Cambia el mundo que cambia


Ha finalizado el 27 octubre de 2019 en Castel Gandolfo el laboratorio cultural de los Focolares. Objetivo: crear sinergias entre disciplinas y profesiones para comprender cómo construir un mundo más unido en una sociedad en continua evolución.

Traten de imaginarse el mundo del mañana. Intenten proyectarse hacia un futuro cercano y háganse preguntas sobre cómo será dentro de veinte años nuestro planeta. Arriésguense a comunicar las ideas más utópicas y a tener el sueño de cambiar el mundo, hoy.

El antiguo proverbio africano que reza: “Si quieren ir rápido, vayan solos; si quieren ir lejos, vayan juntos” expresa muy bien el reto acogido por el grupo internacional y multirracial de adultos y jóvenes, académicos y profesionales, que se encontraron en Castel Gandolfo (Italia): gestionar la complejidad del mundo juntos, no solos, poniendo en red las competencias de cada uno.

Provenientes de más de cuarenta países, los participantes se pusieron al juego, recibiendo las propuestas de los distintos testimonios y reflexiones, cada uno en su campo de acción y trabajo, instaurando un diálogo amplio, sosteniendo y llevando adelante propuestas concretas.

“Cambia el mondo que cambia” era el título del último día y medio de programa, gestionado por jóvenes y dirigido a sus coetáneos. Algunos solicitaron poder participar en Asís, del 26 al 28 de marzo de 2020, en la cita “The economy of Francesco”, que el Papa dirige a jóvenes economistas, empresarios y agentes de cambio. La propuesta consiste en hacer con ellos un pacto, más allá de las diferencias de creencias y nacionalidad, a fin de cambiar la actual economía y dar un alma a la del mañana para que sea más justa, sustentable y con un nuevo protagonismo de quienes hoy están excluidos.

Y a propósito de ser protagonistas, Adelard Kananira, un joven de Burundi, ilustró sobre el proyecto Together for a new Africa (T4NA) que tiene la ambición de crear las bases para una nueva clase dirigente y un nuevo modelo de liderazgo en África. En 2019 en Kenya empezó la primera escuela para este proyecto, con más de 150 entre jóvenes, tutores y docentes provenientes del África oriental, con el objetivo de hacer caer los muros que aún existen entre tribus, partidos políticos, etnias e incluso entre países, para alcanzar el objetivo común del desarrollo y la paz.

Giada e Giorgia, en cambio, quieren cambiar la realidad donde trabajan, a través de su compromiso personal. Giada, 23 años, trabaja en el mundo del cine como asistente de la dirección, trabajo muy fatigoso, pero que no cambiaría por nada en el mundo. Aspira en un futuro a poder realizar películas que transmitan la armonía, que ella se esfuerza por crear todos los días con sus colegas, segura de que el cine es un medio potente que puede dar un aporte para cambiar el mundo.

Giorgia, 32 años, es asesora en un municipio italiano con relación a las políticas juveniles, de innovación y en el sector de economía civil. Su sueño ya se ha vuelto una realidad: en su municipio se efectúa un balance participado, se tienen en cuenta los objetivos de la Agenda 2030, se buscan nuevos modelos de desarrollo, se llevan adelante iniciativas que salvaguardan el ambiente, como las huertas urbanas.

A través de su compromiso, jóvenes y adultos juntos ya tocan el futuro con ideas para realizar y buenas prácticas para difundir y encaminar, tratando de cambiar desde ahora el mundo que cambia.

Patrizia Mazzola

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