En su Primera Carta, san Juan afirma: “Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1Jn 4,20). En este fragmento Chiara Lubich reflexiona sobre cómo el amor a cada prójimo que encontremos, hermano o hermana, sea un pasaje obligado para ir a Dios y sentir la unión con Él.

(…) hay un sistema típicamente nuestro que nos hace estar seguros de caminar por un camino recto que, sin duda, nos lleva a la meta, a Dios.

Éste tiene un paso obligado: se llama el hermano. Pongámonos de nuevo a amar a cada hermano que encontremos durante el día.

Encendamos en nuestro corazón ese deseo ardentísimo y digno de alabanza, que seguramente Dios quiere: el deseo de amar a cada prójimo, haciéndonos uno con él en todo, con amor desinteresado y sin límites.

(…) El amor reavivará las relaciones con las personas e impedirá que surjan los deseos egoístas; es más, será el mejor antídoto para ello.

(…) Así podremos preparar, como regalo para Jesús, nuestro fruto rico, jugoso, y nuestro corazón encendido, consumido por el amor.

El lema que nos hará recordar este propósito será: ¡Ir a Dios a través del hermano!

Chiara Lubich

(Chiara Lubich, La vida, un viaje, Ciudad Nueva, Madrid 1994, p. 78)

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