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27 mayo 2012
Su cercanía a África y su presencia en el Mediterráneo y en el Atlántico, han convertido a España, en lugar de encuentro de hombres, pueblos y culturas.

España cuenta con una larga historia. Cuando el Imperio Romano llega a la península (218 a.C.) encuentra pueblos muy distintos entre sí, fruto de una evolución en contacto con fenicios y griegos. Roma pone las bases para la afirmación de la mentalidad de un pueblo como unidad cultural y territorial. La configuración geográfica de la península –cinco cordilleras y cinco grandes ríos que la dividen en tantas regiones naturales- marcó la evolución de la lengua común, el latín, dando origen al castellano, al catalán y al gallego. La lengua vasca no es de origen latina y el pueblo vasco –al norte- permanece ajeno al influjo de la cultura romana.

En los siglos posteriores, España es invadida por distintos pueblos del norte de Europa, hasta que en el año 711 empiezan a asentarse el Islam y la cultura musulmana que llegan a conquistar prácticamente toda la Península. Durante ocho siglos, las culturas musulmana y cristiana coexisten, junto a la hebrea, alternando períodos de lucha con otros de tolerancia.

La convivencia entre las tres culturas, determinó las condiciones necesarias para la transmisión del patrimonio científico y cultural de la antigüedad y de la ciencia árabe al occidente cristiano. Un nutrido grupo de intelectuales en Toledo, se dedicaba a la traducción al castellano de obras árabes o griegas de los temas más variados.

Mariápolis: Seo d’Urgell

En 1492 Cristóbal Colón llega por primera vez a América y comienza así un período de luces y sombras en la relación con estos pueblos.

España todavía estaba dividida en reinos: Castilla, Aragón, Navarra,…

Fruto de esta historia es la España actual: una sociedad formada por culturas ricas, variadas y plurales. Una democracia que quiere tener en cuenta toda esta diversidad, recogida en su actual constitución, pero que tiene muchos desafíos sin resolver, como es la relación armoniosa de la unidad y la diversidad, con fuertes tensiones entre las comunidades autónomas y el Estado. Una sociedad que ha tenido un gran desarrollo económico y social, pero que sufre las consecuencias de la actual crisis económica, social y laboral, con especial incidencia en los más jóvenes.

Una tierra que acogió en 1959 a Piero Pasolini (focolarino italiano llegado desde París) quien dijera: “Hay mucho de Dios en esta nación y me parece que la ama con un amor especial”. El carisma de la unidad empezó a difundirse a toda España desde Barcelona. Pasan los años y el Ideal de la Unidad va echando raíces por todas partes y en personas de todas las edades; se suceden las Mariápolis: Solsona, Seo d’Urgell, Ávila,…Son años en los que dejan una profunda huella personas como Nunziatina Cilento, Gino Bonadimani, Margarita Bavosi o Carlos Clariá, por citar solamente algunos nombres.

Dos fechas marcan etapas fundamentales para la vida y el desarrollo del Movimiento de los Focolares en España: 1989 y 2002. Se trata de los años en los que Chiara Lubich realiza visitas a Santiago de Compostela –en la primera ocasión- en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud; y a Barcelona y Madrid en la segunda.

Durante este último viaje, Chiara visita algunas ciudades donde están muy presentes algunos santos, como Santa Teresa de Jesús (Ávila), San Juan de la Cruz (Segovia) y San Ignacio de Loyola (Manresa), grandes místicos que tanta influencia tuvieron en ella.

Además, lanza un desafío para todos los miembros de los Focolares: “Para España es necesario apuntar a la unidad; porque ya existe la distinción (por la variedad de pueblos, culturas y lenguas), entonces, aquí falta la unidad. Y después, con la Sabiduría, se llegará a asumir las culturas -no a destruirlas-, asumirlas e iluminarlas”.

Por esto hizo nacer la ciudadela Castillo Exterior. Un lugar donde la experiencia se hace visible, donde todos juntos se componen en unidad, la testimonias y la transmiten al mundo.

El pueblo de los Focolares en España acoge con entusiasmo la propuesta de Chiara Lubich y se lanza a la aventura de construirla. Crece el deseo y la disponibilidad para conocerse y vivir los unos por los otros. El sentimiento de pertenecer a la misma familia crece y se hace más visible.

El año 2011 comenzó con la visita de Maria Voce y Giancarlo Faletti. Pudieron conocer de cerca las muchas riquezas culturales, artísticas y naturales de España y, sobre todo, a los miembros de los Focolares. A la conclusión de su visita, Maria Voce subrayaba que “cada uno de estos pueblos que forman España, tiene algo que dar a todos los demás”. Y animaba a todos a “ser conscientes de que yo tengo un don para dar a los demás y que los otros tienen un don para darme a mí; y ponerlo a disposición. Y esto no puede ser entre iguales. Si soy igual a otra persona, no tengo nada que darle”.

En la actualidad son 25.000 los miembros, adherentes y simpatizantes de la espiritualidad de la unidad en España. La vida evangélica se encarna en multitud de realidades sociales y culturales, dando origen –entre otras iniciativas– al Movimiento Político por la Unidad y a empresas que adhieren a la Economía de Comunión.

Además de la ciudadela “Castillo Exterior” en Las Matas (Madrid), está ciudadela “Loreto” en Castell d’Aro (Girona), ambas con sus respectivos Centros Mariápolis (centros de ecuentros y de formación).

Como actividad editorial se publican dos revistas: Ciutat Nova (en catalán) y Ciudad Nueva (en castellano), además de numerosas colecciones de libros de espiritualidad, teología, patrística y de testimonios.