En la pandemia, pequeños pasos de fraternidad


Seguimos compartiendo las historias de solidaridad de muchos de nosotros, de las comunidades de los Focolares en los países que aún están afrontando la batalla contra el Covid-19.

Mientras en algunos países se ha regresado “casi” a la normalidad, en otros, en cambio, hay todavía un alto nivel de pandemia.  A pesar de ello siguen llegándonos historias de fraternidad de las comunidades de los Focolares de todas partes del mundo.

Brasil  es actualmente el país más golpeado por el Covid.  Y la comunidad de los Focolares, al mismo tiempo, nunca ha dejado de pensar en los que están en dificultades y han nacido acciones y colaboraciones, algunas en red con otras organizaciones, para ayudar a las personas más afectadas. Las distintas comunidades de los Focolares esparcidas en todo el país han dirigido la mirada, ante todo, hacia adentro de sí mismas, a quienes entre ellos estaban sufriendo. Se realizó un censo rápido de los más necesitados y, a través de la comunión y el apoyo económico o material, se prevé conseguir ayudar a los que están en mayor necesidad durante al menos dos o tres meses. Además los empresarios por una Economía de Comunión iniciaron una recolección de fondos para las comunidades más pobres.

Desde Estados Unidos   Mateo cuenta: “Cuando el Covid-19 empezó su terrible y rápida difusión, como equipo de la revista Living City y de la  New City Press nos preguntamos: ¿qué podemos hacer, además de seguir las indicaciones de las autoridades civiles? ¿Cómo podemos ayudar a las personas a superar la crisis? Fue muy claro desde el comienzo que “el distanciamiento social” no nos iba a impedir ni a nosotros ni a los demás de amar”.

Por eso hemos creado una serie de videos, webinar y entrevistas con el hashtag #DareToCare, para inspirar y alentar a todos a ponerse en contacto durante estas semanas intensas. Les pedimos a las personas que compartieran en un video de uno o dos minutos mostrando cómo “se atreven a preocuparse por los demás”.  Por ejemplo, una mujer contó que, mientras iba de compras, vio a la gente llena de pánico. Entonces ella, en lugar de comprar dos grandes paquetes de pollo que acababan de llegar al supermercado, compró sólo uno, para dejarles a los demás la posibilidad de comprar ese alimento.

Un farmacéutico decidió mantener el local abierto para atender a sus clientes, pero no tenía un dispositivo de protección: «Cuando empezó la crisis, no teníamos prácticamente ni mascarillas ni guantes», dijo. Entonces, compartió sus preocupaciones con sus clientes, quienes luego llevaban ellos mismos las mascarillas.

Y también una familia de cinco personas registró su nueva rutina cotidiana: trabajando y tomando clases online desde casa, la hija se entrena para mantenerse en forma para la competencia de atletismo del año próximo, mientras que todos intentan nuevas recetas para amar a los vecinos. Y los videos siguen llegando”.

Ulrike, médica psiquiatra cuenta: “soy empleada en una oficina sanitaria de Augsburgo, Alemania. Actualmente me encargo del teléfono atendiendo a los ciudadanos. Una vez me dediqué de una manera especial a una señora que llamó por teléfono. Insistí para encontrar una respuesta para ella, hasta que al final conseguí darle una información importante. Por la tarde me llegó un correo electrónico: “Querida doctora, mi marido y yo queremos agradecerle una vez más, de todo corazón, por su compromiso extraordinario. Si todos actuaran tan bien y estuvieran disponibles como Usted en este período tan difícil, habría menos problemas”.

Desde Buenos Aires, Argentina, Carlos cuenta que “Desde julio de 2019 la comunidad judía Bet El, tras la muerte de un sin techo a causa del frío, empezó una campaña de ayuda a los pobres, cuyo título es ‘no tengas frío frente al frío’.  Nuestros amigos cristianos, en particular nuestros hermanos focolares vinieron a ayudarnos para poder compartir alimentos con los que viven en la calle. Lo nuestro no es diálogo, es vida compartida.  A raíz del Coronavirus ya no podíamos salir a la calle. ¿Qué podíamos hacer?  Así nació el proyecto ‘Un plato más para las cuarentenas hambrientas’. Una vez más, juntos judíos y cristianos,  la Bet El Community y los Focolares se embarcaron en la sagrada tarea de amar a nuestro prójimo y no descuidarlo” concluye Carlos.

En Montevideo, Uruguay, una directora de escuela cuenta: “A través de una co-participación con el Estado ayudamos a niños de 48 familias para darles el almuerzo.  Con la suspensión de las clases por el  Covid, surgió el problema de la alimentación para esos niños. Empecé a rezar y tener más confianza en Dios. Así, gracias a una fundación y a algunos amigos del Inda (Instituto Nacional para la Alimentación) llegaron recursos para repartir canastas de comida para un mes por lo menos”.

Lorenzo Russo

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