vuelto habitual, para los adherentes del naciente Movimiento de los Focolares, esa cita en las montañas trentinas, que tomó el nombre de Mariápolis. Giuglia Folonari, quien había conocido el Movimiento en Brescia, su ciudad natal, obtuvo el permiso de sus padres para pasar las vacaciones allí cerca, en S. Martín de Castrozza. Vincenzo y Camilla no faltaron a las frecuentes citas en Tonadico. La primera noche, de regreso en el autobús. Vincenzo no tenía palabras, estaba feliz: “¡Bellísimo, bellísimo!” – decía. Era como si hubiese encontrado algo que lo saciaba profundamente, un ideal por el cual vivir.

Algunos meses después, Vincenzo se mudó a Roma, para inscribirse en la Universidad; enseguida se puso en contacto con el focolar. Durante la vigilia de Pentecostés fue a pie al santuario de la Virgen del Divino Amor para pedirle un signo externo que le hiciera entender su vocación. Al día siguiente, cuando Chiara lo encontró, le recordó una frase de Jesús: “¡No han sido ustedes quienes Me han elegido, sino Yo quien los he elegido a ustedes!”. Desde entonces todo lo llamaron “Eletto” (Elegido).

En una carta a Chiara, Eletto escribió: “He elegido a Dios para siempre, ¡sólo a Él! ¡Ningunísima otra cosa!”. Le comunicó que quería dar al Movimiento de los Focolares todos los bienes que había recibido en herencia -entre los cuales las 80 hectáreas en donde hoy surge la ciudadela de Loppiano (Florencia)-, agregando: No tengo ningún mérito para tenerlas porque las he recibido gratis”.

Una de las características de Eletto era su relación con los niños y los adolescentes del Movimiento, que Chiara le había confiado. En las Mariápolis de Fiera de Primiero estaba siempre rodeado por ellos. Con ellos iba de paseo, organizaba comedias…

Hablando con su hermana Camilla, quien a su vez tenía confiadas las muchachas, acostumbraba decirle: “Pero te imaginas si este Ideal de la Unidad tomara todos los muchachos, todos los jóvenes… ¡lo que surgiría!”.

Ese 12 de julio de 1964 era domingo, estaba con él uno de estos muchachos, Gabriele, y Eletto lo invitó a dar un paseo. Fueron al lago de Bracciano. Hacía mucho calor y decidieron dar una vuelta en barca. A más o menos 200 metros de la orilla Eletto –deportista y nadador- entró en el agua sosteniéndose con ambas manos. “Está muy fría” –le dijo a Gabriele – y se puso muy pálido. El lago estaba movido y una ola le separó las manos del borde de la barca, que se alejó repentinamente varios metros. “A duras penas lograba divisar su rostro en medio de las olas, lo llamaba, pedía ayuda, le grité que no lograba alcanzarlo” – cuenta Gabriele. Y prosigue: “Me gritó: ‘Ve a la orilla… ve a la orilla’, y luego se dio vuelta, lo vi todavía por un segundo: su rostro estaba iluminado por una sonrisa radiante”. Después desapareció, tragado por el lago.

Chiara, el 19 de julio, escribía: “Eletto era tan bueno, tan humilde que pertenecía más a Dios que a nosotros y Él, quizás por esto, lo ha llamado. Ahora está con Jesús a quien ha amado, con María y con los nuestros que están en el Paraíso y, después de que se sentía el último, se ha convertido en el primero”.

Su muerte tan repentina dejó desconcertados no sólo a los adultos, sino también a los niños y muchachos que él seguía. “También ellos han tenido su prueba –escribió Chiara- tremenda e irremediable. Esperemos que sobre este dolor nazca algo para ellos en el seno del Movimiento, para la gloria de Dios, para embellecer la Iglesia. Por otra parte, Eletto no habría deseado nada mejor”. Pocos años después, nace el Movimiento Gen, que hoy día cuenta con miles de jóvenes, adolescentes y niños, de todo el mundo.

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