Filipinas: una Mariápolis online


«La necesidad agudiza el ingenio». Siguiendo lo que expresa este refrán, el 14 y 15 de mayo pasados la comunidad de los Focolares del área metropolitana de Manila (Filipinas) organizó la primera Mariápolis online.

«Estábamos desesperados.  Nos vimos bloqueados, nosotros dos solos, y nos pareció que teníamos que afrontar nuestros problemas, dejar de lado nuestras diferencias y empezar de nuevo. Gracias por el amor que nos demostraron”.  Éste es uno de los tantos feedbacks que recibimos de los que se inscribieron y participaron a través del zoom en la primera Mariápolis online,  los días 14 y 15 de mayo en las Filipinas.

La inesperada cuarentena     comunitaria a causa del Covid-19 nos impulsó a buscar los medios para conseguir que nuestro pueblo se conectara y se nutriera de la espiritualidad de la unidad.  La idea nos surgió a raíz de haber visto la transmisión online de la Santa Misa que había comenzado para un pequeño grupo de miembros del Focolar,  pero que muy pronto resultó ser una cita cotidiana de alrededor de dos mil personas.

Nos parecía que, si bien por un lado ya no podíamos realizar nuestros proyectos para “celebrar y encontrarnos con Chiara” en su Centenario, por el otro Dios nos abría este camino y nos permitía hacerlo por más que fuera en pequeños grupos.  Constatando el entusiasmo que expresaban los que participaban en la Misa, a través de los mensajes en el chat de Facebook, fue muy claro que con sólo 30 minutos online era posible hacer una experiencia de Dios.

Mientras nos preparábamos para la Mariápolis, tuvimos nuestras primeras experiencias con el zoom, por ejemplo durante la Semana Mundo Unido y el Run4Unity.  Nos resultó evidente que debíamos “ir” a la Mariápolis, para estar al lado de nuestra gente, en este momento tan difícil.  No iba a ser fácil: los “mariapolitas” estaban en sus casas, con todas las distracciones y muy probablemente comprometidos en muchas cosas al mismo tiempo: niños que atender, comida que preparar, tareas que realizar, etc.  Incluso las disparidades en el servicio de internet en un país en vías de desarrollo como el nuestro son un gran reto. Por ello nuestra Mariápolis tenía que durar sólo dos días, y cada vez sólo dos horas.  En un primer momento pensábamos llamarla de otra manera para gestionar las expectativas de la gente.  Pero al final todos queríamos que fuese justamente “Mariápolis”, como todas las Mariápolis vividas hasta ahora.

Y  queríamos que no fuese un  Webinar, sino una  Mariápolis, una Ciudad de María, porque necesitábamos tener a María entre nosotros, ser como ella, como nos lo enseñó Chiara, para llevar a nuestra gente la presencia de Jesús en medio de nosotros, para que esta experiencia pudiera iluminar nuestra vivencia de la pandemia.

Las personas anotadas eran más de 950, no sólo de todo el territorio de las Filipinas, sino también de otros países asiáticos, de América Latina, de Canadá, Estados Unidos y algunos de Europa.  El programa, disponible en Live-Streaming para un número infinito de participantes, preveía cantos, experiencias relacionadas con la actual situación pandémica,  inputs espirituales y una hora de comunión profunda por grupos.

Un participante manifestó muy bien lo que fue esta Mariápolis: “Ha sido sin lugar a dudas un signo concreto del amor de María por todos nosotros. Como madre nuestra, ella conoce realmente nuestras necesidades personales y comunitarias.  Con el tema que se escogió para la Mariápolis, las charlas, las experiencias y las canciones, ella nos alimentó con la comida y las vitaminas adecuadas tanto para el cuerpo como para el alma”.

Romé Vital

 

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