En Albania, después del sismo, la prioridad es la atención de las víctimas


El Movimiento de los Focolares al lado de muchos que han sufrido pérdidas y daños: “La persona con sus vivencias y sus exigencias está en el centro de nuestros esfuerzos. Escuchar, acoger, compartir es lo que nos ocupa en estas horas. Pero será necesario un gran esfuerzo para planificar la reconstrucción”.

No se detiene la solidaridad con las víctimas del terromoto que afectó a Albania el 26 de noviembre de 2019, causando 52 muertos, más de dos mil heridos y grandes daños en las estructuras. A los dos meses del sismo, iniciativas de recolección de fondos, eventos conmemorativos e intervenciones de ayuda en el territorio ven involucradas a instituciones, realidades eclesiales y asistenciales. Una vez pasada la emergencia, todas las energías están dirigidas a favorecer la coordinación de las fuerzas que están en el lugar para planificar e iniciar la reconstrucción. En la incertidumbre del presente, es un gran consuelo sentirse parte de una familia, una red ampliada de personas que asegura sostén y cercanía. Aquí está el corazón del compromiso que ve en primera línea al Movimiento de los Focolares. Hemos hablado con Fabio Fiorelli, focolarino que vive y actúa en uno de los centros de Tirana.

Desde la noche del sismo, ¿qué iniciativas ha podido realizar el Movimiento para sostener a las personas afectadas?
“Algunos de nosotros se han puesto en conexión con la Cáritas nacional colaborando en la preparación de ropa y mantas para hacer llegar a los que están fuera de sus casas, y yendo a las estructuras provisionales de acogida para escuchar a las personas y hacer jugar a los niños. Siguiendo una propuesta de las familias pertenecientes al Movimiento, el 21 de diciembre pasado preparamos una tarde de fiesta navideña para los niños más pequeños -pero no sólo para ellos- con cantos, juegos, el pesebre “viviente”, los regalos de Papá Noel: una pausa de serenidad y comunión para seguir adelante. Además, en la ciudad de Durazzo, una psicóloga del Movimiento, ella misma con su casa destruida, colabora con un equipo que llega hasta las aldeas periféricas muy afectadas por el terremoto, en donde las personas viven en tiendas y carecen de los bienes más elementales. A nivel muy práctico, se censaron las familias del Movimiento que sufrieron graves daños en sus casas, nuestros ingenieros efectuaron inspecciones y controles y se calcularon costos para arreglar las viviendas”.

¿Qué otras actividades tienen ustedes en programa?
“Se ha redactado un «proyecto» con objetivos y estrategias para emprender en sinergia con la Asociación Mundo Unido (AMU), y cuya ejecución estará a cargo del Movimiento; estamos a la espera de poder iniciar su concreción”.
Desde las primeras horas después del sismo, en plena fase de emergencia, Marcella Ioele, responsable de uno de los centros de los Focolares de Tirana, junto a otros llegó hasta Durazzo y a las áreas limítrofes para encaminar las primeras ayudas en coordinación con la Cáritas y la Iglesia local y para dar alivio a las víctimas. Le preguntamos qué experiencias la han impresionado más en los coloquios con las personas evacuadas:
“Una joven me contó que cuando empezaron las sacudidas, su hermano, que estaba en casa con la familia, por instinto se escapó para salir del edificio, pero enseguida volvió para atrás para atenderlos. Ese gesto la ayudó a comprender que en esos momentos ella no debe pensar sólo en sí misma sino también en los que están a su lado. Otra chica habría querido actuar para ayudar a los que estaban en dificultad, pero teniendo que cuidar de la madre anciana no pudo alejarse del lugar. Pero –nos dijo– podía escuchar y consolar a los muchos que pasaban por ahí, y estaba feliz porque le parecía que así estaba dando su aporte”.

¿Qué sentimientos prevalecen en la población?
“Por un lado uno reconoce que frente a los derrumbes tiene que haber responsabilidad en quien autorizó la construcción de edificios no seguros y se observa también la impreparación en la gestión de la emergencia. Por otro lado la solidaridad manifestada en la fase inicial por parte de los otros países suscita el deseo de que de aquí pueda surgir una Albania mejor. Ver pueblos, que hasta ayer estaban separados por antiguos odios, trabajar juntos ha sido un signo de esperanza. Hay una gran gratitud sobre todo respecto de los kosovares, que se hicieron presentes de una manera muy fuerte, como queriendo contracambiar ese amor que habían recibido cuando estuvieron aquí por la emergencia Kosovo. Algunos de ellos vinieron a buscar familias enteras para llevarlas a sus casas. “El terremoto –me decía un joven– nos ha acercado los unos a los otros como nunca había sucedido antes”. Otros nos dijeron que habían percibido la presencia de Dios también en esta realidad de dolor”.

Claudia Di Lorenzi

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