Tras haberse realizado la primera jornada en la Facultad Teológica de Italia Central, ha concluido en Florencia, en el espléndido marco exterior del Palazzo Vecchio, el congreso “El Concilio Vaticano II y el carisma de la unidad de Chiara Lubich».  Un evento que ha tratado temas como la sinodalidad y el compromiso por la paz y el diálogo entre los hombres y pueblos, y que se inserta en un debate de extraordinaria  actualidad.

La gran temporada de los nuevos movimientos eclesiales, que vio su apogeo bajo el pontificado de Juan Pablo II, ciertamente tuvo su origen en el período preconciliar.  Luego, encontró en la asamblea vaticana, en particular en la valorización del laicado católico y en la redefinición de la presencia de la Iglesia en el mundo (Lumen Gentium) –además de hallarlo también en la centralidad de la Palabra compartida en comunión (Dei Verbum)– su  razón de ser.  El período post-conciliar después permitió la explosión numérica y cualitativa de tales movimientos. Fueron valorizados en su nacimiento y desarrollados por Paulo VI y luego impulsados y sostenidos con su magisterio por el papa polaco.  Una aventura de unidad y distinción, en particular en la Iglesia de la segunda mitad del siglo  XX, que vivió su expresión más madura en el carisma de  Chiara Lubich, que es un carisma al servicio de la unidad de la Iglesia y de la humanidad.

Como testimonio de lo adecuado del carisma al servicio de la unidad, en la compleja y por momentos convulsionada actualidad, el congreso se ubicó en el gran movimiento de solidaridad con las víctimas de la guerra en Ucrania y con todos los hombres y todas las mujeres de paz en Ucrania y Rusia, en Europa y en Asia y en todas partes. Lo recordó el asesor Alessandro Martini, en un día en el que la ciudad de Florencia hospedó una manifestación de nivel internacional.

El Movimiento de los Focolares aparece como el primero y el más difundido de los movimientos eclesiales de la temporada conciliar.  Por ese  motivo, con ocasión del Centenario del nacimiento de su fundadora  –luego postergado dos veces por la pandemia– el Instituto Universitario Sophia y  el Centro Chiara Lubich organizaron un congreso internacional cuyo título explicativo fue:  “El  Concilio Vaticano II y el carisma de la unidad de Chiara Lubich: Dei Verbum y Lumen Gentium”.  Sede: Florencia. Fecha: 11 de marzo de 2022 en la Facultad Teológica de Italia Central y el 12 de marzo en el Palazzo Vecchio, en el salón de los “Cinquecento”.

El congreso tuvo el patrocinio del Ayuntamiento de Florencia, y participaron la Asociación Teológica Italiana, la Facultad Teológica de Italia Central, el Instituto Paulo VI, el Centro Internacional de  Estudiantes Giorgio La Pira,  la revista Città Nuova,  la Escula Abbá y obviamente el Movimiento de los Focolares.  Integraban el comité científico  Alessandro Clemenzia (FTIC), Piero Coda (IUS), y, por el Centro Chiara Lubich, Florence Gillet, João Manoel Motta y Alba Sgariglia.

Cuando concluía la Asamblea Vaticana en noviembre de 1965,  Chiara Lubich sintetizaba en una plegaria significativa una nota evidente del Concilio, y que lo resumía tal vez.  Es decir, la Iglesia que nace de la presencia de Jesús entre los suyos. La oración así se expresaba: “¡Oh, Espíritu Santo!, a través de lo que ya has sugerido en el Concilio, haz que lleguemos a ser una Iglesia viva. Es ése  nuestro único deseo y todo lo demás está en función de ese anhelo”.  Con este espíritu el congreso se fijó el objetivo de iniciar un estudio  profundizado destinado a cerciorarse, por un lado, de si el mensaje del Concilio encontró en la experiencia suscitada por el carisma al servicio de la unidad un fecundo lugar de interpretación y desarrollo, y cómo lo hizo. Por el otro lado, si el florecimiento de vida eclesial promovido por el carisma fue posible y propiciado por el horizonte abierto por el Vaticano II y en qué manera.

En esta primera etapa, la atención se concentró en la Dei Verbum y en la Lumen Gentium, para desentrañar los perfiles de convergencia y los aportes de la doctrina conciliar y de la inspiración del carisma de la unidad en torno al nexo crucial por el que la Iglesia nace y crece como encarnación histórica, en el soplo del Espíritu y en la Palabra que “se hizo carne” (Juan 1,14).

El programa del congreso fue particularmente denso, como a menudo sucede cuando es el resultado de un serio trabajo de ideación y preparación. Un río de palabras que, poco a poco, adquirió un sentido acabado por el aporte plural de los estudiosos. En la primera jornada se destacaron las intervenciones de  Piero Coda, ex-rector del Instituto Universitario Sophia (“Una coincidencia cronológica y kairológica: un concilio y un carisma. Por un discernimiento teológico de la correlación entre Vaticano II y carisma de la unidad”), de Paolo Siniscalco de la Universidad  La Sapienza de Roma (“Chiara Lubich en la época del Vaticano II”) y del teólogo de Trieste  Severino Dianich (“El evento del Concilio Vaticano II: sacramento… de la unidad de todo el género humano”). El profesor Coda puso en luz cómo el carisma al servicio de la unidad ha dado un aporte muy decisivo para la historia de la Iglesia en la vida de la comunión basada en el Cristo crucificado, abandonado y resucitado.  Siniscalco, por su parte, trazó con inteligencia y precisión histórica los varios pasajes de la aventura existencial de Chiara Lubich antes, durante y después del Concilio Vaticano II. Mientras que  Dianich dio, con sus bien conocidas claridad y franqueza, una interpretación del Vaticano II como clave para una reinterpretación más laica y más comunitaria del Evangelio.

El sábado 12 el congreso se trasladó a un ambiente civil, tras la primera sesión que se había llevado a cabo en un ambiente eclesial. Ello remarcaba la doble valencia operativa del carisma al servicio de la unidad.  En la prestigiosa sede del  Palazzo Vecchio, en la de la Sala “dei Cinquecento” –que viera desarrollarse, desde el año 1964, varios congresos de los Focolares, y donde la misma Chiara Lubich en el año  2000 recibiera la ciudadanía honoraria de Florencia– abrió los trabajos la actual Presidente de los Focolares,  Margaret Karram. Ella destacó la importancia de la sede de Florencia, recordando a  Giorgio La Pira, el alcalde santo, hombre de paz y de “Iglesia viva”.  En su memoria, ya en 1974, junto al Cardenal Benelli, Chiara Lubich había fundado el Centro Internacional de Estudiantes Giorgio La Pira, vinculando así inescindiblemente su nombre a la ciudad del Arno. Por lo tanto, Florencia como ciudad de paz, con vínculos privilegiados con ese Medio Oriente de donde proviene Margaret Karram, palestina de pasaporte israelí.  “Trabajamos para crear en todas partes relaciones de paz, el bien más precioso que la humanidad pueda tener”, dijo la presidente de los Focolares.  Luego, el mensaje del Cardenal Giuseppe Betori, ausente por motivos de salud, fue un eco de las palabras de Karram: “La experiencia del diálogo, a todos los niveles, que caracterizó la vida de Chiara Lubich, se fundaba en una intuición evangélica acerca de la relación entre interioridad y exterioridad, en donde la relación con el otro era una prolongación causal y consecuencial de la unión íntima con Dios”.

Prosiguiendo con el Congreso en el Palazzo Vecchio, hablando de la Dei Verbum, Vincenzo Di Pilato (FTP) con un tinte eminentemente teológico afrontó el tema: “El alfabeto para conocer a Cristo. La Palabra de Dios evento  permanente de salvación en la Dei Verbum”. Por su parte, Florence Gillet, del Centro Chiara Lubich, afrontó, en cambio, un tema en la frontera entre historia y eclesiología: “La Palabra de Dios en Chiara Lubich: presencia viva de  Cristo que genera la Iglesia”. Siguió una mesa redonda con Giovanna Porrino (IUS) sobre “La Palabra en la vida de la Iglesia”, Declan O’Byrne (IUS), “La Palabra y el Espíritu”, Angelo Maffeis (FTIS) sobre “La Palabra de Dios como principio de unidad” y con el teólogo evangélico Stefan Tobler (USBL) sobre “Una mística de la Palabra como camino al ecumenismo”.

Luego fue el momento de la tercera y última sesión del Congreso, dedicada a la Lumen Gentium, con una esperada conferencia de Monseñor Brendan Leahy (Obispo de Limerick, Irlanda) sobre “La Iglesia y el principio mariano”. La siguiente mesa redonda contó con los discursos de Alessandro Clemenzia (FTIC / IUS), “La Iglesia desde la Trinidad”, de Assunta Steccanella (FTT/TV), “El pueblo mesiánico”, de Erio Castellucci, Obispo de Módena y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Italiana,  “Colegialidad episcopal y sinodalidad de la Iglesia” y de Cristiana Dobner (carmelita descalza), “Los carismas en la misión de la Iglesia”. Para terminar, el tema  “Un ícono de la eclesiología del  Vaticano II” fue expuesto por la teóloga Yvonne Dohna Schlobitten de la Universidad Gregoriana.

La Sala “dei Cinquecento” que, aun cargada de símbolos guerreros que se destacan en las grandes pinturas colgadas a las paredes, oyó las palabras de paz de La Pira, de Bargellini, y de Chiara Lubich, fue anfitriona el 12 de marzo, de un evento que mostró que la Iglesia y la sociedad civil pueden dar testimonio de comunión y de diálogo, estimulando  la política a asumir como horizonte propio la paz y su construcción.

Michele Zanzucchi

 

2 Comments

  • Sulla scia di Giorgio La Pira, è tradizione che le amministrazioni locali promuovano la pace nel cuore degli uomini.

    • Interessantissima proposta per i tempi di oggi con tt.ma attenzione all’approfondimento dea Lumen Gentium …..scoperta ora che potenzialità e profondità
      Grazie anche per la schiettezza nell’uso e parole e termini cordialmente
      Luisa Busato

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.