Del fútbol al mundo unido. Historia de Nacho

“Me llamo Nacho,  soy argentino y tengo 25 años. Durante muchos años jugué  al fútbol en un equipo importante de la Argentina y mi vida despacito se encaminaba hacia ese mundo de una  manera profesional. Estaba ennoviado con una chica que vivía desde chiquita el mismo ideal basado en los valores evangélicos. Soñábamos con casarnos y  tener muchos hijos. Tenía  mil planes sobre como sería pasar el resto de mi vida con ella.

Resumiendo, era un joven feliz con mi vida cristiana  y con el ideal de un  mundo unido por el cual había elegido vivir!  Fue así que un día mientras le agradecía a Dios por haberme acompañado siempre en mi vida, y por lo que estaba viviendo junto a Lucía, sentí dentro que El me decía:  “Nacho, ¿estás dispuesto a  seguirme, a dejar todo y consagrar tu vida solo a mi?” Y en seguida sentí el impulso de responder: “Por supuesto que estoy dispuesto”.

Después me puse a pensar qué quería decir “mi todo”, y comprendí  que Dios me pedía que lo siguiera,  dejando mi familia actual,  mi papá, mi mamá, mis hermanos, pero sobre todo dejando a mi posible familia futura. Lo hablé con Lucía. No fue un momento muy fácil para ninguno de los dos. Incluso ese mismo día, y con lágrimas en los ojos, tuve la confirmación de la decisión que estaba por tomar: seguir a Jesús como focolarino, como lo hizo tantos años antes Chiara Lubich.

No es simple expresar con palabras lo que experimento hoy sobre aquella famosa promesa de Jesús que Todo aquel que haya dejado casa,padre, madre, hijos, recibirá cien veces más…

Y esto lo vivo cada día, por ejemplo cuando doy un poco de mi tiempo a alguien que lo necesita, sintiéndolo realmente como un hermano…y sufrir o gozar con él.  Hace algunos días llegué a casa  cansadísimo después del trabajo, con ganas de no hacer otra cosa más que descansar. Otro focolarino estaba preparando la cena y me pidió que le diera  una mano porque estaba un poco atrasado. Me puse a ayudarlo, y así, olvidándome de mi cansancio, sentí adentro una felicidad inmensa de poder vivir por él.

Haciendo estas pequeñas experiencias, logro descubrirme a mi mismo un poco más. Veo que mis límites se convierten en un trampolín de lanzamiento y que mis horizontes se amplían sobre todo hacia otras culturas. En la convivencia con personas de otros países siento que las únicas barreras que pueden existir son las que están dentro de nosotros mismos. Y esto me hace también superar el miedo de ir contra algo desconocido, hacia aquello que es distinto de mí mismo, porque he comprendido que la diversidad no crea la división sino que sirve para complementarnos.

Ahora estoy completando mi formación en la Escuela de los focolarinos en Suiza. Luego, no sé a cual focolar del mundo iré, con quien viviré, pero siento que Dios  me ha llamado personalmente para contribuir a la realización de la fraternidad universal, y abrazar a la familia humana con un corazón libre. Por este ideal  quiero dar mi vida”.

Por Genfest 2012


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