Desde Colombia en el Sínodo de la familia


FamigliaRojas_PapaFrancesco - CopyEstán casados desde hace 23 años y tienen dos hijos adolescentes. Fueron formados en la fe con bases sólidas por sus familias de origen, se conocieron en el ámbito del Movimiento de los Focolares, del que todavía forman parte. «Tiempo atrás trabajamos con un grupo de jóvenes en un barrio marginal de la periferia de Bogotá –cuentan [en su testimonio en el Sínodo] – Allí jugaban con los niños, les enseñaban a los adultos a leer, ofrecían gratuitamente servicios médicos y dentales». Se trata de Los Chircales, un barrio donde actualmente tiene su sede el Centro social Unidad: «Fueron muchos los obstáculos – afirma la pareja colombiana – empezando por la preocupación del personal y el temor de ir a estos barrios y a ambientes tan degradados. Pero la voluntad de servir a estos hermanos fue más fuerte que nuestras debilidades».

FamigliaRojas_PapaFrancesco_b«Nos casamos –dicen recordando algunas etapas de su historia- y muy pronto la gracia del sacramento se manifestó». Caracteres muy distintos: Luis, “un tipo tranquilo”, María Angélica “un volcán”. «Sabíamos que el amor humano se desvanece fácilmente: los años pasan y el encanto inicial disminuye. Por eso era importante robustecernos nutriendo nuestro amor con el amor de Dios que nos enseña a amar en las pequeñas cosas de todos los días». «Para mí significaba no esperar que me sirvieran siempre –confiesa Luis- sino más bien ayudar a lavar los platos o escuchar con atención cuando ella quería contarme algo. Por su parte M. Angélica veía conmigo las carreras de Fórmula 1…»

«Experimentamos que nutriéndonos de la Eucaristía, acercándonos al sacramento de la confesión y estando en esta actitud de amor recíproco, Jesús se hacía presente en medio nuestro y así teníamos la luz para educar y corregir a nuestros hijos, y también la fuerza para afrontar las dificultades que se presentaban».

«Hace poco tiempo discutimos en forma fuerte y la unidad entre nosotros se rompió. Esa noche nos fuimos a dormir sin pedirnos disculpas», una de las tres palabras que para el papa Francisco no deben faltar en la vida de la pareja: «Llamé a Lucho por teléfono –cuenta M. Angélica- y le pedí disculpas por contestarle mal. Fue la ocasión para abrir un diálogo entre nosotros. Ciertamente somos frágiles, pero precisamente por eso queremos comprometernos a recomenzar a mar cada vez que nos equivocamos».

Junto a los obispos y a los sacerdotes de algunas ciudades de Colombia, con otras familias y jóvenes, organizaron una serie de visitas a algunas comunidades pobres: «La idea era compartir nuestras experiencias y ofrecer una cierta formación en familia. Algunas de estas parejas con confiaron su deseo de acercarse al sacramento del matrimonio».

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Entrevista con Rome Reports (inglese)

«Con las parejas de novios vemos que, gracias a esta cercanía, algunos han tomado la decisión valiente y contra la corriente de elegir a Dios como centro de su vida, de vivir aspectos como la castidad en la relación de pareja, de vivir por los demás, dedicando a esto tiempo y energías».

«Nuestra experiencia –concluyen- nos lleva a confirmar que así como es la familia será la sociedad. Sabemos que las familias están llamadas a cosas grandes, por eso todos los días pedimos a la Sagrada Familia la gracia de permanecer fieles al amor, para ser constructores de una sociedad más humana y al mismo tiempo más divina. Soñamos que, con el aporte de todos, la humanidad se transforme realmente en una familia».

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