«La sociedad de hoy tiene una gran necesidad de un estilo de vida que refleje la novedad que nos ha donado el Señor Jesús: hermanos que se quieren a pesar de las diferencias... Este testimonio hace nacer el deseo de involucrarnos en la gran parábola de la comunión que es la Iglesia». Así dijo el  Papa Francisco saludando, el 27 de febrero, al grupo de  obispos amigos del Movimiento de los Focolares recibidos en audiencia en la Sala Clementina, durante su congreso anual.

El Papa Bergoglio consideró como “una cosa buena” la oportunidad de “una convivencia fraterna, en donde sea posible compartir las experiencias espirituales y pastorales en la perspectiva del carisma de la unidad”. «Como Obispos –les dijo– ustedes están llamados  a dar a estos encuentros el respiro amplio de la Iglesia, y hacer que lo que reciben sea un beneficio para toda la Iglesia».

Citando la Carta apostólica Novo millennio ineunte de Juan Pablo II, recordó el deber de “hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión” para asegurar “la eficacia de todo compromiso en la evangelización”. Después subrayó que “es necesario promover una espiritualidad de comunión”, hacerla “emerger como principio educativo en todos los lugares donde se plasma el hombre y el cristiano” y que “cultivar la espiritualidad de comunión contribuye, además, a hacernos capaces de vivir el camino ecuménico y el diálogo interreligioso”.

El saludo inicial en nombre de todos los obispos lo dirigió Francis-Xavier Kovithavanij, arzobispo de Bangkok y moderador del Congreso. Se refirió a su constatación personal que “así como hizo Chiara Lubich, al descubrir a Jesús crucificado y abandonado como el “super-amor”, tenemos un acceso siempre abierto a la alegría, a la fuente de la irradiación cristiana en el mundo de hoy”. Como todos, “en la vida cotidiana encontramos dolores, problemas, fracasos, discrepancias”, pero tratamos de asumirlas “como la única posibilidad de asemejarnos a Cristo… en beneficio de su cuerpo que es la Iglesia”. Una larga fila de apretones de mano, de breves coloquios y la alegre foto de grupo, concluyó la audiencia con el Papa Francisco, dejando en los presentes el perfume de la Colegialidad vivida.

Los días transcurridos del 24 al 28 de febrero, en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo, por unos sesenta obispos de los cuatro continentes, se desarrollaron bajo el lema “La reciprocidad del amor entre los discípulos de Cristo”. María Voce, presidente de los Focolares, ofreció una reflexión sobre este tema que resulta central en la espiritualidad de los Focolares, seguido por un intenso diálogo con comentarios y testimonios. También fueron muy apreciadas las intervenciones de los laicos en especial las de una familia y de un vivaz grupo de jóvenes. Dos mesas redondas suscitaron una reflexión conjunta sobre dos temas cruciales: “Las líneas eclesiológicas que emergen del primer año de pontificado del Papa Francisco”, moderadas por el Card. João Braz de Aviz, Prefecto de la Congregación para la vida Consagrada y Mons. Vincenzo Zani, Secretario de la congregación para la Educación católica; y “Sinodalidad y Primado, a la luz de las enseñanzas  y la praxis del Papa Francisco”, con el Card. Kurt Koch, Presidente del Consejo Pontifico para la promoción de la unidad de los cristianos, Mons. Brendan Leahy, obispo de Limerick, Irlanda, y Mons. Christoph Hegge, obispo Auxiliar de Muster, Alemania.

Los cuatro días romanos, entretejidos por la espiritualidad de la unidad, fueron también una ocasión privilegiada para escuchar la voz y conocer el compromiso de los cristianos en las iglesias esparcidas en el mundo, y sus puntos críticos. Una dimensión que llamó la atención de muchos medios, que recogieron y difundieron los testimonios de los obispos presentes –especialmente de los provenientes de países lacerados por la guerra, la inestabilidad política, económica y social- y la experiencia de “colegialidad afectiva y efectiva” vivida.

De Victoria Gómez

Video de la audiencia

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