Evangelio vivido: ser una presencia de Jesús

 
La palabra de vida del mes nos pone ante la premura de María de Nazaret en adherir a la voluntad de Dios. ¿Cómo hacer para ser una presencia de Jesús hoy? Algunos flash de vida evangélica.

SlumsHacia la Navidad
«Sabía que la empresa donde trabajo iba a cerrar y que pronto me iba a quedar sin trabajo. A pesar de esto, acercándose la Navidad, con los colegas pensamos poner aparte algo de nuestro sueldo para dar a los más pobres. Fuimos entonces a visitar a una familia que vive en una choza, sin nada.
Además del sobre con dinero, llevamos también juguetes para los niños. Nos fuimos de allí muy contentos. Nos parecía que era la mejor preparación para el nacimiento del Señor. Y antes de que terminara el día, nos llegó una buena noticia: se nos aseguró el trabajo por otros cinco meses». (J.L.V. – México)

Hambre
«Un día, en la escuela, vi a una niña que estaba sola, apartada del grupo. Fui enseguida a preguntarle: «¿Por qué lloras?». Me dijo que se sentía mal del estómago porque no había desayunado y que no tenía nada para comer en el almuerzo. Pensé: «Es Jesús que tiene hambre» y le di mi pancito. Un poco más tarde, esa niña me dijo: «Ahora no me duele más el estómago». Yo me quedé muy feliz». (S.S – Filipinas)

¡Yo perdono!
«Estaba jugando con un amigo cuando llegó un chico que sin motivo me pegó en la cabeza, por lo cual me tuvieron que dar una medicina en el hospital. Volviendo a casa, tenía un sólo pensamiento: vengarme. Al día siguiente, el padre de este chico vino a pedir disculpas. Y agregó: «Te doy permiso para que hagas a mi hijo lo que él te hizo. ¡Tal vez así comprenderá lo mal que se comportó!». En ese momento me acordé de la invitación de Jesús de amar a los enemigos y le respondí que ya lo había perdonado. Sorprendido, el papá llamó al hijo.  Nos reconciliamos y ahora vivimos en paz». (Dionisio – Angola)

Taladros robados
«Mientras estaba trabajando en la oficina junto con mi colega Benda, que es musulmán, escuchamos un ruido afuera. Fuimos a ver: alguien había roto el vidrio de nuestra camioneta y había robado tres taladros. Era la primera vez que nos sucedía algo de este tipo. Estábamos desconsolados.
Después pensé que tenía que perdonar al autor de esa acción, que probablemente había actuado impulsado por una necesidad. Benda, recordando una frase del Corán, agregó: «Cuando una persona perdona, lo que se le ha sido quitado le será devuelto por alguna otra persona». De noche, en casa, mientras contaba lo que había pasado, un pariente mío, me ofreció unos taladros que él no usaba más. Al día siguiente, nos los trajo, y uno de los tres era igual a uno de los que nos habían robado, que era el de mayor valor». (A.G. – Italia)

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