“Ama al prójimo como a ti mismo”. La medida del amor que debemos tener con cada hermano o hermana está contenida en ese “como”. Chiara Lubich en este fragmento de un discurso a jóvenes seminaristas nos impulsa a ocuparnos de los demás como de nosotros mismos.

Jesús, que vino del cielo a la tierra, tenía la experiencia del cielo, en cuanto Verbo de Dios, y trajo a la tierra esa experiencia, nos enseñó a vivir en la tierra como en el cielo. De hecho, Él habló del mandamiento nuevo ─ en el que se dice y se explica el amor mutuo, manda amarse mutuamente─, es un mandamiento “suyo”, típicamente suyo y “nuevo”. Y los primeros cristianos consideraban este mandamiento, esta enseñanza, como la síntesis de las enseñanzas de Jesús y lo practicaban de un modo realmente ejemplar.

(…) El mandamiento nuevo. Todos lo conocemos, pero ahora ¿cómo se interpreta? ¿Cómo se practica? ¿Qué significa y qué consecuencias tiene poner en práctica el amor recíproco? Lo podemos comprender bien si primero se comprende bien qué es el amor –amar– para el cristiano. Desde un principio, una de las cosas que el Espíritu Santo nos enseñó a través de este carisma, fue esta: comprender que la Palabra del Evangelio: «Ama al prójimo como a ti mismo» había que tomarla al pie de la letra. Que ese “como” significaba exactamente “como”. Por tanto, que sea yo, que seas tú, o el otro, o el otro, es igual: ama al prójimo como a ti mismo. Y nos dimos cuenta de que antes de descubrir esto, nuestro amor al prójimo era mucho menor que el amor a nosotros mismos. Éramos cristianos bautizados, comulgábamos quizá todos los días, pero ni por asomo pensábamos que había que amar al otro como a nosotros mismos y muchas veces nuestro amor se centraba solo en nosotros mismos. Por lo tanto, había que hacer una conversión y ocuparnos del otro como de nosotros mismos. Lo hicimos, tratamos de hacerlo con cada prójimo que encontrábamos y nació una revolución. Parece imposible, pero el Evangelio mantiene siempre su frescor, es cuestión de comprenderlo.

¿Por qué nació una revolución? Porque este modo de actuar, donde quiera que se esté, impacta a los demás, se preguntan ¿por qué?, ¿qué sucede?, ¿qué hay detrás de ello? Y te ofrecen la ocasión de explicar por qué tratas así a los demás, por qué actúas así, sirves así, ayudas así. Y muchos de los que te interrogan tienen también ganas de empezar, de intentarlo también ellos.  Y entonces sucede que, si eran personas indiferentes con los demás, como todos nosotros, incluso cristianos, esas personas comienzan a revitalizarse, a interesarse por los demás, a amarse, a componerse en comunidad, dando la idea de lo que es una Iglesia viva, y esto con una sola palabra vivida: «Ama al prójimo como a ti mismo»; porque dice san Pablo, «toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Gal 5,14).

Chiara Lubich

(Chiara Lubich, discurso a un grupo de seminaristas, Castel Gandolfo, 30 de diciembre de 1989)

 

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