Movimiento de los Focolares

Hebreos y cristianos: deseo de unidad

Jun 2, 2011

En la ciudadela El Diamante (Acatzingo) en México, una jornada para profundizar el diálogo. La próxima etapa: el simposio hebreo-cristiano en Buenos Aires, Argentina.

El 22 de mayo. La ciudadela mexicana “El Diamante”, en las cercanías de Acatzingo, a 150 km de Ciudad de México, hospeda una esperada cita que ve reunidos a amigos hebreos y cristianos, signo de un diálogo vivo, entre personas que quieren redescubrir las raíces comunes. “Nuestros hermanos mayores” había dicho Juan Pablo II es una célebre expresión. Y “¿que podrá suceder –dijo Chiara Lubich- cuando profundicemos cada vez más la relación fraterna entre nosotros, hebreos y cristianos, que tenemos en común el inestimable patrimonio de la Biblia, que nosotros llamamos Antiguo Testamento?”. Sobre estas bases todavía hoy prosigue y se desarrolla cada vez más la amistad y el diálogo entre hebreos y cristianos, en el Movimiento de los Focolares. La jornada de Acatzingo es un ejemplo. Después de una breve presentación, centrada sobre el descubrimiento de Dios Amor, base de nuestra fraternidad, con pinceladas de la historia de los Focolares y del diálogo con el mundo hebreo, Liviu Bleier, el nuevo presidente de la B’nai B’rith de México, subrayó que “la mejor religión es la que más nos acerca a Dios”, expresando su estima y su alegría por esta posibilidad de intercambio. El grupo estaba compuesto por 23 amigos hebreos de Ciudad de México y por amigos de la ciudadela. Visitaron los talleres y la escuela rural, que está conectada con la Mariápolis, y tiene como objetivo formar personas capaces de amar y perdonar, y vivir la cultura “del dar”. Los habitantes de la ciudadela, jóvenes, adultos y niños, presentaron una serie de testimonios de vida cristiana en lo cotidiano, muy apreciados por los huéspedes. La ceremonia alrededor de un árbol de olivo –símbolo de paz, y signo común entre cristianos y hebreos, fue un momento importante para subrayar la dimensión de fraternidad entre todos: “Gracias por cómo me recibieron –afirmó uno de los presentes- por el espíritu de fraternidad, como si nos conociéramos desde hace mucho: me hicieron entender que tenemos que ser humildes y estar al servicio, para cambiarnos a nosotros mismos y al mundo”. La próxima cita será del 21 al 24 de agosto en Buenos Aires, para un nuevo simposio hebreo-cristiano, después del que tuvo lugar el año pasado en Jerusalén.

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