Volver a la Mariápolis Lía: ¡una fiesta!

 

El frío invernal no detuvo a los antiguos mariapolitas en su deseo de participar, el fin de semana del 8 de julio, de los festejos del 50 Aniversario de la Mariápolis Lía. Alegría, recuerdos y  un remolino de emociones invadió los  corazones de los espectadores llegados desde Bélgica, Perú y distintas provincias argentinas,    cuando se abrieron las puertas del Auditorio Sabbione. “Parece una utopía, solo una loca idea pero el mundo unido no es fantasía” cantaban los jóvenes del actual Conjunto musical de la Mariápolis,  y esas palabras recobraron vida una vez más.

Un recorrido histórico vivencial fue el hilo conductor del programa. Honorio Rey,  quien estaba en el grupo de los primeros jóvenes latinoamericanos que viajaron a Italia, recuerda el aire que se respiraba en ese momento cuando se gestaba la idea de hacer surgir las Mariápolis permanentes en el Movimiento de los Focolares y relata cómo se inicia la Ciudadela en estas tierras después de la que ya había nacido en Loppiano, Italia en 1962.

Horacio Bruera y Cristina Stero reencienden la revolución que constituyó la  experiencia de  los primeros años en la década del ’70  en la Mariápolis en medio de la pampa húmeda sin luz eléctrica, sin trabajos estables pero con toda la convicción de que “acá surgirá una ciudad”.

La vida se desarrolla siguiendo, no tanto el plan de quienes habitaban la Ciudadela,  sino más bien las intervenciones de la providencia de Dios manifestada a través de distintas personas, circunstancias y elementos materiales que iban llegando.

La  Mariápolis se ve enriquecida también por la presencia de los sacerdotes,  familias, Economía de Comunión y el Polo Solidaridad. Nos  recuerdan esta parte de historia Gustavo Defina,  Kuqui y Martín Fra respectivamente.

Momento imborrable para todos fue la vista de Chiara Lubich en 1998 que nos hace revivir, conmovida, Lelia Suarez protagonista del momento junto a muchos otros presentes en la sala.

Y así llegamos a los Proyectos para los años venideros relatados por Osvaldo Berreneche y Roberto Ramacciotti: la creación de una sede de la Universidad Sofía de  Italia en la  ciudadela y el compromiso de convertirse paso a paso en una ciudad eco sustentable.

No hubo mejor modo de concluir la mañana de agradecimiento a Dios, por toda la vida recibida, que  con la Celebración de la Eucaristía. Las banderas de los 19 países presentes en la Mariápolis portada por los jóvenes en procesión al iniciar la Misa y depuestas a los pies del altar  era un signo visible del mundo unido en acto.

Y como buenos mariapolitas no podía faltar el momento recreativo. Canciones, danzas, coreografías. Tampoco podía faltar una representación de O’Higgins que, desde los inicios, estuvieron presentes en el vida de la Mariápolis:  dos niños bailarines de tango y  Daniel Bongiorni, alumno de guitarra en los años ’70 del  entonces profesor Miguel Cáceres,   con su grupo musical.

Un sentimiento de plenitud y armonía cerró la jornada. Cada uno volvió a su lugar con la certeza de que la Mariápolis seguirá siendo por siempre”nuestra casa”.

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