Movimiento de los Focolares

México, una flor que no se seca

Abr 27, 2015

Desde hace varios años que la comunidad de los Focolares en el país azteca está relacionada con 33 comunidades de la etnia Nahua de la región “Huasteca”, en el centro norte de México. Una “Misión” en Santa Cruz.

2015-03-28 15.45.07Cuando alguien llega por primera vez a Santa Cruz de la Sierra, se encuentra en un contexto inesperado: la naturaleza es exuberante y acogedora, el lenguaje es desconocido, la cultura local es muy distinta, existe también la pobreza con todas sus consecuencias, y además simplicidad y generosidad sin límites de las personas.

En ocasión de la Semana Santa, un grupo de jóvenes y familias de los Focolares eligieron pasarla precisamente en Santa Cruz, junto con muchos amigos Nahua. La Iglesia local, de hecho, por las enormes necesidades pastorales, proporciona un permiso especial durante los días santos a los laicos, preparados apropiadamente, para ejercer como ministros, según el criterio de los párrocos.

Pero dejamos la palabra a los protagonistas del acontecimiento:

«El sol apenas apareció en el horizonte y el autobus trepa por las callecitas de montaña de la Sierra Madre oriental, llevando consigo a 43 personas, entre jóvenes y familias de los Focolares. El viaje se prevé largo y emocionante: el cansancio no se advierte porque es mucha la alegría. Al final del camino están los hermanos, familias y amigos de 33 comunidades nahuas dispuestos a vivir junto con nosotros la Semana Santa.

Ocho horas después de haber salido de la Ciudad de México somos recibidos en Santa Cruz por una población humilde y generosa que vive en el corazón de la huasteca hidalguense (“Flor que no se seca”): una región húmeda y de temperaturas elevadas, cubierta por árboles de cedro, ébano y caoba.

Allí, en una parroquia de la “Misión Javeriana”, nos dividimos en siete grupos para estar con la gente y ayudar –junto con los catequistas de la localidad- en las funciones litúrgicas de muchas comunidades, donde la semilla de la espiritualidad de la unidad llegó ya desde hace algunos años.

2015-03-29 12.59.01El encuentro es muy conmovedor: empezamos a compartir la fe, la vida y el pan.. Se cuentan algunos testimonios de vida evangélica, se intercambian pequeños y grandes dones. Después de la celebración del “lavado de los pies”, uno de los jóvenes participantes exclama: “¡Es fantástico sentirse cristiano!” Una chica dice que participó en varias misiones pero “con Jesús entre nosotros es distinto, de hecho, es Él quien atrae a las personas y es por esto que queremos asistir a los encuentros y a las celebraciones litúrgicas”.

Entre los numerosos encuentros personales, hay uno que nos impresiona particularmente: visitamos a un anciano que vive solo, inmóvil desde hace mucho tiempo. Su situación de higiene es grave. Lo lavamos y limpiamos su pequeñísimo cuarto: lo ayudamos a prepararse a recibir a Jesús Eucaristía y se lo llevamos. Muere al día siguiente. Después de una Semana Santa vivida intensamente y después de haber experimentado la mutua donación en la simplicidad y generosidad, llega la hora de volver a Ciudad de México. Durante el viaje, algunos recuerdan las palabras de Chiara Lubich pronunciadas en la Basílica de Guadalupe en junio de 1997: “La inculturación exige un intercambio de dones”.

Visto el entusiasmo de los jóvenes “misioneros” y de los miembros de las comunidades visitadas, nace la esperanza de que la “Misión” en Santa Cruz no quede como un elemento aislado, sino que sea el comienzo de un proceso de donación creciente de los Focolares en México».

 

 

 

 

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