Igino Giordani: de Montecitorio al mundo



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Servicio fotográfico: T. Arzuffi

«La política está hecha para el pueblo y no el pueblo para la política. Ella es un medio y no un fin. Antes la moral, antes el ser humano, antes la colectividad, después el partido, después la agenda política, después las teorías de gobierno». Empezó con esta cita de Giordani, Gianfranco Fini, Presidente de la Cámara del Parlamento Italiano, en la inauguración del encuentro dedicado al diputado del Partido Popular, quien conoció tiempos bien difíciles durante las persecuciones fascistas, las atrocidades de la guerra, la incertidumbre de la reconstrucción.

Estamos en la Sala de la Loba, el 14 de junio 2011, colmada con 200 personas. Ante este público Fini señaló tres puntos fundamentales de la labor de Giordani: dignidad del hombre, libertad, trabajo. Fueron batallas conducidas por él, algunas veces anticipando los tiempos y arriesgándose a ser incomprendido: como por la ley de objeción de conciencia. El Presidente de la Cámara recordó también su batalla personal, caída en la nada: la solicitud al Parlamento Europeo de no desconocer el papel del cristianismo en las raíces de Europa. La derrota política, las incomprensiones tienen un sabor amargo, sin duda, pero Giordani, en los momentos críticos de la historia parlamentaria, aun en medio de gritos y contrastes ideológicos fortísimos logró hacer prevalecer la razón, el humanismo, el espíritu cristiano que convenció también a los marxistas. Lo recuerda en varios pasajes Alberto Lo Presti, director del Centro Giordani quien trazó su perfil, dándole en algunos momentos la palabra mediante videos de sus intervenciones.

De Montecitorio al mundo fue el título elegido para el momento conmemorativo, para indicar la universalidad del mensaje de Giordani, pero al mismo tiempo la particularidad de un encuentro que tuvo lugar precisamente en Montecitorio, que transformó literalmente su vida, volviéndolo irreconocible para sus mismos compañeros de partido.

Los detalles del este encuentro con Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, que le transmitió a Giordani la pasión por la unidad y por un Evangelio que entra en la historia y puede resolver incluso la problemática social más compleja, los contó María Voce, la actual Presidente del Movimiento. «(Chiara) acercaba a Dios: lo hacía sentir Padre, hermano, amigo, presente en la humanidad» citó María Voce quien explicitó la visión política de Chiara Lubich, centrada en el principio de la fraternidad que «consciente comprender y hacer propio el punto de vista del otro de modo que ningún interés y ninguna exigencia resulten extraños». «Es necesario un pacto de fraternidad por Italia –fue el auspicio de la Presidente de los Focolares- porque el bien del país tiene necesidad del trabajo de todos».

La herencia de Lubich y de Giordani, recogida por el Mppu (Movimiento Político por la Unidad), propone a los parlamentarios y políticos, concejales y funcionarios públicos, estudiosos de todos el mundo, de difundir el principio de fraternidad, dentro de la acción política. Cómo se aplica prácticamente lo explican dos parlamentarios italianos, de tendencias políticas opuestas que han acogido este reto.

Giacomo Santini, senador del “Pueblo de la Libertad”, admite las dificultades de «considerar hermano a quien desde la otra parte del hemiciclo te ha insultado pocos minutos antes, como provocadoramente Lubich invitaba a hacer» sin embargo es posible y Giordani lo demostró permaneciendo en la trinchera política, en las contraposiciones ideológicas, pero en el respeto de la diversidad. Letizia De Torre, diputada del Partido Democrático recordó un Giordani «seguro de sus convicciones, pero no cerrado, capaz de ver lo positivo, capaz de diálogo». Ahora recoger su herencia significa para De Torre «reconstruir una democracia de la comunidad y no del 50% más uno, una democracia de la reciprocidad en el Parlamento y en el país».

La palabra pasa después a los estudiantes de las escuelas de participación animadas en todo el mundo por el Movimiento Político, que abren horizontes de esperanza y de renovación, quizás a partir de situaciones de crisis extrema como por ejemplo en Argentina. Carlos, para conseguir una especialización en Derecho Laboral cuenta que durante la crisis del 2000, cuando su pueblo estaba por los suelos, la decisión de invertir en formación política podía parecer utópica y no ciertamente resolutiva de dramas cotidianos: sin embargo hoy ha dado como fruto 200 administradores locales que en la óptica de la fraternidad intentan dar respuestas a los problemas del país, mientras que las escuelas se han multiplicado hasta llegar a la Tierra del Fuego.

También en Brasil, denunciar las desigualdades sociales y de la pobreza opresora no le pareció suficiente a Daniel, un periodista que está cursando la Maestría de Ciencias Políticas en la Universidad Sophia de Loppiano. Volver a la lógica del servicio, de una conciencia formada al bien común, que se inclina ante los problemas de su gente, ha sido la línea de su compromiso que corresponde precisamente con la experiencia del Movimiento Político y con el pensamiento de Giordani, desde la pequeña aula de Montecitorio, de una forma que él mismo quizás nunca habría imaginado, ahora se ha convertido en un maestro de vida y de compromiso en todo el mundo.


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