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14 agosto 2011
Las estaciones de la vida del individuo y de la colectividad manifiestan su objetivo específico si se viven plenamente. Adherir al tiempo que se vive, lleva a descubrir el mensaje que cada instante contiene.

Recita el salmo: “Enséñanos a contar nuestros días y adquiriremos un corazón sabio” (Sal. 90, 12). Esta sabiduría es la madre que nos enseña a reconocer lo que no pasa nunca y lo que se manifiesta de la eternidad a través del tiempo. Sana los temores, deshace la ansiedad, colma los vacíos, abre nuestro corazón hacia el prójimo.

“La enfermedad me ha sanado –escribe una madre- me ha dado una visión completa de la existencia que el frenesí de la vida me había quitado. Ahora me parece que sé amar a mi familia”.

Caridad que se perpetúa en el tiempo son las biografías que nos recuerdan a los que han pasado por esta tierra antes que nosotros y permiten que el mensaje de su existencia llegue hasta nosotros. Es la comunión de los santos.

Este aspecto subraya la relación del hombre no sólo con la Vida sino también con la Muerte.

Chiara Lubich en 1973 escribió: “Si hoy tuviese que dejar esta tierra y me pidiesen una última palabra para expresar nuestro Ideal, les diría -segura de que me comprenderán en el sentido más exacto- : “Sean una familia”.¿Hay entre ustedes quienes sufren por pruebas espirituales o morales? Compréndanlos como y más que una madre, ilumínenlos con la palabra o con el ejemplo. No dejen que les falte, es más, incrementen alrededor de ellos el calor de la familia.¿Hay entre ustedes quienes sufren físicamente? Que sean los hermanos predilectos. Sufran con ellos. Traten de comprender hasta el fondo sus dolores. Háganlos partícipes de los frutos de su vida apostólica para que sepan que ellos han contribuido más que los demás.¿Hay quien muere? Imaginen que ustedes están en su lugar y hagan cuanto desearían que les hicieran a ustedes hasta el último instante.¿Hay alguien que goza por un logro o por cualquier motivo? Gocen con él para que su consolación no se vea entristecida y el ánimo no decaiga, sino que la alegría sea de todos.¿Hay alguien que se va? No dejen que se vaya sin haberle llenado el corazón de una sola herencia: el sentido de la familia, para que lo lleve adonde lo han destinado.No antepongan nunca ninguna actividad de ningún tipo, ni espiritual ni apostólica, al espíritu de familia con los hermanos con los que viven”.