Actuar en el mundo


Emmanuel y Annick del Movimiento de los Focolares dedican su tiempo libre a la Cruz Roja francesa.  Desde los comienzos de la crisis sanitaria causada por el coronavirus, en todo el territorio francés se emprendieron acciones de apoyo a personas en dificultad. Esta pareja ayudó en dos de ellas.

La primera actividad consistía en organizar la entrega de medicamentos o víveres a personas que no podían hacer las compras solas.  Emmanuel, que es ingeniero y trabaja en la Universidad de Estrasburgo, transcurrió el período de su voluntariado trabajando casi full time para coordinar la acción para toda la provincia de Bas-Rhin (alrededor de la ciudad de Estrasburgo). “Organizar los equipos y facilitar el flujo de informaciones –nos dice– fue un gran trabajo logístico.  A pesar de que a veces no conseguía salir de casa durante tres días, no me sentía solo.  Por el contrario puedo decir que tengo la frustración de haber trabajado duro sin haber podido ver casi nunca a los beneficiarios de mi trabajo».

En ese período, los pedidos estallaron, sobre todo de alimentos. De hecho, muchas asociaciones de asistencia social tuvieron que cerrar, porque la mayoría de los voluntarios estaban obligados a quedarse en casa por la edad.

La otra actividad fue lanzada del 29 de abril al 31 de julio de 2020 por el Parlamento Europeo en Estrasburgo, con la decisión de volver a abrir sus cocinas para preparar 500 comidas por día. La Prefectura era resonsable de la búsqueda de los beneficiarios de la comida a nivel local y la Cruz Roja francesa de la entrega.  Annick, que siguió su trabajo de enfermera y su actividad de voluntariado, dice: «Veíamos a las personas felices de recibir algo. Aunque algunos quedaron sorprendidos e incrédulos –pensando en controles escondidos– esperaban ansiosamente esa comida”.

«Las instituciones invirtieron enormemente en el corazón de la crisis», observa Emmanuel.

¿Qué significa este compromiso para Emmanuel y Annick? “Me alimento de la espiritualidad de los Focolares, pero la expresión de nuestra vida es en la sociedad, es dar (y dar de nosotros mismos) concretamente en el mundo», responde Annick.

Emmanuel añade:  «Es importante no quedarse en nuestro rincón, con personas de los Focolares, sino actuar en el mundo.  Además, los siete principios de la Cruz Roja que son la humanidad, la unidad, la universalidad, la neutralidad, la independencia, la imparcialidad y el servicio voluntario, están muy en armonía con el “arte de amar” y la “Regla de oro”.

«En el contexto tenso de la crisis, la calidad de las relaciones humanas entre voluntarios y beneficiarios en el campo y en la organización fue importante.  Por ejemplo, fui mediador entre los voluntarios cuando surgieron tensiones.  El carisma de la unidad de los Focolares fue de gran ayuda para mí, para comprender las situaciones, perder mi idea, vivir el momento presente”, comparte Emmanuel.

«Este período hizo surgir lo bueno o lo malo que hay en nosotros”, observa Annick. Su esposo está feliz de constatar que ha generado nuevas ideas para la acción, particularmente con relación a la divergencia digital o a la pobreza relacional. «La gran lección de la pandemia para muchos es la conciencia de que no podemos vivir el uno sin el otro –dice. La interdependencia fue la gran batalla de Chiara Lubich al final de su vida … Mi optimismo me lleva a creer que muchas personas quedarán involucradas en las asociaciones y desarrollarán su sentido del voluntariado”.

Émilie Tévané

Fuente: Nouvelle Cité, N°604, julio-agosto 2020, p. 41.

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