Construir una ciudad que aplique las propias ideas: este es el sueño de muchos pensadores y hombres de acción, depositarios de una gran filosofía o una espiritualidad muy rica. También es un sueño de Chiara Lubich que, con el paso del tiempo, se está convirtiendo en realidad.

Las Ciudadelas o Mariápolis permanentes son ciudades testimonio del carisma de la unidad. Actualmente hay unas treinta en el mundo, en distintas fases de desarrollo. Cada una con una característica particular, en armonía con el contexto cultural en el que surge: ecumenismo, jóvenes, diálogo interreligioso, inculturación, ecología, etc. Son pequeñas ciudades con casas, escuelas, actividades laborales, cuya ley es el amor evangélico. Estas ciudadelas, por el estilo de vida que proponen, pueden ofrecer una luz nueva para la convivencia en las grandes ciudades.

En España existen dos. Una en Castell d’Aro (Girona) y otra en Las Matas (Madrid) llamada por Chiara Lubich Ciudadela Castillo Exterior, en clara referencia a la experiencia de fraternidad que nos lleva a ofrecer la presencia de Dios en el mundo actual, fruto del amor recíproco. Un Castillo no solo interior (con la presencia de Dios en el proprio corazón, como diría Santa Teresa de Jesús) sino Exterior, que irradie y haga visible esa presencia de Dios característica de la espiritualidad de comunión de los Focolares.

La Ciudadela Castillo Exterior surge -a raíz de la última visita de Chiara Lubich a España en 2002- con la finalidad de testimoniar una experiencia de unidad, construida y enriquecida por la diversidad de identidades, culturas y pueblos de España. Finalidad que Maria Voce –la actual Presidenta del Movimiento- subrayó en su visita de 2011 cuando afirmó que hay que ser conscientes de que cada uno de nosotros singularmente y cada pueblo, tiene un don para dar a los demás y los demás a nosotros; esto es una riqueza enorme y, además, no pude ser entre iguales. “Si somos iguales, no tenemos nada que darnos”. Para conseguir esto, es básico el amor recíproco construido en la diversidad, en la distinción; “como en la Trinidad… no son iguales, pero son Uno. Y esto es mucho más que la igualdad”.

En torno a estas Mariápolis españolas vive un grupo de personas y sus principales actividades son las relacionadas con la formación de los miembros del movimiento, la difusión del carisma de la unidad y alguna pequeña actividad empresarial.