Maria Voce recuerda a Chiara

 
Al cumplirse 9 años de la muerte de Chiara Lubich, la actual presidente de los Focolares recuerda su figura a los micrófonos de Radio Vaticana. Si el diálogo es amor, construye comunidades de paz. La entrevista completa.

ChiaraLubich_DialogueLa fundadora del Movimiento de los Focolares se apagaba en Rocca di Papa el 14 de marzo de 2008, a los 88 años de edad, tras una larga enfermedad. En el telegrama de pésame enviado para esa ocasión, el Papa Benedicto XVI reconocía en ella “el constante empeño a favor de la comunión en la Iglesia, el diálogo ecuménico y la fraternidad entre todos los pueblos”. Además, agradecía al Señor “por el testimonio de su existencia dedicada a la escucha de las necesidades del hombre contemporáneo” y expresaba el deseo de “que cuantos la han conocido sigan sus huellas manteniendo vivo su carisma”. Un carisma cuyo centro es la unidad de la familia humana. Una utopía, si no estuviese basada en la fe inquebrantable en el amor de Dios Padre hacia sus hijos y en las palabras de Jesús: “Que todos sean uno”. Un carisma que tiene mucho que decir, por tanto, al mundo de hoy, como confirma Maria Voce, actual presidente del Movimiento de los Focolares, al micrófono de Adriana Masotti:

R. – Exactamente. Más aún: diría que casi más hoy que en el momento en el que Chiara lo anunciaba, porque ciertamente en aquel entonces estaba el desastre de la guerra, sin duda, había muchos dolores, pero no existía esta desunión que parece extenderse por el mundo en estos momentos y que parece reclamar, precisamente, la necesidad de la vida de este carisma de unidad que Dios donó a Chiara. Por eso, nosotros estamos descubriendo cada vez más su actualidad.

P. – Una de las definiciones que se le ha dado a Chiara es la de “mujer del diálogo”, y hoy día se habla a menudo de diálogo, en distintos ámbitos, pero después no se dialoga o no se sabe dialogar. ¿Qué era el diálogo para Chiara y cómo vive el Movimiento de los Focolares esta dimensión?
R. – El diálogo para Chiara era un estilo de vida, que significaba encontrar a cada persona como a un hermano. Por lo tanto, Chiara no quería entablar el diálogo, Chiara quería amar a los hermanos y por tanto, yendo al encuentro de cada persona, le abría su alma y espontáneamente el hermano respondía con una apertura igualmente grande. Así comenzaba el diálogo. Y también hoy es así para nosotros. Frente a cualquier persona, nos ponemos en esta actitud, tratamos de estar a la altura de Chiara poniéndonos en esta actitud, teniendo siempre esta alma abierta, sin mirar las diferencias o las distinciones de ningún tipo, sino para reconocer en ellas la posibilidad de un encuentro que nos enriquece, porque es un encuentro con un hermano que tiene un don para nosotros, sea cual sea su raza, su religión, su categoría social, su edad.

P. – Por tanto, ¿es fuerte la convicción del Movimiento de que el diálogo sea el instrumento adecuado para resolver también los muchos conflictos de hoy?
R. – ¡Ciertamente! No hay otra posibilidad. ¿Por qué? Porque el diálogo es amor. Y si el diálogo es amor, puede cambiar realmente la situación del mundo, puede hacer que donde hay guerra retorne la paz

P. – Al principio de su experiencia espiritual, Chiara sintió fuertemente el grito de dolor de la Humanidad y decidió cargar sobre sus propios hombros este sufrimiento. ¿De qué modo, hoy día, la Obra fundada por ella afronta las muchas heridas que el mundo vive actualmente?
R. – Quiere afrontarlas con la misma confianza de Chiara, una confianza basada precisamente en el grito de Jesús Abandonado, porque Chiara en aquel grito reconoció ciertamente el momento en el cual el Hijo de Dios sufrió más, pero también el momento en el cual el Hijo de Dios nos amó más. Y precisamente porque nos amó más, en aquel momento restauró la unidad que se había roto entre Dios y los hombres y la de los hombres entre sí. Por lo tanto, no hay otro camino para llegar a la unidad, sino el de pasar a través del dolor, pero que en su sustancia es amor, porque es dar la vida por los demás. Por tanto, también en relación a todos los sufrimientos del mundo de hoy, tanto a nivel personal como a nivel de la sociedad, de los pueblos o de las naciones, el Movimiento trata de reconocer un rostro de Él, de reconocer a un Dios que murió, pero a un Dios que también resucitó y que por tanto, puede resucitar sobre todos estos dolores.

P. – Y esto se traduce después en muchas iniciativas, también concretas…
R. – Exactamente. Que quizás empieza por un simple acto de amor de una familia que se ha dado cuenta de que otras familias sufren por el mismo motivo que sufre ella y trata de asumirse el sufrimiento del hijo con discapacidad, creando una red de solidaridad entre todos, involucrando a otras familias, involucrando al municipio, dándose cuenta de que empezando a amar en aquel dolor el rostro de Jesús Abandonado, algo se transforma. Y nosotros vemos esto, en el lugar en el que estamos, en los territorios en los que hay guerra, donde las personas del Movimiento Movimiento tratan de amar tanto a los amigos como a los enemigos, compartiendo los bienes, que se hace entre todas las familias, sin mirar la raza o la religión a la que pertenece… Y lo vemos continuamente en muchas relaciones que cambian y que construyen realmente comunidades nuevas que se unen en red para extenderse cada vez más.

Fuente: Radio Vaticana

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