Lahore: un ataque contra el ser humano


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Foto: Flickr CC / NC_20 CNA

Lahore es la segunda ciudad de Paquistán, se encuentra en la provincia de Punjab, en el noreste del país. «En todo el país, desde hace tiempo, las escuelas y las universidades están siendo protegidas como fortalezas, las iglesias y las mezquitas son vigiladas por guardias armados: ciertamente un parque público no podía ser protegido así. Impresiona que la mayor parte de las víctimas son niños y familias completas, muchas de ellas estaban festejando la fiesta de Pascua», escriben desde la comunidad de los Focolares de Lahore.

Eran las 19 horas, hora local, del día 27 de marzo, cuando un kamikaze se hizo explotar en el Gulshan- e- Iqbal Park. Un crimen “vil e insensato”, como lo definió el papa Francisco en el

Regina Coeli, recordando la Pascua en Paquistán “ensangrentada por un execrable atentado, que produjo estragos en muchas personas inocentes”, entre ellos 29 niños y muchas mujeres.

«Junto con todos – escriben aún desde Lahore- queremos nuevamente abrazar este rostro de Jesús Abandonado para que Él pueda transformar este gran dolor en un nuevo impulso de amor, generar Luz que ilumine las mentes y dar fuerza a todas las personas de buena voluntad. Estamos rezando por todas las víctimas, por los heridos y por todas las familias implicadas y sobre todo para que el odio no produzca más odio».

«Estaba yendo con mis nietos al parque y en determinado momento quise volver a casa y hacer un paseo distinto», atestigua una amiga que con este cambio de programa no fue dañada por la tragedia. «Estaban también nuestros parientes en el momento de la explosión, pero no sufrieron daños. Entre ellos, estaba un joven de 18 años que socorrió a un niño que murió poco después entre sus brazos»

«Invito a que recemos al Señor por las numerosas víctimas y por sus seres queridos», dijo el Papa, refiriéndose también «a las autoridades civiles y a todas las organizaciones sociales» de Paquistán, «para que realicen todos los esfuerzos posibles para devolver la seguridad y la serenidad a la población, y, en particular, a las minorías religiosas más vulnerables».

«Es impresionante ver con que sacralidad y dignidad se vive el dolor – atestiguan desde la ciudad atacada- y cuánta solidaridad existe: los heridos fueron llevados con vehículos particulares, sin miedo, a los hospitales más cercanos. El personal hospitalario trabajó sin pausa. Cuando se produjo un llamado de donantes de sangre, se formaron largas filas en los hospitales. El sufrimiento en que se vive allí, desde hace tiempo, y que parece llegar a su máximo, hace nacer una nueva actitud al soportar y al actuar, una nueva esperanza que se expresa en pequeños gestos que demuestran un único deseo: Paz».

«En varios lugares la gente salió a las calles y encendió velas. También las protestas se desarrollaron pacíficamente. En las primeras páginas de los periódicos de todo el mundo se habla del atentado contra los cristianos y tal vez era así, pero aquí lo vivimos como un ataque hacia el ser humano y no existe diferencia. Las víctimas son musulmanas y cristianas. Fueron muy bien recibidos todos los gestos de solidaridad que llegaron del extranjero, como el haber apagado las luces de la torre Eiffel. Hicieron experimentar- concluyen- que Paquistán no está aislado en el sufrimiento de esta tragedia tan dolorosa y absurda».

Maria Chiara De Lorenzo

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