Cuando amamos nuestros esfuerzos por amor a Jesús crucificado en el momento presente e inmediatamente después vivimos lo que Dios quiere de nosotros en el momento siguiente, se puede experimentar la plenitud de la vida del Resucitado en nosotros.

[…] la experiencia del Resucitado, con la irradiación de los dones de su Espíritu  ̶  luz, paz, amor, consuelo, ardor, vida, etc.  ̶  no solamente es posible donde se realiza la unidad de dos o más personas unidas en el nombre de Jesús, sino que es una experiencia que también puede hacer cualquier persona incluso estando sola. ¿De qué modo? ¿A qué precio? Abrazando a Jesús Abandonado en el momento presente.

Profundizando, a la luz de esta extraordinaria experiencia, en la Sagrada Escritura y en las enseñanzas de la Iglesia, nos hemos dado cuenta de que esta corresponde a la verdad.

Pero, ¿cuál es el Jesús Abandonado  ̶  como nosotros decimos  ̶   que hay que abrazar en el momento presente?

El que exige la vida cristiana, la cual nos pide para seguir a Jesús, la renuncia a nosotros mismos y tomar la propia cruz.

Es necesario, pues, decir sí y abrazar con ímpetu cada dolor que se nos presenta  ̶  la propia cruz  ̶  ,

pero también el esfuerzo que cuesta renunciar a nosotros mismos, la lucha contra el propio egoísmo, los deseos de la carne, como se suele decir (excesos al comer, impurezas, disputas, celos, etc.), para dejar que triunfe el amor en el corazón.

Pues bien, cuando estos esfuerzos son amados por amor a Jesús crucificado, en el momento presente, e inmediatamente después se vive lo que Dios quiere de nosotros en el momento siguiente, se puede experimentar la plenitud de la vida del Resucitado en nosotros, incluso estando solos. En el corazón de cada uno de nosotros se abre camino su luz, nos invade su paz, se enciende el amor junto con el consuelo, la serenidad, el paraíso. Todo cambia, en definitiva: nuestra alma estrena vestido. […]

Esto es lo que queremos hacer en estos […] días: amar a Jesús Abandonado siempre, enseguida, con alegría; no solo en los dolores cotidianos, sino también en el esfuerzo para vencer nuestro yo.

Cuando nuestro Foco*, poco tiempo después de haber abrazado nuestro Ideal, escribía en una poesía: «Me he dispuesto a morir y lo que suceda ya no me importa, me he dispuesto a gozar en el corazón desolado de Jesús», en estos versos quería decir precisamente esto: morir a sí mismo para gozar con Jesús, morir con Él, Abandonado, para vivir con Él, Resucitado.

Por tanto, recordemos también nosotros este verso: «Me he dispuesto a morir», y aceptemos la muerte de nuestro yo, diez, cien veces al día, para donar a quien encontremos la alegría de encontrarse con el Resucitado.

Chiara Lubich

 

(En una conferencia telefónicaRocca di Papa, 3 de noviembre de 1983)

Cf.  Chiara Lubich, La Vida un Viaje, Ciudad Nueva Madrid, 2ª Ed.1994, pp. 137-139.

* Nombre confidencial dado por Chiara Lubich a Igino Giordani

 

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