Los Tai no se abandonan

La situación provocada por la inundación más grande que haya sufrido Tailandia en los últimos 50 años, está mejorando lentamente.

Algunas cifras, según los últimos datos estimados:

  • 7 millones de personas afectadas, alrededor de 700 víctimas, sobre los 10 millones de habitantes de Bangkok.
  • 80 % de la superficie de la ciudad invadida por el agua. De los 50 distritos de Bangkok sólo 9 permanecieron secos: los demás fueron cubiertos por el agua, de 20 a 200 cm. 17 provincias se vieron afectadas directamente.
  • 37 billones de dólares es el estimado del desastre.
  • 60 millones de toneladas de cosecha (principalmente arroz) se perdieron.
  • 8 entre los más grandes parques industriales se inundaron, con la consecuente pérdida de alrededor de 1.200.000 lugares de trabajo y consecuencias para la industria de Tailandia y otros países (Japón tiene alrededor del 40% de sus fábricas en los 8 parques inundados).

Todo empezó –nos estriben Elena y Chun- en el mes de julio: la lluvia, que tenía un mes de atraso en el calendario, recuperó el tiempo perdido, superando la cantidad del año pasado hasta llegar a casi el doble de la del 2010. En septiembre la situación se volvió grave y, en octubre, gravísima.

Bangkok, llamada ‘la Venecia de Oriente’, tiene alrededor de 2000 km de canales que la hacen una de las ciudades del mundo mejor preparadas para el desagüe de la lluvia, pero ciertamente no con este volumen. Los expertos se encontraron delante de una situación imprevista.

Tantos abandonaron Bangkok. Parecía la escena de una película, si bien las personas no llegaron a ser víctimas del pánico. Nosotros, junto a los demás, decidimos permanecer, quedándonos al lado de la gente y hacer nuestra parte. La gente empezó a ayudarse, aun sin conocerse, mientras que quizás antes se ignoraban. ¿Quién salvó la nación de un desastre de estas proporciones? La gente que amando donó más allá de sus propias fuerzas; la gente con la casa inundada que se sacrificó (en el norte del antiguo aeropuerto) para que se salvara al menos alguno de los barrios de Bangkok; la gente que supo tener corazón para los demás… fue mucha.

También los más ricos, actores, periodistas, fueron a dar vueltas con sus barcos, para distribuir personalmente artículos alimenticios. La vida en la ciudad la salvó la gente común que dio la esperanza que “juntos lo podemos lograr”. Ciertamente también los militares, muchos empleados gubernamentales trabajaron más de 15 horas al día para dar ayuda; incluso personas ancianas que fueron a cocinar a los centros de refugiados. También los monjes budistas acogieron en sus monasterios a miles de personas ancianas, enfermas, niños, madres; o por ejemplo un sacerdote que llenó la escuela privada con personas damnificadas y después fue con su barco a rescatar la gente que estaba en los techos de la casa. Esta es la auténtica Tailandia que enseña a vivir, a gozar y a sufrir con quien sufre. Es el milagro de la vida que vence a la muerte.

También nosotros de los Focolares nos hemos dado qué hacer. Muchas de nuestras familias se vieron afectadas, algunas hace semanas que tienen la casa bajo el agua. Entre nosotros hubo quien fue a pedir ayuda para los damnificados en las paradas de los buses, o fue a los centros de refugio para ayudar. Abrimos nuestras casas y acogimos a quien tenía necesidad de ayuda; llamábamos a las personas por teléfono todos los días, para que se sintieran amadas, para dar ánimo y consolidar la unidad entre nosotros. En este período trágico hemos visto surgir la parte más bella del pueblo tailandés: más allá de las diferencias políticas que hace un año y medio habían dividido el país, prevaleció un gran amor por el prójimo que sufre.

Una reportera de CNN definió esta corriente de solidaridad que invistió toda la sociedad tai como “un extraordinario fenómeno social”. También nosotros hemos vivido el dicho que circula en estos días: “Los tai no se abandonan”. El amor nos ha hecho ser todos tai, aunque hayamos nacido en otra parte del mundo. Nadie sabe con certeza cuándo volverá la normalidad. Pero se avanza, superando cada día muchas dificultades.

Elena Oum y Chun Boc Tay

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00046 GROTTAFERRATA (ROMA)
ITALIA

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