Guerra en los Balcanes: Chiara estaba a lado nuestro


Cuando cayó el muro de Berlín, parecía que todo estaba solucionado. Nadie podía imaginar que los muros de la desconfianza, del odio, del prejuicio seguirían levantándose en la ex Yugoslavia, obstaculizando lo que las comunidades de los Focolares allí presentes habían intentado construir durante muchos años, es decir la unidad entre todos, a pesar de la variedad de etnias, idiomas, religiones. Diversidad que todos ellos habían logrado percibir como riqueza. El anuncio del conflicto fue un verdadero shock, pero también un impulso para seguir creyendo que el inmenso amor de Dios no desaparecería, aún en lo absurdo de una guerra fratricida.

20160314-02«Era agosto de 1991 – cuenta Minka Fabjan en nombre de la comunidad de Zagreb, experta en administración y activa en el ámbito de la Economía de Comunión – y entre miles de peripecias un grupo fuimos a Katowice (Polonia) porque sabíamos que allá nos encontraríamos con Chiara Lubich. Ella nos invitó a dar testimonio del Evangelio con todos los medios posibles, a ‘gritarlo desde los tejados’. En Croacia empezaban ya los primeros atisbos de la guerra: las escuelas cerradas, las carreteras interrumpidas… En este clima de guerra, impresionaba mucho escuchar en la televisión y en las emisoras radiofónicas, nuestros mensajes de paz que habíamos enviado a los medios de comunicación, según la exhortación de Chiara. No obstante, las hostilidades seguían intensificándose. Chiara a menudo nos llamaba para saber cómo estábamos y para animarnos: “Demuestren con su vida que el amor lo vence todo”. Fue ella quien nos sugirió recoger firmas por la paz: en las escuelas, delante de las iglesias, en las plazas, en Eslovenia, Serbia, en todas partes. En Croacia, debido a las alarmas, las recogíamos en los búnkeres. En pocos días enviamos a varios Jefes de Estado unas 65.000 firmas».

«Mientras tanto nuestras casas se llenaban de refugiados: eran nuestros familiares, amigos, pero también personas desconocidas. Entonces Chiara invitó a los miembros del Movimiento en el mundo a que se movilizaran para enviar ayudas. En otoño llegó el primer conteiner con víveres y productos de primera necesidad, una acción que duró años. Sótanos, casas en construcción, la sede de la Cruz Roja, salas para conferencias, etc. se transformaron en almacenes para clasificar lo que llegaba y compartirlo con vecinos y refugiados, tanto serbos, como musulmanes o cristianos. Hacíamos incluso 300 cajas en un día. Con estas ayudas humanitarias, logramos apoyar con regularidad a unas 7000 personas».

«Ya nos pesaba el cansancio, cuando el papa Juan Pablo II, en 1993, nos pidió que abriéramos nuestros corazones y nuestras casas a las mujeres bosniacas que llegaban a Zagreb después de las indecibles crueldades que sufrían en los campamentos. Sentíamos que Chiara estaba a lado nuestro, así que todos nos movilizamos. En el Familyfest de 1993, lanzamos en mundovisión una recaudación de fondos que permitió dar una casa a 50 familias refugiadas y ayudar a más de 150 mujeres. A través del programa de apoyo a distancia, se pudo socorrer también a miles de niños. Algunas de estas mujeres, víctimas de violaciones, encontraron la fuerza heroica de llevar a término el embarazo. En Serbia habían sido enrolados en el ejército federal unos 700 hombres, entre ellos muchos del Movimiento. Cuando Chiara lo supo, nos invitó a todos a pedir por ellos, para que tuvieran la fuerza de oponerse a la violencia y no disparar. Y las oraciones fueron escuchadas: a los ‘nuestros’ les asignaron un servicio civil».

La guerra había comprometido también Kosovo y Belgrado; a pesar de ello, Chiara quiso viajar a la cercana Croacia. Ante la pregunta de un periodista (Ottone Novosel de Večernji list, el periódico de mayor difusión) si tenía una palabra para estas poblaciones, Chiara no titubeó: «Demuestren que el milagro de la unidad es posible también entre maneras distintas de pensar, entre pueblos distintos, entre religiones distintas. Es Dios quien guía la historia. Por reacción, esta guerra podría suscitar una gran corriente de amor que podría convertirse en un ejemplo para muchos pueblos» (12.4.99). Este mensaje de Chiara Lubich es de una impresionante actualidad también pensando en los numerosos conflictos que aún hoy siguen deturpando el planeta y deshonrando nuestra humanidad.

 

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