La “Casa de los niños” en Damasco


«La Maison des enfants» a Damasco, © Zéna.

«Una bomba estalló a pocos metros de mi casa. Yo tendría que haber estado en el lugar de la explosión de camino a mi trabajo. Pero ese día estaba diez minutos atrasada. Un signo del destino». Su voz es clara y calma, en un francés casi perfecto. Una serenidad que contrasta con el sonido de bombas y aviones que marcan la vida cotidiana de la capital, Damasco. Zéna, nacida en Líbano hace 35 años, llegó a Siria en julio del año pasado. Es miembro del Movimiento de los Focolares, y decidió unirse al país en guerra tras una larga reflexión. En su país natal vivió la guerra y las bombas. «Conservaba todo dentro de mí. Tenía miedo. Pero un día empecé a ver las cosas de una manera positiva. Me dirigí a Dios y vine a Damasco con los Focolares». Los primeros seis meses vivió bajo los bombardeos. «Hasta diciembre los atentados eran a diario, pero conseguíamos aún vivir», cuenta. «Un día de enero, sin embargo, una bomba cayó a pocos metros de casa… En Siria, a pesar del coraje de los habitantes, el miedo y el peligro nunca están lejos».

En Damasco, en el barrio pobre de Douela, Zéna trabaja en la “Maison des enfants” (casa de los niños), gestionada por los miembros del Movimiento en colaboración con otras personas. El centro comprende cuatro clases de 90 niños, de una edad entre los 6 y los 10 años. Ocho docentes, todos jóvenes graduados sirios. «La hemos llamado la “Casa de los niños” porque queremos ser una familia para ellos. Tenemos muchas solicitudes para entrar, y no podemos satisfacer a todos. Acogemos a los niños más pobres, muchos de los cuales han perdido a sus padres o han sufrido violencias. Tienen que estar acompañados por adultos que los quieran». En febrero, la “Maison” tuvo que cerrar durante algunas semanas a causa de un atentado. «Fue un momento terrible. Cuando a los niños se les pregunta si tienen miedo de las bombas, la mayoría responde evasivamente, rechazando incluso la realidad. Había mucho sufrimiento relacionado con las consecuencias de la guerra». El centro fue abierto nuevamente a principios de abril, con gran alegría de los estudiantes: «Están felices de venir, en cambio están tristes cuando se tienen que ir».

La vida ha vuelto a Siria. Ahora el país está casi por entero bajo el control del gobierno sirio. «Durante los fines de semana, los bares están abiertos hasta la una o las dos de la mañana. Las personas están nerviosas, tienen necesidad de desahogarse». Zéna vive en la “Puerta Este – Bab Sharqi – de Damasco, en la ciudad vieja. En el barrio cayeron pocas bombas en siete años, sin embargo quedan los signos de largos años de conflicto. «Hoy hay poco trabajo. Muchos jóvenes se marchan, van a Europa o al Líbano para evitar el servicio militar o para encontrar trabajo. En Siria por cada hombre hay ocho o diez mujeres». El Movimiento de los Focolares, lleva a cabo con serenidad su misión. «Aqui los cristianos están protegidos por el gobierno. Somos muy respetados. Después de siete años de guerra, las iglesias orientales han podido hacer las procesiones pascuales en las calles. Al final del conflicto – prosigue – el mismo pueblo sirio reconstruirá el país. La obra es enorme. Damasco no ha sido destruida, pero en las regiones de Aleppo y Homs el daño es ingente. La lira siria ha perdido mucho de su valor y muchas familias acomodadas ahora son pobres. Las élites han desaparecido, hay personas en gran dificultad. ¿Cómo podemos encontrar aquí un trabajo para los jóvenes graduados? A pesar de todo ello, muchos se han quedado. Creen en la recuperación de su país».

Antes de la reconstrucción física y del restablecimiento económico, Siria tendrá que erradicar los conflictos armados en el territorio. Zéna está convencida de que el final de la guerra está cerca. «Si no hay intervenciones externas, estoy segura de que la guerra, en suelo sirio, terminará antes de finales de 2018. Tenemos que crear trabajo y volver a dar dignidad a las personas. Espero realmente que, poco a poco, vuelvan las empresas y los turistas también. Tenemos que dar una nueva motivación a los sirios. A partir de los niños, pilares de la futura sociedad». “Sus” niños, justamente. Hoy le toca a Zéna preparar la comida. «Son el futuro de Siria. Cada día, vengo a trabajar con una alegría indescriptible».

Fuente: imprimaturweb.fr

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