Fábrica de bombones.
Durante el verano viajé a Alemania con una amiga, para trabajar en una conocida fábrica de bombones. Fuimos recibidas con mucha frialdad por los 400 empleados. En especial una señora que trabajaba en mi cadena empaquetando los bombones. Ella era muy agresiva conmigo. Un día, justo ella, cometió un error que podía costarle mucho. Cuando llegó el responsable de la sección, sin pensarlo demasiado, yo me asumí la culpa de ese error. Recibí  un severo reproche, con la posibilidad de que, en el próximo error, podría perder el trabajo. Pero estaba contenta: lo había hecho a Jesús. Ese gesto le impactó a mis colegas. Desde ese momento, la atmósfera cambió, comenzamos a tratarnos todos de manera más cordial, y cuando llegó el momento de irnos, nos parecía que dejábamos a una verdadera familia.
Krisztina – Rumania

Una gran novedad
Durante un encuentro en la parroquia, me quedé impresionado por la alegría y la simplicidad de un grupo de jóvenes, que eran más o menos de mi edad. Para una persona como yo, acostumbrada a recurrir a Dios sólo en los momentos de necesidad, sentir que hablaban de Él como Dios Amor era una novedad. Sin demasiados razonamientos, en los días siguientes probé a hacer como ellos. En primer lugar me puse a ayudar en las tareas de la casa y a prestarle atención a las exigencias de mi hermana más pequeña. Un domingo renuncié incluso a ir al fútbol para ayudar a mi papá a colocar un techado en mi casa. En la escuela, a pesar de mi costumbre de estudiar por mi cuenta, me puse a ayudar a una compañera a repasar juntos la clase.
Daniel – Argentina

En el supermercado
Como de costumbre fui al supermercado, pues tenía que preparar una cena para unos treinta jóvenes en mi casa, y dado que iba a estar ocupada en un congreso de varios días, pensé hacer una gran compra para tener las cosas en casa. Mientras estaba colocando la compra en la cinta de la caja, vi que la señora detrás de mí había comprado muy pocas cosas. La invité a que pasara primero. Después de ella, estaba una señora mayor con 10 paquetes de pañuelos en la mano. Le dije si quería pasar adelante también ella. Me dijo que su marido había ido a buscar una caja de agua. Cuando llegó el marido, aparté mis cosas y los dejé pasar.
Finalmente, ¡llegó mi turno de pasar a la caja! Pero llegó un joven que había comprado una cajonera y tenía en sus brazos una caja muy pesada, y me di cuenta de que era amor que pasara primero él. Comencé a llenar mis bolsas. Al final la chica de la caja sacó el ticket de las compras y me dijo: “Hoy usted ¡no paga nada!”. Y pensé: ¿será una broma? Y la cajera me preguntó: “¿cómo se llama?”. Le respondí: “Chiu”. Escuché un parlante que decía: “¡Hoy la señora Chiu se ganó una compra de 107 euro!”. No había calculado esta probabilidad, ¡había sólo amado a los prójimos que estaban en la cola detrás de mí!
Chiu  – Hong Kong

Negocio de productos alimenticios
Dirijo un negocio de productos alimenticios y estoy acostumbrado por lo tanto, al ambiente del comercio, donde en primer lugar cuenta la ganancia, no la persona en sí misma. Conocí algunos cristianos que tratan de poner en práctica el mandamiento de Jesús. Pensé: si ellos lo logran, ¿por qué no pruebo yo también? La mañana siguiente pensé: no quiero más pesar la mercadería con doble papel grueso, a partir de hoy uso sólo uno liviano. Sentí una gran alegría y libertad, comprendí, que amando se me abrían horizontes nuevos.
Beppino – Italia

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