Venezuela: apuntes de viaje


Venezuela_04«Vuelvo después de 5 años: el impacto es increíble, no reconozco Venezuela. La descripción que me hizo el joven que estaba sentado a mi lado en el avión, expresa el dolor de un pueblo afligido pero no resignado. “¡Todavía conservo un poco de esperanza!”, me decía, describiéndome los lugares más hermosos de su tierra e invitándome a visitarlos.

En Caracas las personas te transmiten una sensación de vacío. Sólo los niños dan un toque de vitalidad a una realidad que parece absurda.

El viaje hacia Puerto Ayacucho dura más de 17 horas. A lo largo del trayecto, la mirada se detiene en un joven que, rebuscando en el cubo de la basura, trata de encontrar algún resto de alimentos. Pero lo que me indica a qué nivel de miedo y de falta de solidaridad se ha llegado es la noticia de que dos muchachos, de 14 y 15 años, perdieron la vida porque los encontraron robando mango en un árbol. Éste es otro tipo de homicidio debido al hambre.

La ciudad está en la frontera con Colombia. La llaga que más duele son los homicidios de jóvenes que, a los ojos de quienes tendrían que protegerlos, son vistos como violentos, ladrones, a los cuales hay que aplicar el castigo extremo. Así le ha sucedido también a Felipe Andrés, un joven de 17 años quien, para proteger a su hermano, no reveló a los que lo habían sacado de la casa de su abuela, dónde podía estar. Por esta actitud, fue asesinado brutalmente con un número de balazos igual a sus años de edad.

Venezuela_nuvolettaEstamos en uno de los barrios a las afueras de Valencia. Me impresiona una cola para comprar las bombonas de gas. Ángel, 12 años, tan inocente como expresa su nombre, me confía con toda sencillez: “Yo no crezco porque no bebo leche”. Incluso la leche en polvo es considerada uno de los bienes más valiosos del país.

Se me han quedado impresos los ojos sencillos y vivísimos de estos pequeños que he conocido.

Un tarde con los jóvenes. Se siente un gran deseo de rescate. Sus experiencias refuerzan el deseo de ser portadores de esperanza, empezando por sus amigos, en la escuela, en el trabajo…

En la Nubecita. Un microbús nos lleva más arriba, donde se encuentra el Centro Mariápolis “La Nubecita”. Allí se llega recorriendo lugares marcados por la pobreza. También aquí se ven varias colas para poder adquirir algún producto. Gabriel me agradece la pasta que le he ofrecido. “Sabes, yo como pasta sólo el domingo” – “¿Y los otros días?” – pregunto. “Los otros días sólo sopa”. Le pregunto si le alegra que estemos juntos. “Sí – me responde – porque aquí todos están contentos”.

Venezuela_07En el momento de partir, llega otra noticia terrible: me hacen saber que Fabián, un muchacho tan límpido y vivaz, pocos meses antes había perdido a su papá de forma trágica, asesinado por sicarios. Se me ocurre contarle mi experiencia: justamente la enfermedad y la muerte de mi papá me hicieron acercar de nuevo a Dios. Nos miramos y parece que nos comprendemos al menos un poco más.

Llegamos a Maracaibo, la ciudad más calurosa de Venezuela. Damos una vuelta y recorremos los más de ocho kilómetros del puente que la une a San Francisco.

En Tamale nos espera una jornada con los Chicos por la unidad. Oír a una muchacha de trece años decir: “He animado a mi mama a perdonar a aquel que mató a mi padre”, no puede dejar a nadie indiferente.

La cita sucesiva es en una parroquia. Nos reciben con cantos y después se inicia el diálogo: “¿Qué hacer cuando un muchacho te dice que no vuelve a casa porque no tiene nada que comer?”. Trato de responder hablando del silencio de Dios que Jesús probó en la Cruz.

Nos dejamos con una frase que uno de los muchachos comunica a todos: “La fuerza del amor es más fuerte que el dolor”». (A. S.)

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