Augustine “Nett” Legarda

 
De Filipinas a Nueva Zelanda por Dios. (28.5.1950 – 29.9.2013)
Nett Legarda

No es una simple casualidad que estudies en  un Liceo de tu propia ciudad  – Manila, en  Filipinas – y te encuentres con un profesor italiano, focolarino,  que te lleva a conocer a sus compañeros de aventura.  Nett lo atribuyó a un particular designio de Dios-Amor que quiso abrirle vastos horizontes.  Impactado por el mensaje evangélico que vio hecho vida en el focolar,  Nett pasó a ser uno de los primeros jóvenes filipinos que se integraron en la entusiasmante experiencia Gen que había empezado en Europa,  pero que ya estaba echando raíces en varias partes del mundo.  Él quiso profundizar más este proyecto y solicita pasar un período de tiempo en la ciudadela de Loppiano (cerca de Florencia).   Allí advirtió el llamado a donarse a Dios como focolarino.   A partir de allí, se quedó en la ciudadela dos años más,  para completar así su formación.   «Tengo una sed tremenda – escribe en esos años – de vivir la unidad.  Percibo que sólo eso es importante y me doy cuenta de que en  Jesús Abandonado la encuentro.  Jesús es todo para mí. Quiero recorrer todo el camino que me lleva, como  a Él, hasta el Padre».

De Loppiano pasó a formar parte del focolar de Manila, y al poco tiempo, junto con otros tres focolarinos,  fue a Australia para dar comienzo, en 1974, al focolar de Melbourne.   En 2002  otro salto: se trasladó a Nueva Zelanda, para hacer nacer el focolar de  Wellington. En todos esos años  Nett trabajó como profesor en un colegio, conquistando alumnos y colegas.  Se inculturó en el “continente novísimo”, desde lo más profundo de su alma, como él mismo escribe en 1982: «Veo mi vida futura en la esperanza de vivir al servicio de todos los que pasan a mi lado, sin pretender nada, sólo para que todos sean uno».  De sus escritos surge también una especial tensión que invadía su ser: «He comprendido  – escribe en 1975 – que tengo que tener como modelo la vida de la Santísima Trinidad,  para realizar aquí también el Reino de Dios». Y en  2001: «Pongo mi confianza sólo en el Espíritu Santo.  Así podré vivir con radicalidad la Nueva Evangelización».

La noticia de su enfermedad suscitó una conmovedora oleada de afecto y solidaridad, fruto del amor que había sembrado en el corazón de mucha gente, de quienes lo habían conocido. Para ellos  Nett fue  «un padre espiritual, un verdadero amigo que amó con el corazón ayudándonos en la vida del Evangelio». Hasta sus últimos días  Nett tuvo una gran dulzura y amabilidad con todos; jamás una queja, siempre sereno y viviendo con dignidad.  «Creo en el amor de Dios – escribe. Ofrezco todos estos sufrimientos por el diálogo interreligioso y por la paz en Medio Oriente.  Digo mi ‘Sí’ incondicional a todo lo que Dios me pide en estos momentos de gracia». El  29 de setiembre de 2013 dejaba este mundo con mucha serenidad, a la edad de 63 años.

Chiara Lubich le había dado una Palabra del Evangelio para que él tuviera como guía espiritual: “Voy a prepararles un lugar” (Jn 14, 2), lugar que  Nett conquistó para sí en el Paraíso viviendo plenamente su espléndida, total donación a Dios y a los hermanos.

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