Al concluir el encuentro de los comprometidos del Movimiento Familias Nuevas, el 24 de abril de 2022, el primero desde que estalló la pandemia, que contaba con la presencia de un nutrido grupo de participantes en el Centro Mariápolis de Castel Gandolfo y de muchos otros conectados por streaming en distintos países del mundo, Margaret Karram, presidenta del Movimiento de los Focolares les dirigió unas palabras. He aquí un extracto.

Ante todo, quiero agradecerles lo que hacen, porque en medio de tantos desafíos y sufrimientos que se viven en la familia y en la realidad social de cada país, ustedes son un signo de esperanza, una certeza tangible de que el bien existe, está vivo y se difunde. Y quizá nadie mejor que ustedes, que son familia, sabe lo necesario que es hoy que cada persona sepa que el bien existe todavía, que no ha muerto bajo los escombros de conflictos absurdos que están destruyendo poblaciones enteras; que no ha sido aplastado ni siquiera por una pandemia que ha apagado las esperanzas de nuestros niños y jóvenes; que ha causado un aumento de las separaciones y los divorcios, que ha acarreado consigo un incremento considerable de violencias domésticas.

Sin olvidar el sufrimiento agravado de quienes tienen en casa a hijos discapacitados; o el dolor de quienes han perdido abuelos, parientes, incluso lejanos, sin poder saludarlos: en definitiva, la pandemia ha golpeado precisamente el corazón de la familia.

La familia: núcleo fundamental de la sociedad, tiene hoy más que nunca una gran trascendencia: la de salvar nuestra sociedad. Y (la familia) lleva consigo una misión: reconstruir la humanidad.

Ya en 1988, Juan Pablo II, llamado “el Papa de la familia”, dijo: “Toda familia humana, cada familia cristiana está en misión. Y esta misión es fundamental para cada pueblo, para la humanidad entera; es la misión del amor y de la vida, es el testimonio del amor y de la vida”.[1]

Entonces, esta es la llamada de Dios hoy a todos nosotros, que formamos parte de una familia natural o sobrenatural: devolver vida y amor al mundo y anunciarlo, declararlo, hacerlo visible, dar testimonio de ello de infinitas maneras.

He aquí, pues, el sentido del compromiso que ustedes están asumiendo o reconfirmando con Dios durante estos días de retiro.  Me ha gustado muchísimo el título que han dado a estos días: “Comprometidos con Dios para construir un divino mosaico”. ¡Realmente bellísimo!

¡Es un compromiso! Una misión que parte del corazón de ustedes, pasa por su unión, pero luego abre las puertas de su casa y se extiende hasta quienes hoy son definidos como “últimos” y “descartados”.

¡Esta es la familia que el mundo actual necesita!

Es la que está formada por personas con un corazón totalmente abierto, que sepan acoger y contener cada matiz del dolor, cada expresión de la humanidad de hoy, incluso las más inesperadas, a veces lacerantes, presentes dentro de nuestras familias y también fuera de ellas.

Solo acogiendo y ofreciendo a cada uno la posibilidad de renacer incluso de los escombros más oscuros, le damos una posibilidad a esta “humanidad-mosaico” de renacer más rica, más inclusiva, más “comunidad” diría, precisamente porque la ayudan quienes, como ustedes, saben transformar cotidianamente el dolor en gestos de amor.

Pero me gustaría hacerles una pregunta: ¿qué significa para ustedes, para cada uno de ustedes, comprometerse personalmente con Dios? ¿Qué rostro asume este “pacto con el Omnipotente”?

Es una pregunta que todos nos hicimos cuando, por primera vez, elegimos seguir a Dios. Sin embargo, es una pregunta que no basta hacerse una sola vez para siempre. Tenemos que repetírnosla, se lo digo también por una experiencia personal.

Cuando estaba viniendo aquí y fijándome en el lema de estos días, me hice también esta pregunta, después de tantos años desde aquel primer “sí” mío. Y la respuesta que me di es ciertamente diferente, porque mi vida se fue enriqueciendo con numerosas experiencias, con nuevos encuentros y nuevos rostros de dolor y sufrimientos.

A lo largo de los años, Dios nunca nos abandona, ¡al contrario! Nos llama a una intimidad, a un diálogo cada vez más estrecho con Él. Nos llama a escucharlo en los gritos de nuestros hermanos y hermanas, a amar a cada uno con fuerza y creatividad renovadas, ayudándolos a realizar el gran proyecto de amor que tiene para nosotros y para toda la humanidad. Por eso también yo, viniendo aquí, pensaba: “Realmente mi primer sí, mi primer compromiso con Dios no es igual, hoy es diferente”. Ahora, encontrándome con ustedes, será todavía diferente, porque mi compromiso con ustedes significará todavía un nuevo sí.

El hecho mismo de que estén aquí en estos días muestra la seria intención de reconfirmar su compromiso con Dios, en un mundo que no ofrece ninguna alternativa al miedo que atenaza a tantos niños, adolescentes y jóvenes, especialmente a ellos. Que no ofrece perspectivas de trabajo, de crecimiento, y que, si lo miramos solo desde una perspectiva humana, podemos decir que probablemente es un mundo sin futuro.

¡Pero ustedes nacieron precisamente para este mundo! Lo digo con gran convicción, y cito las palabras de Chiara cuando fundó el Movimiento Familias Nuevas el 19 de julio de 1967. En aquella ocasión les dijo precisamente que habían nacido para esto. Quiero volver a leer esas palabras de Chiara, aunque muchos de ustedes probablemente las sepan de memoria. Chiara decía: “Aquí, ante ustedes, me parece ver a Jesús que mira el mundo, mira a las multitudes y tiene piedad de ellas, porque de toda esta porción del mundo les ha sido puesto sobre sus hombros la más destrozada, la más parecida a Él abandonado. Pero es el mismo Jesús que, a través de nuestros ojos, debe mirar a estas multitudes y actuar, para que esta piedad no quede en el campo sentimental, sino que se transforme en obras”.

Han pasado más de 50 años desde que Chiara dijo esto, pero me parece que estas palabras sean más ciertas que nunca. El compromiso, la misión sigue siendo la misma: hacer del mundo una familia y construir así este “divino mosaico”.

Margaret Karram
Castel Gandolfo, 24 de abril de 2022

[1] Juan Pablo II el 30 de diciembre de 1988 en Porto San Giorgio, Ascoli Piceno

Familias de puertas abiertas

1 Comment

  • J’espere que le processus de l’introduction de la beatification de Chiara Lubich est avance.
    Je souhaite seulement des succes pour actuelle President du movement des focolari Mme M.Karram et aussi pour tous les cooperateurs des bonnes volontes.
    une amie ancienne Agnieszka Konarska de Poznan, Pologne , actuel a Grenoble, en France

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *