Evangelio vivido: “Ahora los mando a ustedes”


20170601-01Bautismo
«Es casi la hora del almuerzo, cuando un hombre toca a la puerta de la parroquia para fijar la fecha de un bautismo. Como no es un parroquiano, le pido unas aclaraciones. La situación es compleja: tuvo un hijo con una compañera, y su hermana insiste para que el niño sea bautizado. Trato de anotar rápidamente sus datos y me despido. Saliendo, vuelvo a pensar en la manera tan apresurada con la que lo atendí. Ya que tengo su dirección, sin pensarlo dos veces me voy a su casa y encuentro un pequeño apartamento muy desordenado. Él se queda sorprendido y preocupado: ¿surgieron problemas con respecto al bautismo? Lo tranquilizo: es sólo para verificar si anoté todos los datos necesarios. Él y la compañera se abren con confianza y me invitan a la mesa con ellos para un almuerzo frugal. De esta manera me entero de una situación de marginación, pero sobre todo recuerdo mi único derecho: estar al servicio de los demás».
(K. L. – Polonia)

Banco de prueba
«Administro un almacén de artículos de regalo en un barrio popular. Para mí cada persona que entra al almacén es más que un cliente: considero importante la relación con él, más allá del hecho de que tengo que vender.  A veces hay quien viene simplemente para confiarme sus problemas. Yo lo escucho y, si puedo, trato de decir lo que siento. Mi padre me toma del pelo: «Esto en vez de un almacén parece un confesionario». El hecho es que para mí el trabajo es el banco de prueba de mi ser cristiana».(Rachele – Italia)

Portera
«Trabajo como portera en dos edificios, donde las personas se conocían sólo por apellido. Buscando ocasiones para construir relaciones, empecé a informar a una pareja de la vida de la parroquia. El marido, aunque estaba alejado de la Iglesia, apreció este gesto. Familiaricé también con una tailandesa quien, agradecida, me regaló unos chocolates. Luego los invité a todos a un asado, una velada muy bien lograda, que repetimos otras veces. De vez en cuando les ofrecía un café a los que volvían del trabajo. Gestos simples, pero poco a poco alguien se sintió libre de confiarme también asuntos más personales. Por ejemplo ese inquilino que consideraba la oración como una pérdida de tiempo. Cuando le prometí que rezaría yo por él, me contestó: «Hasta ahora nunca nadie me había hablado así. No lo olvidaré». Una pareja de italianos, al regresar a su país, invitaron a todos los vecinos a degustar una comida típica de su nación antes de partir». (Maria Rosa – Suiza)

Basura
«Saliendo del colegio, me di cuenta que en el otro andén había un perro que, buscando comida, estaba destruyendo y abriendo unas bolsas de basura. Seguí caminando sin dar importancia al asunto, pero dentro de mí una voz me impulsaba a hacer algo por los demás. Aunque me daba vergüenza, volví atrás y arreglé las bolsas. Acababa de doblar la esquina, cuando a lo lejos vi llegar el camión de la basura. Me quedé muy contento, porque en nuestra ciudad sucede que si los recolectores de basura encuentran demasiado desorden, no recogen las cosas». (M. B – Argentina)

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