Semana Santa en la Mariápolis

 
Un amigo de la Mariápolis nos relata lo vivido en los días de Semana Santa.

El jueves santo por la mañana, este año el 29 de abril, la Mariápolis comienza a recibir visitantes. En su mayoría familias. Van llegando cargados de bolsos, bicicletas, monopatines, skates. Apenas llegados, mientras los padres acomodan sus pertenencias en las habitaciones asignadas, los niños comienzan a explorar el terreno. Y las bicicletas no tienen descanso! De aquí para allá con los amigos en el paisaje que empieza a insinuar los amarillos y ocres otoñales, como pinceladas en medio de los tonos verdes.

Hacia el atardecer todos se concentran en el Auditorio. Comienzan las celebraciones de Semana Santa. El celebrante es el Padre Adrián. Nos sorprende un gran altar en medio de las sillas, debajo del escenario. Casi como diciendo que estamos invitados a la última cena con Jesús. El tradicional lavatorio de los pies también tiene una novedad. No están los 12 elegidos puestos en la primer fila, sino en distintos lugares de la sala. El sacerdote y los ayudantes se van desplanzando para significar que el lavatorio de los pies, ese acto de amor infinito de Jesús, es para cada uno de nosotros. Las canciones de la misa, preparadas con esmero por el Coro de la Mariápolis se van sucediendo, dando ese toque especial que tiene la liturgia en la Mariápolis.

Luego de la cena son menos los que llegan al Auditorio. Muchos tuvieron que acostar a los chicos: estaban cansados de tanto corretear durante la tarde. Se celebra la Hora Santa. Un tiempo de meditación y oración. Un encuentro con Jesús presente en la Eucaristía.

Por la mañana del viernes un tiempo para recorrer la Mariápolis, que se repetirá el sábado: no se lográ hacer en un momento! Hay mucho para ver y contar.

Por la tarde, la lectura de la Pasión y el beso de la Cruz. El celebrante es el Padre Melchor. Un sí a Jesús. Incondicional. Quizá cómo se nos presentará a lo largo del año: dolor y alegrías serán combustible para crecer en el amor a Dios y a los hermanos.

Cuando llegan las primeras estrellas, desde la Capilla de Campo Verde parte el via crucis, con la fascinación para los chicos de las antorchas, las teatralizaciones, el relato, el camino, siguiendo los pasos de Jesús hacia el Gólgota.

El sábado por la tardecita, mientras vamos llegando al Auditorio para la celebración de la Misa Pascual, que conducirá el Padre Gustavo, ya está el fuego encendido. Comienza precisamente allí la liturgia, alrededor de esa fogata de la que luego se encenderá e cirio pascual para entrar en el salón todavía a oscuras. Es muy rica la liturgia de esa noche en la que se expresa la alegría de la resurrección.

Mientras tanto llega la lluvia tan esperada, que se hará más copiosa durante la noche

Se concluye con la cena y a los postres un festejo improvisado en los comedores. Algunos parten luego del desayuno del domingo, otros lo harán por la tarde. Nos vamos con la profunda experiencia de esos días y muchas sensaciones. El encuentro con Dios, con lo trascendente y con los hermanos y la certeza de que podemos llevar a nuestros hogares, nuestro trabajo, nuestra escuela, el estilo de vida de la Mariápolis. ¿Por qué no intentarlo?

CAM (Buenos Aires)

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