Diplomacia internacional se confronta con Wojtyła y Chiara Lubich

«Para nosotros ustedes significan una parte importante del proceso de paz que la humanidad espera»: es con gran alegría que María Voce acoge a los diplomáticos reunidos en el Centro Internacional del Movimiento de los Focolares en Rocca di Papa, el 8 de junio de 2011. Centro que el mismo Papa Juan Pablo II visitó en 1984.

Los embajadores presentes eran 13 y 5 diplomáticos en representación de las propias embajadas, además de representantes de algunos dicasterios pontificios, la presidente de los Focolares, y algunos miembros del Consejo General del Movimiento.

La reciente beatificación del Papa Wojtyła llevó a los Focolares y a la Embajada de Polonia ante la Santa Sede ha promover el encuentro de hoy, con el deseo de expresar la profunda gratitud a Juan Pablo II, quien siguió con gran amor a los Focolares desde el inicio de su episcopado en Polonia. Esta cita viene después de una primera, dirigida a los Embajadores acreditados ante la Santa Sede, promovida en el 2010 con ocasión del segundo aniversario de la muerte de la fundadora, Chiara Lubich.

«Los vemos comprometidos en el diálogo – prosiguió Maria Voce, quien estaba regresando de un largo viaje por Europa Oriental-. En medio de una sociedad caracterizada por tensiones, conflictos, amenazas, e incluso guerras, su función es preciosa». Además encontró una “sintonía especial” entre el trabajo de los diplomáticos y el de los Focolares. De hecho, el Movimiento «tiene como finalidad propia contribuir a la realización del sueño de Jesús: “Que todos sean una cosa sola”».

Fueron varias las intervenciones. La Señora Anna Kurdziel, Primera Secretaria de la Embajada de Polonia, subrayó la afinidad entre Juan Pablo II y Chiara Lubich, dos extraordinarias figuras del ‘900, en una evangelización que empieza por el amor. El embajador italiano ante la Santa Sede, Francesco María Greco, recordó la herencia de Juan Pablo II a Italia, no última la importancia que él le dio a los Movimientos Eclesiales, elemento de cohesión nacional además que de moralización de la vida social. Finalmente Mons. Joao Braz de Aviz, prefecto de la Congregación de los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica, los exhortó a «conocer y apreciar el carisma de la unidad, como un gran signo de esperanza para el mundo de hoy».

De la voz de una testigo directa y calificada, Eli Folonari, escucharon cómo era la relación de Juan Pablo II con Chiara Lubich, desde la primera invitación a una Misa en la capilla privada pocos días después de su elección a la sede pontificia, a las 30 cartas autografiadas, las indefectibles llamadas telefónicas de felicitación el día de Santa Chiara, las 9 invitaciones a almorzar… “Chiara quería su confirmación, pero sobre todo quería darle alegría”. Y así era, si en distintas ocasiones el Papa dijo que en cada encuentro con ella o con los focolarinos sentía “una gran consolación”. (www.centrochiaralubich.org)

Después dos jóvenes les ofrecieron su testimonio sobre los encuentros de Juan Pablo II con su generación, y los cónyuges Zanzucchi con las familias, a partir de su conocimiento personal y directo del Santo Padre. Se presentó también el compromiso de Chiara Lubich a favor de la comunión entre los Movimientos, un compromiso prometido al Papa en la plaza San Pedro durante la vigilia de Pentecostés ’98, Gabriella Fallacara; habló del frente ecuménico durante tantos años, y presentó la experiencia de “Juntos por Europa”, el camino de Movimientos y Comunidades de varias Iglesias en y por el continente europeo, que tendrá como próxima etapa un encuentro en Bruselas el 5 de mayo de 2012, conectado a varios eventos contemporáneos en muchas ciudades europeas.

A Mons. Vincenzo Zani, subsecretario de la Congregación para la Educación Católica, presente junto al secretario Mons. Jean-Louis Bruguès, le pedimos como conclusión una frase sobre el significado de este encuentro: «Me viene la mente la meditación de Chiara Lubich con el título “Diplomacia”. Chiara habla de la diplomacia del amor que en su simplicidad es capaz de devolver el alma y la sangre para que circule por las estructuras de la vida social y política, que tantas veces parecen superestructuras. Hoy aquí hay una expresión de esta estructura de la vida social y política que son las embajadas y la diplomacia. Si hay amor se entiende que el mundo tiene necesidad de esta red, invisible, oculta pero al servicio del bien común, de la unidad».

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