Evangelio vivido: ayudarse unos a otros

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La Palabra de vida que tratamos de poner en práctica este mes, está tomada de la carta a los Tesalonicenses: “Anímense mutuamente y edifíquense juntos” (1 Ts 5,11). Es una Palabra sencilla, que todos podemos entender y poner en práctica, pero que puede revolucionar nuestras relaciones personales y sociales.

En el autobús

Al subir al autobús para regresar a la ciudad donde estudio, noto que a mi lado se sienta una señora con un niño cubierto de llagas. Me gustaría cambiar de lugar, pero trato de superar la sensación de repugnancia. El viaje es largo y comenzamos a hablar. La señora me dice que está yendo a mi mismo destino para tratar de curar a su niño. Pero no tiene dinero ni un lugar para quedarse. Solo tiene el nombre de una persona que la espera y mucha esperanza. Llegamos de noche, pero no tengo ganas de dejarla sola en la calle, así que la invito a subir a mi habitación, que comparto con otra estudiante. Debajo de la casa noto que ella saluda a alguien. Era precisamente la persona que la estaba esperando. (M.F. – Brasil)

 Reconciliación

Desde hacía años, algunos malentendidos habían levantado un muro entre nosotros y algunos parientes. Inútiles las explicaciones y los intentos de reconciliación incluso por parte de personas externas. Sin embargo, un día, conscientes de que incluso algunos de ellos estaban pensando lo mismo, mi esposo y yo comenzamos una cadena de oraciones, que también involucraba personas amigas, para obtener de Dios el regalo de la reconciliación. Pues bien, lo que en tantos años no había obtenido la razón, lo obtuvo la gracia: en pocos instantes emocionantes, las dos partes, llegamos a decidir poner una piedra sobre el pasado con una completa amnistía del corazón. (Giovanna y Franco – Italia)

Fuera de mis cuatro paredes

Cuando era joven, había redescubierto junto con otros amigos la actualidad del Evangelio y desde entonces los días habían adquirido otro sabor. Pero ahora, siendo esposa y madre, me sentía como “asentada”. Comprendí que la elección de poner a Dios en primer lugar en mi vida tenía que rehacerla cada momento. Desde entonces, los momentos con mi esposo comenzaron a ser más valiosos, los gestos diarios con los niños más constructivos, incluso hacer las compras o escuchar ala vecina se convirtieron en ocasiones para el encuentro y no en una pérdida de tiempo. El deseo de comprometerme de manera no ocasional me ha llevado a ingresar en instituciones educativas y a solicitar acciones útiles para la comunidad ante los organismos competentes de nuestro barrio. Mirar a los que me rodean me hace salir de los estrechos confines de mis cuatro paredes. (Nuccia – Italia)

a cura di Chiara Favotti

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