El amor y la justicia que trae el Evangelio, camino “para crear estructuras que ofrezcan un crecimiento integral, humano y espiritual”

“He aquí que yo estoy a la puerta y toco. Si alguno escucha mi voz y me abre, yo vendré a él, cenaré con él y él conmigo. Son palabras divinas que llegan al fondo del alma, que sacuden incluso sus raíces más profundas”. Estas palabras fueron pronunciadas el 12 de mayo pasado, por el Papa Benedicto XVI en la Fazenda de Esperança. A dos horas de la metrópolis de San Pablo, la Fazenda es una obra social para la recuperación de tóxico-dependientes, alcohólicos, madres adolescentes, nacida en 1983.  Hoy en día son 42 los centros difundidos en Brasil y en otras 8 naciones, entre las cuales Alemania y Rusia.

El Papa enseguida va al corazón de la experiencia de los jóvenes que lo escuchan: “A un cierto punto de la vida, Jesús viene y toca, con un toque suave, en lo profundo de  corazones bien dispuestos. Con ustedes, Él lo hizo a través de una persona amiga o un sacerdote, o quizás, predispuso una serie de coincidencias para hacerles entender que son el objeto de la predilección divina”. Sí, es precisamente lo que los jóvenes huéspedes de la Fazenda experimentan: “no sólo –como sigue diciendo el Papa- logran liberarse de la dependencia de las drogas y del alcohol” –hoy día son 10.000- “sino que encuentran a Dios y la participación activa en la vida de la Iglesia”,  se abre para ellos así el camino de la esperanza.

Benedicto XVI expresa su “aprecio por esta Obra que tiene como fundamento espiritual el carisma de San Francisco y la espiritualidad del Movimiento de los Focolares”. El espíritu de la Fazenda está en profunda sintonía con el fuerte mensaje que Benedicto XVI ha lanzado desde Brasil para toda América Latina, especialmente en el discurso de apertura de la V Conferencia General del Episcopado de América Latina. Como dijo el P. Federico Lombardi, director de la sala de prensa vaticana, el Papa “ha afrontado en una clave cristiana los retos provocados por las grandes injusticias, los desequilibrios de este continente”. Y una vez más indicó en los “valores del amor y la justicia que ofrece el Evangelio y en el anuncio de la Iglesia” el camino “para crear estructuras de carácter social, económico, político que ofrezcan un crecimiento integral, humano y espiritual”.

“Cualquier cosa que hayan hecho al más pequeño de mis hermanos, a Mí me lo hicieron”. Es viviendo estas palabras, con simples gestos cotidianos, que nace la Fazenda de Esperança. De personas – un franciscano alemán, Hans Stapel, y un joven brasileño, Nelson Giovannelli, quienes, sin ningún programa, día tras día se dejan guiar por el Espíritu Santo.

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