Filipinas: un “pozo de petróleo espiritual”

 
7.107 islas en el archipiélago asiático, en las cuales el espíritu de los Focolares se difundió desde 1966. Compromiso social, Economía de Comunión, diálogo interreligioso y cultural, son algunas de sus características más sobresalientes.

Con sus 93 millones de habitantes de 70 dialectos, esparcidos en un archipiélago de más de 7 mil islas, las Filipinas –único País católico del sudeste asiático- es de los más poblados del mundo. No obstante la riqueza humana y los recursos naturales, gran parte de la población vive en condiciones de pobreza. Su estructura social podría ser comparada a una pirámide: el 80% de la riqueza está en manos del 5% de la población, y la clase media casi no existe.

Los filipinos son un pueblo muy hospitalario, alegre, generoso, que sabe soportar y dar valor al sufrimiento, gracias a su raíz  cristiana. En 1966 recibió el espíritu del Movimiento de los focolares, que poco a poco fue penetrando en muchísimos ambientes, tanto religiosos como civiles. Hoy sus miembros son casi 5.000 los más cercanos  y más de 100.000 los adherentes y simpatizantes.

Chiara Lubich visitó las Filipinas dos veces: en 1982 comparó a las Filipinas con “un pozo de petróleo espiritual” con respecto al resto de Asia, y en 1997 recibió en la Universidad de Santo Tomás en Manila la laurea honoris causa en Teología, primera mujer laica en recibir este título. Esto le permitió establecer relaciones de colaboración, especialmente en el campo de la Economía de Comunión.

Los centros de los focolares están en Manila, Cebu y Davao y las varias comunidades del Movimiento están esparcidas en muchos miles de islas y unidas por el mismo estilo de vida, que a pesar de las distancias, experimentan un verdadero espíritu de familia, al unísono de la cultura local.

La Mariápolis Pace de Tagaytay, una de las ciudadelas, fundada por Chiara Lubich en 1982, es testimonio de la posibilidad de un amor concreto y recíproco también entre amigos musulmanes, algunos hindúes y budistas. Es sede de la School for Oriental Religions, que realiza periódicamente cursos de formación para aprender a dialogar en el respeto recíproco. No falta además una activa comunión de vida con los hermanos de otras iglesias y comunidades eclesiales cristianas.Se subraya la participación de muchos sacerdotes y seminaristas en la vida del Focolar, como también la de unos cuantos amigos obispos, gracias a la escuela para sacerdotes de Tagaytay.

El espíritu de los Focolares se afirmó también como posible respuesta a los distintos problemas sociales.

Es importante la experiencia de los 6 centros de Bukas Palad, que recoge a millares de pobres, el Pag-asa Social Center en Tagaytay, Sulyap ng Pag-asa, la Focolare Carpentry, de Cainta, uno de los principales proyectos desarrollados por AMU en las Filipinas, que formó al trabajo a centenares de jóvenes. Y también el sostén a distancia, en colaboración con Familias Nuevas, que permite ayudar a más de 1.800 niños.

Tagaytay, 1997: el intendente le otorga a Chiara Lubich la ciudadanía honoraria de Tagaytay

Numerosas son las experiencias de acciones concretas en las ciudades y en los pueblos, por la ayuda brindada luego de las calamidades naturales –como por ejemplo cuando se produjo el tifón Ondoy del 2010- asi como también las intervenciones en  favor de leyes más justas. Es el caso de la comunidad de Antipolo, una ciudad de más de medio millón de habitantes, en la extrema periferia de la capital, que se comprometió en una campaña de sensibilización con el objetivo de proteger a la familia y la vida, en respuesta a un decreto sobre la llamada “salud reproductiva”.

De especial relieve es el compromiso de las empresas que adhieren al proyecto de Economía de Comunión – entre ellas las más conocidas son el Bangko Kabayan, y APCEI en Manila, la empresa “Filo d’Oro” en Cebu, de los voluntarios hospitalarios (Sinag Volunteers) en varias estructuras sanitarias públicas, de diversos periodistas en el campo de los medios de comunicación y de una importante  actividad a nivel educativo.

Teresa Ganzon, una de las primeras jóvenes en haber conocido a los Focolares en los años turbulentos de los ’60 y ’70, con el marido y ahora con dos hijas ya profesionales, lleva adelante el ya nombrado Bangko Kabayan, instituto bancario rural, con diez mil clientes. El 85% son mujeres de sectores pobres: las cuales llenas de coraje y emprendimiento han logrado construirse una dignidad social gracias al programa de micro-crédito del banco. Ni siquiera la reciente crisis ha minado la fe del Bangko Kabayan, que colaborando con los otros institutos bancarios a nivel rural y hasta con algunos competidores, ha contribuido de forma decisiva a salvar la industria en el territorio en que trabaja.

 

 

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