Estados Unidos: la pandemia nos pone en lo esencial


Un sacerdote recorre muchos kilómetros todos los días, desde hace meses, en bicicleta o con una camioneta para estar cerca de su comunidad. Una experiencia, vivida junto a un equipo de parroquianos, que ha unido y ampliado horizontes, con efectos también en la pos-pandemia.

Si los periodos de encierro y las normas de distanciamiento social nos obligan a no acudir a lugares de como la parroquia, ¿por qué no puede ser el párroco quien haga de puente y vínculo entre todos? Esto es lo que está haciendo el padre Clint Ressler, un sacerdote católico de los Estados Unidos, que todos los días desde el inicio de la pandemia, recorre a lo largo y ancho el territorio de su parroquia de Santa María de la Medalla Milagrosa en la ciudad de Texas, para visitar a sus feligreses.

Padre Clint, ¿cómo ha cambiado la vida en su parroquia durante esta pandemia?
Es cierto que la pandemia está cambiando drásticamente la forma en que mantenemos las relaciones y las acrecentamos. Siento mucho más fuerte en mí la conciencia de que Dios nos llama a la corresponsabilidad. Como pastor, me siento aliviado y rodeado de un gran equipo, fuerte y muy motivado. Quizás, también debido al hecho de que estamos más enfocados en lo esencial de nuestra misión, experimentamos alegría y gratitud al ver los frutos de nuestro esfuerzo.

Antes de la pandemia, mis días estaban llenos de contacto con tanta gente. Puede ser que en ocasiones haya estado demasiado ocupado con proyectos o reuniones o con estar presente y atento a cada persona. Ahora, también porque en todos hay necesidad de comunión, de relaciones auténticas, me encuentro más en mi “ser” que en mi “hacer”.

La relación entre los grupos parroquiales y otros que ofrecen un servicio parroquial es más personal, con contactos a través del teléfono, las redes sociales e incluso con visitas breves. Me parece que este gran deseo de vivir la comunión, que Dios ha puesto en nuestro corazón, encuentra su camino para superar las dificultades.

¿Qué hizo para seguir estando cerca de sus parroquianos?
Quizás también porque hay menos reuniones y una mayor atención a la misión esencial, no me siento tan ocupado como antes de la pandemia. Luego, está la voz de Dios dentro que sugiere ir más despacio, confiar en Él y tener paciencia. Al comienzo de la pandemia, trataba de visitar a muchos parroquianos, en bicicleta o con una camioneta. En los primeros meses, visité a doce familias al día. Ahora voy a un ritmo más lento; hago menos visitas, pero trato de pasar más tiempo con las personas.

¿Puede contarnos el momento más bonito y más difícil de estas visitas?
No es fácil elegir un solo episodio. Una vez llegué a la casa de una familia que había perdido su casa unos días antes a causa de un incendio. Los niños se quedaron no solo sin techo, sino también sin juguetes. Un vecino le ofreció hospitalidad de inmediato y llevó a esta familia a su casa. Fue la visita más triste, pero la más edificante.

Me llamó la atención cómo esta experiencia cambió repentinamente el llamado del Papa Francisco a ser “discípulos misioneros” de palabras hermosas a algo que podría y debería ser vivido desesperadamente.

En su opinión, ¿qué traerá esta experiencia de positivo en la vida de su comunidad parroquial incluso después del final de la pandemia?
La pandemia ha ayudado a muchas personas a familiarizarse con la “fe online”. Los parroquianos  se han vuelto más expertos en el uso de los medios tecnológicos n general, pero también en lo que concierne a su fe.

Personalmente, me edifica cómo nuestros feligreses se cuidan unos a otros. Creo que después de la pandemia veremos los frutos de esta cercanía y estas expresiones concretas de reciprocidad.

Con la pandemia, el sentido de solidaridad se ha vuelto aún mayor; nos sentimos llamados a vivir la solidaridad no solo con los cercanos, sino también en las necesidades y desafíos del mundo entero. Sentimos que “estamos todos juntos” en esta situación. Y espero que esto permanezca en nuestros corazones y en todo lo que hacemos, incluso después de la pandemia.

Ud. conoce y vives la espiritualidad de los Focolares, ¿qué influencia tiene en tu vida como sacerdote y párroco, en general y especialmente en este período de pandemia?
La responsabilidad de una parroquia puede ser pesada y compleja y requiere discernimiento y decisiones difíciles. Sin embargo, si trato de concentrarme en el amor concreto, no parece tan abrumador. Evidentemente, todo comienza con la unión con Dios. Como sacerdote y sobre todo como pastor, se me encomendó una tarea que implica influencia y autoridad. A veces, siendo el líder, puedo caer en un “enfoque empresarial” que valora la eficiencia, evita riesgos y evalúa resultados. La espiritualidad de los Focolares, el testimonio de Jesús, me llama al servicio, a la humildad y a la fidelidad en la paciencia. Comprendí que para nosotros el punto de partida fundamental para descubrir la voluntad de Dios es vivir con Jesús en medio. En otras palabras, debemos ser “Iglesia”, el cuerpo místico de Cristo. Mientras que por la gracia de Dios vivimos y crecemos en estas relaciones recíprocas, podemos escuchar la voz “sutil” del Espíritu Santo. Creo que estos años de vida con el Movimiento de los Focolares han arraigado en mí el deseo de llevar este tipo de discernimiento a la parroquia, con el personal parroquial, con el consejo pastoral, y con cada grupo y comisión.

Anna Lisa Innocenti

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