Burkina Faso: misionando en la tierra de los hombres íntegros


Una de las cosas más bellas de nuestro trabajo en la redacción de focolare.org es la relación con las personas y las comunidades de los Focolares en el mundo y -a propósito- quisiéramos aprovechar de estas fiestas navideñas para agradecer a todos aquellos que nos mandan noticias, permitiendo de ese modo que la vida del carisma de la unidad sea inspiración para muchos. En este espíritu, el correo electrónico del Padre Domenico De Martino -de 36 años, originario de Nápoles, ahora en misión en Burkina Faso- ha sido un verdadero regalo porque nos abre las puertas a un pedazo de humanidad que está viviendo un tiempo difícil, en donde la paz, la dignidad y la libertad religiosa están gravemente amenazadas y que está fuera de los radares mediáticos internacionales.

En los últimos años Burkina Faso ha sido afectado por la violencia de grupos extremistas que han causado la muerte de cientos de personas, una oleada de secuestros y el cierre de muchas escuelas e iglesias. Una violencia que ha generado un masivo y continuo traslado de poblaciones de las regiones afectadas hacia la capital y los grandes centros urbanos. Según las últimas informaciones de las Naciones Unidas, a inicios de octubre se registraron 486.360 desalojados dentro del país, más del doble respecto de julio y las cifras están en constante crecimiento. Hay incluso quien habla de un millón de desplazados internos.

El Padre Domenico forma parte de la Comunidad Misionera de Villaregia y tuvo los primeros contactos con el focolar cuando tenía 12 años, al leer por primera vez la Palabra de Vida, el comentario mensual a las escrituras en el espíritu del carisma de la unidad, iniciado por Chiara Lubich hace más de cuarenta años. Encontraba el comentario cuando iba a visitar a los misioneros. “Luego, cuando tenía 17 años le escribí a Chiara Lubich para pedirle que me indicara una palabra del Evangelio que fuera luz para mi vida y porque quería compartir con ella mi recorrido de búsqueda vocacional. Guardo aún su respuesta en mi biblia y cada tanto la retomo. La palabra que me dio es: “Si uno me ama, observará mi palabra y mi Padre lo amará, vendremos a él, y en él haremos morada.” (Jn 14.23). Una Palabra exigente y fuerte, cuyo sentido para mi vida trato de comprender cada vez mejor. En 2012 fui ordenado sacerdote después de una experiencia de un año en Perú, en la ciudad de Lima”.

Desde hace dos años, el Padre Domenico está en misión en Ouagadougou, la capital de Burkina Faso y está encargado de proyectos de promoción humana. “Burkina Faso significa literalmente ‘tierra de los hombres íntegros’ y entre los valores del pueblo están la familia y el sentido de comunidad. Hemos iniciado una escuela de alfabetización que hoy cuenta con 160 inscriptos; la mayor parte son chicas y jóvenes madres que no han podido estudiar. Hemos activado también un proyecto para mujeres que empezaron pequeñas empresas con las que se ganan el pan: las solicitudes para seleccionar son muchas y esto no siempre es fácil. El Evangelio y el deseo de estar dentro de este pueblo nos guían en nuestras opciones”.

En estos últimos meses han recomenzado las clases en los colegios de la capital; lo mismo, lamentablemente, no se puede decir para otras zonas del país. En el Norte, Noreste y Noroeste del país grupos terroristas quemaron muchas escuelas y terminando el año lectivo pasado varios profesores fueron asesinados. “Las modalidades son siempre las mismas: los bandidos o terroristas llegan a las aldeas, se llevan todo –ganado y cosecha– vacían los pequeños negocios y luego buscan a los profesores y les dicen que si no se marchan serán las próximas víctimas, a menos que enseñen la lengua árabe o la que ellos definen como ‘la religión verdadera’. Tuve ocasión de hablar con algunos profesores que a pesar de esta situación de crisis tienen que llegar hasta el lugar de trabajo en esas provincias porque el Estado no puede permitir que cesen las actividades, pero el miedo es grande. Por más de que nuestra zona es tranquila, tratamos de estar cerca de nuestra gente, compartiendo con ellos miedos y angustias.

En septiembre del año pasado, en un ataque a una base militar, perdieron la vida 40 soldados, de los cuales 3 eran jóvenes de nuestra parroquia. Éramos muy amigos particularmente de uno de ellos, primogénito de una familia que conocemos muy bien. Cuando fuimos a su casa para las condolencias, frente a la viuda y a los dos hijos destruidos por el dolor, yo no conseguía dar una respuesta al porqué de tanto odio y horror. Cruzando mi mirada con la de Jean, el padre del joven muerto, que me dice siempre: ‘ustedes, sacerdotes, son el signo de Dios para nosotros; a ustedes podemos pedirles todo porque nos dan la palabra de Dios, su alivio y su voluntad’, no pude hacer otra cosa que estrecharle la mano impotente, sin pronunciar palabra, intenté sólo hacerle sentir que Dios estaba cerca de él”.

En esta situación de grave inestabilidad, un signo de esperanza es la comunión creciente entre las distintas iglesias cristianas y con personas de otras religiones, particularmente los musulmanes, con los cuales nos reunimos en oración e invocamos la paz. Otro signo de esperanza que el padre Domenico nos cuenta es el proyecto para poder sostener la cuota escolar de algunos niños, a través de una beca. Hasta ahora son 96 los niños que la han usufructuado. “Nos desconcertó darnos cuenta de que muchísimos niños no tienen ninguna partida de nacimiento y por lo tanto para el Estado y para el mundo no existen. Las situaciones que encontramos son muy complejas y requieren un acompañamiento en distintos frentes. Es hermoso constatar que un proyecto hecho poniendo a Dios en el centro conduce a una comprensión y una gestión de las cosas más profundas, porque se mira a la persona en su globalidad. Para los certificados de nacimiento nos estamos organizando y ello permitirá darles dignidad a los niños de nuestros barrios”.

Leemos entre líneas que el Padre Domenico podría contarnos muchísimas cosas más y sus palabras densas de amor por el pueblo burkinabé nos acercan a esa tierra. “La comunión –concluye el Padre Domenico– nos ayuda a ser Iglesia en el verdadero sentido del término, con los pies sobre la tierra y los brazos arremangados para trabajar por todos los hijos de Dios que están en la prueba y en la necesidad”.

Stefania Tanesini

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