La revolución del Evangelio

En la clase de P. (Gran Bretaña) hay dos compañeros que siempre lo molestan. “Intenté no responder –le dice a C., su amigo más grande- �pero ellos siguen!”. “Pidamos a Jesús que te dé la fuerza para amarlos todavía más” –sugiere C. Un día P. lleva a la escuela un gran frasco de dulces para festejar su cumpleaños. La maestra le propone que vaya a ofrecerles también a los niños de las otras clases: “�Elige a dos compañeros para que vengan contigo!” le dice. Paul debería llamar a sus amigos preferidos, pero después… “ama al enemigo”. “�Pueden venir T. y L.?” le pregunta a la maestra. �Precisamente los dos compañeros que siempre lo molestan! P. cuenta todo a C.: “�Viste? Jesús me dio la fuerza, y… �sabes? �Ahora ya no me molestan más!”.

F. d. M. de Guatemala: “El otro día papá y mamá pelearon. Estaba triste. ‘Cómo quisiera que fueran felices –pensé- �qué puedo hacer?’. Fui donde mis hermanitos. Tomamos un papel, recortamos corazones y flores y los pegamos en el muro. Papá y mamá estaban mirando la televisión en silencio. La apagamos un momento y yo canté una canción sobre el amor entre nosotros. Papá y mamá se conmovieron y se pidieron disculpas. Mamá lloraba de la alegría. Me sentía feliz. Todos fuimos a dormir contentos. Yo le dije a Jesús: ‘�Gracias!’”.

E., de Trento, recibe mucho dinero por parte de sus abuelos por los dientitos que se le cayeron. Feliz quiere darlo para los pobres que en todo el Movimiento estamos ayudando. “Déjate al menos una parte para comprarte unos zapatos; �los necesitas!” le aconseja el papá. De hecho no tienen tantas posibilidades económicas. “�Pero papá –responde E.- los niños pobres no tienen zapatos!” y lo convence. Poco después llega, de parte de los tíos, un regalo: �son precisamente los zapatos de los que tenía necesidad!

E. de 5 años. Es de San Pablo, la ciudad más grande de Brasil. El señor C. la acompaña todos los días a la escuela. Él no cree en Dios y muchos dicen que es un tipo malhumorado. Una mañana, mientras están en el carro, E. le pregunta: “�Tú sabes qué es un acto de amor?”. “No –responde él- �qué significa?”. “Significa ver a Jesús en todos y hacer a cada uno lo que harías a Jesús”. El señor C. se queda pensativo. Algunos días después, en la mesa, el papá cuenta que el señor C. ha cambiado, que ya no se enoja tanto. “A quien le preguntó, bromeando, qué le había sucedido –continúa el papá- �saben qué respondió? “Pregúntenselo a la pequeña E. �A veces aprendemos muchas cosas de los niños!”.

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