No tibios, sino ardientes


 Nuestro amor tiene necesidad de ser continuamente reavivado con actos de amor cada vez más perfectos, más profundos. Chiara Lubich compara el amor al prójimo con un fuego alimentado con la leña, para demostrarle a Dios y al prójimo nuestro empeño.

Volver […] a centrarnos con mayor convicción en nuestro Ideal, ya que se puede ver que todo está allí, en el amor recíproco; consolidar nuestra unidad, impulsarnos a llevarla lo más lejos posible.

[…] Porque el fuego —y de fuego se trata— no se mantiene si no está alimentado continuamente con

leña, con paja, etc. Así, nuestro amor tiene necesidad de ser continuamente reavivado con actos de amor cada vez más perfectos, cada vez más profundos.

Y tienen necesidad de proceder así, no solo los que están al principio de la vida espiritual o han llegado a la mitad. También quien ha tratado de practicar durante largos años la caridad, puede caer en una cierta «rutina» de la caridad, que así pierde el brillo y el calor de la llama, y lentamente va retirándose y escondiéndose cada vez más bajo las cenizas.

Sucede así, por ejemplo, cuando en nuestra vida de cada día ya no nos resulta espontáneo declararnos entre los hermanos la unidad. O bien, cuando comprobamos que nuestra caridad no produce ya efecto, se reduce cada vez más su irradiación, somos poco útiles para el Reino y los frutos disminuyen: nos volvemos tibios.

Por esto, es necesario acordarse de reavivar continuamente el fuego, de volver una y otra vez a hacer que esté vivo en nosotros el amor.

Sí, porque a Dios no le gustan en absoluto los tibios. Dice la Escritura: «No eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca» *.

Esto es terrible. Esto nos indica la urgencia de volver siempre a ser calientes, a una caridad verdaderamente ferviente.

[…] Adelante, pues, examinémonos con frecuencia: ¿Hemos echado leña al fuego? ¿Es tibio nuestro amor o es ardiente? ¿Hemos aprovechado todas las ocasiones para demostrar a Dios y al prójimo nuestro ardor?

Si es así, Dios llevará adelante Su-nuestro proyecto. […] también debido a nuestro esfuerzo.

 

Chiara Lubich

(En una conferencia telefónica, Rocca di Papa, 28 de febrero de 1991)
Cf. Chiara Lubich, Santificarse juntos,
Ciudad Nueva, Madrid 1994, pp. 74-77
* Ap 3, 15-16.

 

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