Membri dei Focolari che hanno partecipato in presenza: Juan Esteban Belderrain (Argentina), Susana Nuin (Colombia) e Suor María Inés Ribeiro. Altri membri dei Focolari hanno partecipato dal proprio Paese in modo virtuale.


La realización de la Asamblea Eclesial de la Iglesia en América Latina es una experiencia inédita, un caminar junto a todo el Pueblo de Dios en un proceso que tuvo su ápice a finales de noviembre pasado, pero que ahora prosigue para actuar las orientaciones prioritarias que emergieron.

“Hemos vivido  una verdadera experiencia de sinodalidad, en la escucha recíproca y en el discernimiento comunitario de lo que el Espíritu quiere decir a su Iglesia. Hemos caminado juntos reconociendo nuestra poliédrica diversidad, pero sobre todo aquello que nos une y, en el diálogo, nuestro corazón de discípulos ha mirado la realidad que vive el continente, en sus dolores y esperanzas”.

Así se expresaron los 885 miembros de la Asamblea Eclesial Latinoamericana y del Caribe, que tuvo  lugar del 21 al 28 de noviembre en formato virtual y presencial en México, con representantes de todos los países del continente americano.

“El Papa Francisco -dijo Susana Nuin, focolarina uruguaya, coordinadora del Cebitepal, el organismo de la Consejo Episcopal Latinoamericana y del Caribe (CELAM) que se dedica a la formación- el 24 de enero de 2021 inauguró el proceso de esta primera asamblea eclesial, con la indicación de hacer partícipe a todo el Santo pueblo de Dios, es decir a cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos y laicas, involucrando todas las generaciones y todas las culturas”.

Ha sido un camino en el que participaron en un tiempo de “escucha” todas las diócesis, las parroquias, las comunidades y los Movimientos. Llegaron 70.000 respuestas colectivas o individuales que conformaron un libro. A partir de este material surgieron las grandes líneas sobre las que se trabajó en distintos grupos.

“Según mi parecer -continua Nuin- el de los grupos fue un espacio muy interesante, por el compromiso y el interés de los participantes. Se trabajaron 3 horas seguidas, con mucha libertad de expresión, con deseo de cambio”.

“Para mí fue una experiencia de auténtica sinodalidad -interviene Sandra Ferreira Ribeiro, focolarina brasileña, corresponsable del Centro “Uno”, la Secretaría para el diálogo entre cristianos de distintas Iglesias de los Focolares-. Todos los días, en los trabajos de grupo había una pregunta distinta a la que había que responder con base en la temática afrontada en la primera parte de la jornada. En nuestro grupo éramos 14 personas de distintos países, vocaciones y edades, todos conectados a través del zoom. En un primer momento se escuchaba el pensamiento de cada uno, después se trataba de priorizar lo que había emergido, haciendo una síntesis”.

Un trabajo intenso y fecundo, intercalado con pausas breves, que incluso a veces se omitían para proseguir el diálogo y así hacer llegar siempre al equipo coordinador alguna reflexión personal. Los medios telemáticos permitieron una mayor participación a pesar de que representaron un límite para el conocimiento recíproco espontáneo, ese que surge en “los pasillos”, en los intervalos y que, también, forma parte de la sinodalidad. Los momentos de oración, muy bien preparados especialmente por los religiosos y las religiosas, expresaron los distintos aportes culturales con símbolos y expresiones musicales basadas en la Palabra.

Como en todo camino sinodal también hubo espacio para disentir, para el intercambio de puntos de vista que a veces eran divergentes, pero que en ningún momento llevaron a choques o rupturas.

Fue a propósito el no querer realizar un documento final, porque todavía hay muchas cosas que poner en práctica del documento de Aparecida (2007). Además esta Asamblea es solo un paso en el camino emprendido que debe continuar y continuará. Lo que se decidió fue lanzar un mensaje a todo el Pueblo de Dios de América Latina y el Caribe, que contenía los desafíos y las orientaciones pastorales prioritarias, que van desde un nuevo impulso como Iglesia en salida al protagonismo de los jóvenes y de las mujeres; desde la promoción de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, a la formación a la sinodalidad. Los desafíos incluyen la escucha y el acompañamiento a los pobres, excluidos y descartados, con el fin de redescubrir el valor de los pueblos originarios, la inculturación y la interculturalidad; la prioridad es poner en práctica los sueños de “Querida Amazonia”[1] para la defensa de la vida, la tierra y las culturas originarias y afrodescendientes. Y no por último, prestar mucha atención a las víctimas de los abusos ocurridos en el contexto eclesial y trabajar para la prevención.

Entre los invitados, estaba presente el Cardenal Marc Ouelet, prefecto de la Congregación para los Obispos y Presidente de la Comisión Pontificia para América Latina, el Cardenal Mario Grech, Secretario General del Sínodo de los Obispos, y representantes de las conferencias episcopales regionales, quienes siguieron con mucho interés todo el trabajo.

“Ha sido un momento privilegiado el poder encontrar la Iglesia de América Latina -concluye Sandra-. En mi grupo había obispos, sacerdotes, religiosos y laicos. Encontré esa Iglesia precisamente en sus miembros, en las personas que expresaban sus propios anhelos y preocupaciones. Ha sido emocionante ver una Iglesia latinoamericana viva, dinámica y su deseo de llevar la fraternidad, el Reino de Dios; su deseo de llevar realmente Jesús a todos”.

Carlos Mana

Para descargar el mensaje final:
 https://www.cec.org.co/sites/default/files/MENSAJE%20FINAL-Asamblea-Eclesial.pdf

[1]“Querida Amazonia” e una esortazione apostolica postsinodale del 2020 di Papa Francesco in risposta al Sinodo dei Vescovi della regione Panamazónica tenutosi a Roma nel ottobre del 2019.

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