Me llamo Tony, y mi esposa se llama Walaa. Vivimos en Belén, en la tierra en donde nació el Niño Jesús, y estamos casados desde hace dieciséis años. Dios nos ha dado tres hijos: John (14 años), Maria (11 años) y Andros (6 años).
Conocimos el Movimiento de los Focolares hace alrededor de diez años, cuando el focolar de Belén se encontraba al lado de nuestra casa. No imaginábamos en ese momento que esa cercanía se convertiría en un camino de vida. Desde cuando empezamos a participar de los encuentros del Movimiento y de las Mariápolis, y en los encuentros anuales de las comunidades para construir diálogo y fraternidad, muchas cosas han cambiado dentro de nosotros. El Evangelio ha pasado a ser el compañero cotidiano de nuestra vida, y el espíritu de unidad ha entrado a nuestra relación de pareja, al mundo en el que educamos a nuestros hijos y a nuestra forma de ver el mundo.
Pero la vida en Tierra Santa no es fácil. Vivimos en un lugar en el que se construyen más muros que puentes, y en donde se siembran más miedos que serenidad. Somos parte de esa realidad y ello pesa sobre nosotros todos los días.
La familia Ballout
Yo trabajo en la Municipalidad de Belén, mientras que Walaa es maestra en una escuela en al‑Eizariya (Betania). Para llegar hasta la escuela tiene que atravesar un puesto de control (checkpoint) militar y muy a menudo, además de tener que esperar mucho tiempo antes de que la dejen pasar, a raíz de los cierres existe el riesgo de que se quede afuera hasta muy tarde a la noche. Son muchas las experiencias dolorosas que se viven y cuando la dignidad de uno de los progenitores se ve afectada, los hijos también lo perciben y se experimenta una gran sensación de impotencia para proteger a la familia.
El muro se ha vuelto parte del paisaje cotidiano y a todo ello se añade la crisis económica que Belén está atravesando; o sea la desocupación es alta, los sueldos irregulares, y a menudo recibimos solo una parte del sueldo, mientras que las responsabilidades y los compromisos siguen siendo los mismos.
En el medio de todo esto, no hemos perdido la esperanza.
En el Evangelio hemos encontrado una respuesta a cada una de las preguntas de nuestros hijos, y en la familia de los Focolares un espacio auténtico de amor, unidad, comunión y vida evangélica. Hemos experimentado la presencia de Jesús Abandonado en medio de nosotros, y hemos descubierto que el Evangelio no es solo un libro para leer, sino que es una vida que se puede vivir en el día a día. Sabemos que la unidad es nuestra elección y que empieza con un gesto de amor para con el otro, incluso en las circunstancias más difíciles. Es este el legado que queremos dejarles a nuestros hijos.
Profundizando la espiritualidad de los Focolares, se nos propuso participar de la LFE 2026 (Loppiano Family Experience), la Escuela de Formación de verano para animadores del Movimiento Familias Nuevas, rama del Movimiento de los Focolares compuesta por familias que quieren vivir la espiritualidad de la unidad e irradiarla en el mundo, transmitiendo los valores que promueven la fraternidad universal.
Momentos de la «Loppiano Family Experience 2026»
Ante la propuesta, hemos considerado esa Escuela enseguida como una etapa importante en nuestro camino como familia y como pertenecientes al Movimiento de los Focolares en Tierra Santa. Pero el año pasado no pudimos participar porque los documentos de viaje no estaban listos; y agradecemos a Dios por haber podido participar este año.
Desde los primeros días nos hemos sentido dentro de una gran familia. Nos hemos encontrado con familias de países, culturas e idiomas distintos. La diversidad es una riqueza, y el amor tiene un idioma que todos comprenden.
Nuestros hijos han vivido experiencias que pueden parecer simples para muchos, pero que para ellos eran extraordinarias: caminar entre los árboles y las montañas sin miedo, sin ver armas, jugar libremente, hacer amistad con niños de diferentes países y vivir con ellos el amor. Todo eso para ellos ha sido un nuevo descubrimiento del significado de la infancia.
Nosotros, en cambio, hemos encontrado en el contacto con los demás y en las experiencias de las familias una verdadera escuela de vida. Hemos escuchado testimonios llenos de desafíos, pero también de esperanza, y hemos experimentado que la diversidad de culturas, costumbres y tradiciones no impide la unidad, sino que además la vuelve más bonita, realizando la oración de Jesús: “Que todos sean uno”.
Los temas afrontados en la Escuela han cambiado profundamente nuestra vida. Hemos entendido que las dificultades familiares no son el final del camino, sino una ocasión para crecer en el amor si se las vive con Jesús Abandonado. Lo hemos experimentado también en nuestra realidad en Tierra Santa, porque incluso el dolor puede ser un lugar en donde florece la esperanza cuando está Dios presente.
Volveremos a Belén más unidos entre nosotros, más convencidos de que la diversidad es una riqueza y que la unidad es una misión.
Esta experiencia nos ha llevado al corazón de nuestra vocación: ser una familia que vive el Evangelio y da testimonio del amor propio en donde ello parece imposible. Llevar la luz de la unidad a la tierra en donde nació Jesús.
De las ruinas de la guerra a la maravilla de la nieve: este es el viaje emprendido por un grupo de niños de Gaza, acogidos en el Véneto, Italia, gracias a la asociación Padova Abbraccia i Bambini y al Departamento de Protección Civil. Para muchos de ellos, marcados por profundas heridas en el cuerpo y en el alma, el día que pasaron en Val Saisera, en el noreste de Italia, representó un raro momento de serenidad.
La jornada, organizada por la Associazione Famiglie Nuove del Friuli Venezia Giulia, contó con la presencia de aproximadamente cuarenta personas, en su mayoría mujeres y niños. Un evento sencillo pero significativo: juegos en la nieve, risas, trineos y un ambiente de camaradería que permitió, al menos durante unas horas, que los recuerdos de la guerra se desvanecieran en el olvido. Aquel domingo de enero, la tan esperada nieve llegó como una señal de bienvenida, casi como si respondiera al deseo expresado por los niños de verla por primera vez.
Muchos de estos niños llegaron a Italia en 2025 gracias a un corredor humanitario activado para brindar atención médica urgente. Entre ellos hay jóvenes amputados, heridos por explosiones o que padecen afecciones imposibles de tratar en una zona de conflicto. Sus familias comparten historias dolorosas: duelos, separaciones forzadas y ausencias dolorosas. Sin embargo, junto al dolor, emerge una extraordinaria capacidad de resiliencia. Un ejemplo conmovedor es la escena de una niña de nueve años, sin piernas, riendo y divirtiéndose en un trineo, e incluso encontrando la fuerza para bailar con las otras niñas.
El punto de contacto para los distintos grupos implicados fue el imán Kamel Layachi, imán de las comunidades musulmanas del Véneto, quien impulsó la colaboración entre las comunidades musulmanas y católicas. Parroquias, asociaciones y voluntarios unieron fuerzas para ofrecer no solo ayuda, sino también oportunidades de integración. Los niños ya asisten a la escuela y sus madres están tomando cursos de italiano, previendo una posible estancia prolongada y, potencialmente, oportunidades laborales.
Al mismo tiempo, persisten necesidades urgentes de atención médica, especialmente en lo que respecta a prótesis no cubiertas por el sistema nacional de salud. Por ello, se han puesto en marcha campañas de recaudación de fondos con el objetivo de devolver la independencia y la dignidad a quienes han perdido una extremidad.
La jornada en la nieve concluyó en Tarvisio, Italia. Recibidos por un grupo de Familias Nuevas de la región, voluntarios de la asociación Friulclown, el párroco de Valbruna, el padre Giuseppe Marano, y con té y galletas ofrecidos por las tropas alpinas, el grupo fue al cálido salón parroquial para almorzar (ofrecido por la comunidad musulmana de la ciudad de Udine). La jornada finalizó con una comida compartida y un momento de oración. Un gesto sencillo pero potente, que unió diferentes culturas y religiones bajo el enseña de la fraternidad. Las palabras de las familias palestinas transmitieron el significado de la experiencia mejor que ninguna otra: gratitud, emoción, alivio. “Han permitido que la felicidad vuelva a tocar nuestros corazones”, escribió una madre.
Los voluntarios italianos también recibieron mucho: en los ojos de esos niños vieron dolor y alegría, fragilidad y fortaleza, y la certeza de que, incluso con pequeños gestos, es posible reconstruir fragmentos de humanidad. En un mundo marcado por el conflicto, aquel día en la nieve representó un pequeño, pero auténtico, espacio de paz.
De un relato de Familias Nuevas Friuli (Italia) Fotos: FN Friuli
Desde hace más de trece años, estamos comprometidos en un diálogo concreto con un grupo de familias musulmanas turcas que viven en nuestra ciudad, Liubliana (Eslovenia). Una experiencia que ha empezado de una forma del todo casual. Yo trabajaba como dentista y una de las primeras familias turcas que habían llegado a Eslovenia estaba entre mis pacientes. De ese primer encuentro nació una relación profunda, que con el tiempo involucró a otras familias de la misma comunidad. Tras el fallido golpe de estado en Turquía en 2016, de hecho, muchas personas fueron acusadas de pertenecer a un movimiento hostil y se vieron obligadas a huir, encontrando refugio en nuestro país. Desde ese momento, el número de familias con las que empezamos a interactuar creció rápidamente, llegando a ser alrededor de 50 personas en pocos meses. Enseguida entendimos que no se trataba de un simple intercambio cultural, sino que esa relación se transformó en un vínculo de verdadera ayuda recíproca. Les dimos una mano para aprender el idioma, para realizar trámites burocráticos, inscripciones en colegios, hasta incluso un apoyo en lo que son las necesidades de la vida cotidiana. En definitiva, una amistad que poco a poco dio vida a un diálogo profundo, incluso en valores y espiritualidad.
Con el tiempo, tuvimos la oportunidad de presentarles el Movimiento de los Focolares y el ideal del mundo unido. Todo eso hizo que compartiéramos muchos puntos en común entre el carisma focolarino y la espiritualidad de ellos.
Uno de los aspectos más significativos de este camino ha sido participar en las festividades religiosas los unos de los otros. Hemos participado en cenas de iftar durante el Ramadam, mientras que las familias musulmanas han mostrado interés por las festividades cristianas. Durante cuatro años consecutivos, hemos celebrado juntos la Navidad. Las familias musulmanas estaban sorprendidas en un primer momento por la profundidad espiritual de esa fiesta, porque solían tener una visión principalmente consumista, influenciada por los medios occidentales.
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De este deseo de profundizar ulteriormente el diálogo, nació el proyecto Pop the Bubbles en colaboración con la Asociación para el Diálogo intercultural y la Social Academy, en donde trabajo. El objetivo era superar prejuicios y barreras entre las comunidades, favoreciendo el encuentro entre familias turcas y eslovenas. El proyecto involucró a un grupo de familias durante todo un año, en el que hemos trabajado juntos para individualizar valores comunes entre las dos culturas. Al final de este recorrido, surgieron seis valores fundamentales: familia, ciudadanía activa, diálogo intercultural, democracia, libertad e inclusión. Para concluir el proyecto, hemos organizado dos campamentos de convivencia, uno de tres días y otro de cinco días, en donde participaron 73 personas. Además de los encuentros de intercambio cultural, el proyecto condujo a iniciativas concretas de solidaridad, como la ayuda a los refugiados ucranianos. Ello demostró que trabajar juntos por un objetivo común puede reforzar los vínculos entre comunidades diferentes. Además, en los últimos años, empecé a trabajar en una ONG (Social Academy) que se ocupa de jóvenes y las familias turcas me pidieron que los ayudara con sus hijos adolescentes, transmitiéndoles esos valores comunes que juntos habíamos descubierto. Este paso fue muy significativo, porque demostró la confianza que se había creado entre nuestras comunidades.
En el mismo período nació un proyecto innovador: la creación de una aplicación para favorecer el diálogo entre personas de opiniones opuestas – hardtopics.eu. La app funciona poniendo en contacto a dos personas que han respondido de forma divergente a un cuestionario sobre temas que pueden crear polarización. El sistema las relaciona y las invita a un diálogo en un ambiente preparado, con el objetivo de superar la polarización social y promover una cultura del diálogo. Esta aplicación será utilizada pronto en las escuelas secundarias y en las universidades de Liubliana. El entusiasmo demostrado por los jóvenes durante la fase de prueba confirmó el valor de esta iniciativa.
Creo que es fundamental crear redes de diálogo interreligioso a nivel europeo. El camino que hemos emprendido demuestra que con paciencia y dedicación se pueden construir relaciones auténticas basadas en la confianza, en el respeto y compartiendo valores comunes.
Gratitud y reconocimiento a Dios. Estas palabras resumen la multitud de mensajes que han llegado de todo el mundo por Paolo Rovea. El 3 de julio de 2025, en un accidente de montaña, Paolo puso fin a su vida terrenal. Casado con Barbara, tienen cinco hijos: Stefano, Federico, Francesco, Miriam y Marco.
En 1975 conoció el Ideal de la unidad del Movimiento de los Focolares. “Me cambió la vida radicalmente”, dijo. Ese año, asistió al Genfest en Roma, y regresó con el deseo de vivir al 100% con los gen, los jóvenes del Movimiento de los Focolares. Durante 14 años, se comprometió incansablemente, haciendo del Evangelio su estilo de vida.
Con Barbara, también una gen, comenzaron a planear formar una familia. Las parejas comprometidas y las familias jóvenes comenzaron a considerarlos cada vez más como puntos de referencia. Una de ellas escribió: “Con gran dolor por esta pérdida, estamos profundamente agradecidos por el amor, la estima, y la confianza que recibimos de Paolo. Agradecidos por los muchos años de acciones extraordinarias y alocadas que compartimos. Con Barbara, él forjó la historia de Familias Nuevas —la rama de los Focolares para el apoyo familiar— y la historia de muchas parejas, incluida la nuestra”.
Paolo también se va consolidando cada vez más en su profesión, con experiencia y sensibilidad. Se graduó en medicina por la Universidad de Turín (Italia), especializándose en oncología y radioterapia oncológica. En la misma universidad, impartió un máster plurianual. Trabajó como médico de hospital y posteriormente se convirtió en jefe del departamento de Oncología y Radioterapia Oncológica en Turín, hasta su jubilación en 2021. También obtuvo un máster y realizó cursos de perfeccionamiento de bioética.
En 1989, sintió la llamada de Dios al camino del focolar y le confesó a Danilo Zanzucchi, uno de los primeros focolarinos casados: “Estoy en un momento muy importante de mi vida: mi trabajo como médico debe convertirse en permanente; me casé hace cinco meses. (…) Doy gracias a Dios por todos los dones que me ha concedido: en primer lugar, por el ideal de unidad (…), por mi familia (…) la vida gen (…); por Barbara, mi esposa, con quien estoy viviendo unos meses maravillosos (…) Te aseguro que emprendo con un renovado deseo de santidad este camino único que es el focolar”.
Una vida arraigada en un crecimiento constante en su relación con Dios.
Muchos recuerdan cómo Pablo rara vez decía que no a una petición o necesidad; estaba presente para quien lo necesitara con un amor concreto. Su talento y profesionalismo estaban al servicio de quienes lo rodeaban: si había que cantar o tocar música, cantaba y tocaba; si había que escribir un texto, escribía; si había que dar un consejo médico, estaba dispuesto; si había que dar un consejo, lo daba con desapego, animando a los temerosos y animando a los inseguros. Su capacidad para acercarse a la vida de todos los que iba conociendo, hizo que, con el tiempo, muchos lo percibieran como un verdadero hermano, un miembro de la familia, un amigo fiel.
Doy gracias a Dios por todos los dones que me ha concedido: en primer lugar, por el ideal de unidad (…), por mi familia (…) la vida gen (…); por Barbara, mi esposa, con quien estoy viviendo unos meses maravillosos (…) Te aseguro que emprendo con un renovado deseo de santidad este camino único que es el focolar”.
El compromiso de Paolo y Barbara con el Movimiento de los Focolares va creciendo, especialmente dentro de Familias Nuevas (FN). Una de los ámbitos que les apasiona profundamente es la educación sobre la afectividad y la sexualidad. Gracias a ellos, en 2011, en sinergia con las diversas agencias de formación del Movimiento de los Focolares, nació un programa en este ámbito, Up2Me, basado en la visión antropológica característica de los Focolares.
Maria y Gianni Salerno, responsables de Familias Nuevas, dicen: “Aunque a Paolo y Barbara los conocemos desde cuando éramos jóvenes, hemos trabajado juntos a diario durante los últimos 10 años en la Secretaría Internacional de Familias Nuevas. La pasión, la generosidad, la creatividad y el compromiso incansable con el que Paolo lo llevaba a cabo todo, siempre atento a la relación con cada persona, siguen siendo un testimonio muy grande para nosotros y siempre han sido un incentivo para avanzar juntos, para esforzarnos cada vez más y mejor por servir a las familias de todo el mundo. A menudo, cuando hablábamos con él sobre cómo abordar los desafíos que enfrentan las familias hoy en día, para estar cada vez más cerca de todos, sugería ideas innovadoras, útiles para adaptarse a los nuevos tiempos y a las necesidades de la gente. Viajó mucho con Barbara y dejó una estela de luz en todo el mundo”.
“Muchas de las nuevas iniciativas de Familias Nuevas, continúan los Salerno, fueron sugeridas y coordinadas por él, junto con Barbara. Entre ellas se incluyen el programa Up2me, Formato Familia, un programa de diálogo y crecimiento con otras familias en la ciudadela internacional de los Focolares en Loppiano, y, por último, pero no menos importante, la Loppiano Family Experience, una escuela de tres semanas para animadores de Familias Nuevas de todo el mundo, también en Loppiano. Incluso en esta dolorosa pérdida, sabemos que podemos contar con su apoyo irremplazable, que ahora, desde el Cielo, será aún más fuerte…”.