Por una santidad de pueblo

 

De todas las partes de la tierra
Los hechos de protesta y de rebelión de estos días en Haití, los contrastes étnicos de Burundi y del Congo, los terribles aluviones en el Nordeste de Brasil, la situación de minoría vivida por los cristianos en territorio islámico al Norte de África en Kazakhstan: son algunos de los contextos de los que provienen los 105 Obispos amigos del Movimiento de los Focolares que, invitados por el Card. Miloslav Vlk, Arzobispo de Praga, se han reunido desde el 14 al 20 de febrero en el Centro Mariápolis de Castel Gandolfo, para su 28� Encuentro Internacional.

Los Obispos alrededor del Papa
El punto culminante del encuentro ha sido la participación de los Obispos en la audiencia general del miércoles 18 de febrero, que ha ofrecido a los fieles un insólito cuadro: el Papa rodeado por los Obispos en torno a él sobre algunas pequeñas gradas, casi una imagen de la colegialidad efectiva y afectiva. Juan Pablo II, en el mensaje dedicado a los Obispos en el que ha dirigido un saludo especial a Chiara Lubich presente, con ellos, ha expresado su profundo aprecio por la temática del Encuentro, afirmando: “sólo, una comunidad cristiana resplandeciente de santidad puede cumplir eficazmente la misión confiada por Cristo, es decir, difundir el Evangelio hasta los últimos confines de la Tierra”. Y ha subrayado la exigencia de que los bautizados sepan “ vivir con coherencia el Evangelio en la cotidianidad… Precisamente, en lo ordinario debe vivirse lo extraordinario”.

Fraternidad vivida
Ha sido el deseo de crear un momento de intensa fraternidad – en el cual compartir, en un respiro mundial, los dolores, las alegrías, las preocupaciones, los desafíos – lo que ha hecho que se reúnan tantos Obispos de los cinco Continentes. “ Llegué aquí con un gran sufrimiento, pero la presencia de ustedes, su atención su amor, me han reconfortado”, confiaba, al final del encuentro, un obispo proveniente de un País que está en guerra civil. Y uno de sus hermanos en el episcopado, del Norte de África: “Este es un tiempo de gracia, por el hecho que nos encontramos, nos conocemos y vivimos como un solo cuerpo”.

Partir nuevamente del Evangelio
Un encuentro de fraternidad, ciertamente, pero así mismo, de espiritualidad, como expresaba el mismo tema del Encuentro: “ Por una santidad de pueblo: vivir y volver a proponer la ‘medida alta’ de la vida cristiana”. Instancia para nada teórica, sino posible y extremamente actual, como lo han hecho comprender los testimonios de vida de Obispos, familias, jóvenes, sacerdotes, personas comprometidas en la vida parroquial y en el ámbito social. A partir del Evangelio y del característico arte de amar que emerge de éste, se forman familias que, con su vida ‘contracorriente’, llegan a ser pioneros de la nueva evangelización, y comunidades cristianas que desarrollan una tal fascinación, que atraen a quienes miran la Iglesia desde lejos. Ha sido ésta una de las prometedoras perspectivas que el encuentro ha abierto.


El hermano, camino privilegiado para la unión con Dios
Chiara Lubich intervino en el Encuentro con un testimonio suyo sobre “La unión con Dios”, deteniéndose en particular en el “hermano como camino”. “Para nosotros, el camino típico, indiscutible, innegable, experimentado con éxito – afirmaba – es uno: nosotros llegamos a la unión con Dios amando al hermano” Y recordó el sintético trinomio con el que Igino Giordani, co-fundador del Movimiento, solía describir este camino: “ Yo, el hermano, Dios”. “ Yendo por este camino – explicaba la fundadora de los Focolares -, Dios se manifiesta dentro de nosotros. Lo advertimos presente. No estamos ya solos, nosotros con nosotros mismos. Somos dos: Él y nosotros. Y esto, en todas las situaciones de la vida. “ Todos nosotros debemos llegar a ser místicos, para poder vivir el Cristianismo en el mundo de hoy”, comentó un obispo de Hungría, citando la conocida expresión del teólogo Karl Rahner según el cual “el cristiano del futuro o es un místico o no es (cristiano)”.

Las intervienciones de los cardinales Kasper y Re
La Exhortación post-sinodal Pastores gregis, especialmente en su segunda parte, dedicada a la vida espiritual del obispo, ha sido un constante punto de referencia para las reflexiones de los obispos, tanto en las reuniones plenarias como en los encuentros de grupo. Partiendo de ésta, el Card. Walter Kasper, quien intervino presidiendo una de las concelebraciones, habló del obispo como “ hombre de las bienaventuranzas”.
Particularmente esperada la visita del Card. Giovanni Battista Re. Durante la concelebración que presidió, el Prefetto de la Congregación de los obispos expresó su alegría por este Encuentro que ofrece una ocasión propicia “ no sólo para profundizar la relación con Cristo, sino también la fraternidad entre los Obispos”, un aspecto – subrayaba- muy importante en estos tiempos difíciles.

Espiritualidad de comunión: incidencia en lo social
Un catalizador de esta experiencia ha sido la espiritualidad de comunión que se cultiva en el Movimiento de los Focolares y que produce frutos no solamente en el ámbito eclesial, sino también en el diálogo entre las culturas y las religiones “Aquí no se trata únicamente de una experiencia espiritual, sino de un impulso que tiene incidencia universal, también en la economía, en la política, en lo social”, constataba un obispo suizo comentando las eficaces video-síntesis a través de las cuales los obispos pudieron recorrer, decenio tras decenio, los 60 años desde que en 1943 nacieron los Focolares. Una historia cargada de esperanza, porque – como han expresado los obispos – testimonia que Dios, precisamente en este tiempo en el que vientos helados apagan en muchos la fe, está actuando fuertemente y prepara un nuevo florecer de la vida evangélica.

Apóstoles del diálogo
La conclusión del Encuentro, que ha puesto de relieve la fuerte convergencia entre las orientaciones actuales de la Iglesia y los efectos suscitados por el Carisma de la Unidad, fue una conversación de los obispos con Chiara Lubich en la que se profundizó el significado de la inédita expresión con la que Juan Pablo II había definido a los Focolares, en su mensaje por el 60� del Movimiento: “apóstoles del diálogo”, dentro de la Iglesia, entre las Iglesias, con personas de otras religiones y con quien no cree. Los obispos han dicho que quieren ser tales, al volver ahora a sus naciones.

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