El tiempo presente exige recomponer la unidad


La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos se celebra cada año en el hemisferio norte del 18 al 25 de enero, en el hemisferio sur, entre la fiesta de la Ascensión y la de Pentecostés. Para el 2020, el lema elegido es un versículo de los Hechos de los Apóstoles propuesto por cristianos de varias Iglesias de la isla de Malta: “Nos mostraron una humanidad poco común» (Hch 28, 2)
Para esta ocasión, proponemos un extracto del tema que Chiara Lubich hizo el 27 de octubre de 2002 en la Catedral Protestante de San Pedro en Ginebra (Suiza).

¡El Amor! ¡Cuánta necesidad de amor hay en el mundo! ¡Y en nosotros, cristianos!
Todos nosotros de las diversas Iglesias juntos somos más de mil millones. Muchos, por lo tanto, y deberíamos ser muy visibles.
“Pero estamos tan divididos que muchos no nos ven, ni ven a Jesús a través de nosotros. Él dijo que el mundo nos reconocería como suyos y que a través de nosotros, lo habría reconocido a Él, por el amor recíproco, por la unidad: » En esto reconocerán todos que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros » (Jn 13,35).

Por lo tanto, el amor recíproco, la unidad tendría que ser nuestro vestido, nuestro distintivo. Y el distintivo de su Iglesia. Pero la plena comunión visible no la hemos mantenido y no la tenemos todavía. Por lo tanto, estamos convencidos de que las Iglesias como tales deben amarse entre ellas con este amor. Y nos esforzamos por trabajar en esta dirección.

¡Cuántas veces las Iglesias parecen haberse olvidado del testamento de Jesús, y con sus divisiones han escandalizado al mundo, que debían conquistarle! De hecho, si damos una mirada a nuestra historia de 2000 años y, en particular, a la del segundo milenio, no podemos dejar de constatar como esta, a menudo ha sido una sucesión de incomprensiones, de disputas, de luchas que han destrozado en muchos puntos la túnica íntegra de Cristo, que es Su Iglesia.

Ciertamente también por culpa de las circunstancias históricas, culturales, políticas, geográficas, sociales … Pero también porque disminuyó entre nosotros ese elemento unificador, típico nuestro: el amor.
Y es por esto que ahora, para poder tratar de remediar a tanto mal, para obtener nueva fuerza para comenzar de nuevo, debemos poner toda nuestra confianza en este amor evangélico. Si transmitimos amor y amor reciproco entre las Iglesias, este amor las llevará, aunque diversas, a convertirse cada una en un don para las demás.

Queridos hermanos y hermanas, lo hemos comprendido: el tiempo presente –a cada uno de nosotros– le pide amor, le pide unidad, comunión, solidaridad. Y también llama a las Iglesias a recomponer esa unidad durante siglos desgarrada.
Esta es la reforma de las reformas que el Cielo nos pide. Es el primer paso necesario hacia la fraternidad universal con todos los hombres y mujeres del mundo. De hecho, el mundo creerá si estamos unidos. Jesús lo dijo: «Que todos sean uno (…) para que el mundo crea» (cf. Jn 17, 21).
Dios quiere esto! Créanme! Y lo repite y lo grita a través de las circunstancias actuales que permite.
Que Él nos dé la gracia,–aunque no lo veamos plenamente realizado–, por lo menos de prepararlo.

Chiara Lubich

Extraído de: Il dialogo è vita (Città Nuova 2007, pagg. 16-33)

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