Afrontar el riesgo de su Palabra


El Evangelio es Palabra de Dios en palabras humanas y por eso es fuente de vida siempre nueva, también en estos tiempos de pandemia. Pero para que esta pueda, florecer es necesario poner en práctica las palabras de Jesús, traducirlas en actos de fe, de amor, de esperanza.

(…) «En tu palabra echaré las redes»[1].

Jesús a Pedro, para que pudiese experimentar la potencia de Dios, le pidió la fe: creer en Él, y creer incluso en algo que humanamente hablando era imposible, es más, absurdo; pescar de día cuando la noche había sido tan avara.

Nosotros también, si queremos que vuelva la vida, si deseamos una pesca milagrosa de felicidad, tenemos que creer y afrontar, si es necesario, el riesgo de lo absurdo, que a veces, su Palabra trae consigo.

Sabemos que la Palabra de Dios es vida, pero se alcanza pasando a través de la muerte; es ganancia, pero se obtiene perdiendo; es crecimiento, pero se alcanza disminuyendo.

¿Cómo resolver, por tanto, el estado de cansancio espiritual en el que podemos encontrarnos?

Afrontando el riesgo de su Palabra.

A menudo, influenciados por la mentalidad de este mundo en el que vivimos, también nosotros creemos, a veces, que la felicidad esté en poseer o en hacerse valer; en divertirse o en dominar a los demás, en sobresalir, en dar gusto a los sentidos; en comer, beber… pero no es así.

Probemos a afrontar el riesgo de cortar con todas estas cosas; dejemos que nuestro yo corra el riesgo de la muerte completa. ¡Arriesguemos, arriesguemos! Una, dos, diez veces al día.

¿Qué sucederá? Por la noche sentiremos que el amor vuelve a florecer dulcemente en nuestro corazón; volveremos a encontrar una unión con Dios que ya no esperábamos; volverá a resplandecer la luz de sus inconfundibles inspiraciones; nos invadirá su consuelo, su paz y volveremos a sentirnos bajo su mirada de Padre.

Y, envueltos, de este modo, por su protección, volverá a nacer en nosotros la fuerza, la esperanza, la confianza, la certeza de que el Santo Viaje es posible; (…) sentiremos la seguridad de que el mundo puede ser suyo.

¡Pero es necesario arriesgarse a la muerte, a la nada, al desapego! ¡Este es el precio! (…)

Chiara Lubich

(En una conferencia telefónica, Rocca di Papa, 17 de febrero de 1983)

Extraído de: “Afrontar el riesgo de su Palabra”, en: Chiara Lubich, La Vida un viaje, Ciudad Nueva, Madrid 1994, págs. 91-93.
[1] Lc 5,5.

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